TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Pepe Moral y Miura, brillante binomio"

Correo Imprimir PDF

El torero de Los Palacios se centra, siente y templa con dos distinguidos toros de estilos distintos.

Muy brillante su faena a un cuarto excelente.

Casi la Puerta del Príncipe. Notable espectáculo.

Sevilla, 22 abr. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 22 de abril de 2018. Sevilla. 14ª de abono. Última de la Feria de Abril. Tres cuartos largos de plaza. 9.000 almas. Primaveral, chubascos de última hora, aviso de tormenta. Dos horas y cuarenta minutos de función. Un minuto de silencio en memoria de José Rodríguez “El Pío”, figura de los novilleros en los años 50 y brillante banderillero después. Seis toros de Miura. El quinto bis, sobrero del mismo hierro. Mano a mano. Manuel Escribano, saludos en los tres. Pepe Moral, oreja, oreja con petición de la segunda y saludos. Buenos puyazos de Chicharito, Curro Sanlúcar y Vicente González. Lidia perfecta de José Chacón, que, además, prendió al sexto dos pares soberbios. Pérez Valcarcel, que completó a modo el tercio, saludó con él.

LOS DOS ÚLTIMOS toros de la corrida de Miura salieron ofensivos y agresivos, muy astifinos, armados hasta los dientes, las palas abiertas. El quinto bis, sobrero, de espectacular cuajo y descompuestas embestidas, fue fiel a la leyenda de la casa, sacó de partida fiero aire y llegó a apoyar la sotabarba en la tabla cimera del burladero donde pretendieron sujetarlo y burlarle.

 

El sexto, largo y zancudo, las astas blancas con pulseras o rodelas ngras, sacó de la leyenda no pocos detalles: casi se monta encima del caballo que lo picaba al sentir la herida de un gran puyazo de Curro Sanlúcar y, aunque en banderillas galopó, aprendió enseguida y por la mano derecha se acostó, cortaba y cazaba moscas. Fue, sin excesos, el hueso de una corrida variada de fondo, formas y estilo, guerrera y con plaza, de particular movilidad y que hasta la aparición del sexto había tenido por nota común la nobleza.

La nobleza de los miuras, que no implica nunca sumisión. En punto a nobleza, el cuarto de corrida, el de menos nota en el caballo, sacó un son extraordinario, Toro repetidor, de embestidas humilladas y seguras, de fijeza sobresaliente. La fortuna del toro, por lo demás, fue dar con un torero tan templado como Pepe Moral. Tan templado, tan sereno, docto, firme y suave, tan capaz y tan centrado.

Brillante toda la tarde con el capote: a la verónica de brazos en los tres toros de lote sin pruebas previas a la primera estirada compuesta, incluso en el recibo de fijar al sexto, pedregoso e incierto de salida, y en todos los lances de lidia también. Pero todavía más brillante al torear de muleta a los dos toros de mejor aire de la corrida. No solo el cuarto; también un segundo que, la cara a media altura, sin llegar a descolgar ni terminar de darse, embistió por derecho y fue pronto para tomar engaño. La prontitud fue pareja a la nobleza en los dos casos. Más meritoria, por difícil, la faena del torero de Los Palacios con el segundo, el de la cara altita y un punto distraído.

Y redonda, de verdad lograda, inspiradísima, la del cuarto, con el que Pepe Moral se compuso con sencilla naturalidad, y reposo y encaje muy relevantes desde el principio al final de una faena de toreo clásico, a suerte cargada siempre, los brazos sueltos, las tandas ligadas, el toreo por abajo y bien rematado, con golpes de sorpresa y repertorio variado. El molinete muy envuelto, la trincherilla, el recorte a pies juntos, los de pecho obligados. El cuerno de la abundancia. Si no llega a entrar ladeada y sin muerte una estocada precipitada, el premio habría sido gordo: no solo una sino las dos orejas que la abrían la Puerta del Príncipe. Por si no bastaba con eso, el ten con ten con el sexto, y su buena cabeza para librarlo en línea o hacia fuera en naturales sueltos, tuvo la marca del saber torear, que es mucho.

Escribano, a porta gayola hasta tres veces -y el quinto toro se lesionó en el recibo por abuso de capotazos de defensa-, banderillero florido y valiente en tres tercios completos que pecaron por demorar y pausas innecesarias, y empalagoso ceremonial, se vio desarmado dos o tres veces por un primero que, sin ser pérfido, se enteró en cuanto se vio desgobernado y protestó; atacó por fuera y solo a la voz al tercero, que se acabó parando; y pese a su afán con el sobrero -apertura de largo con la idea de engancharlo por abajo- una faena descompuesta por la violencia del toro.

A los dos primeros toros de lote los toreó a la verónica de salida con caro compás y a los dos los mató de estocadas de notable ejecución, pero algo ladeadas. No era un mano a mano de duelo, pero a Escribano le pesó la competencia inevitable. Hubo en los toros -la clásica corrida de Miura del cierre- bastante más público que en los últimos años. El espectáculo, distinto a todos los vistos en los últimos diez días, valió la pena.


 

Última actualización en Lunes, 23 de Abril de 2018 10:09