TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Dos fuenteymbros sobresalientes"

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Primero y sexto de una corrida de impecable presentación, variada condición y marcada por el nivel de esos dos toros. Afanes sin cuento de Padilla y El Fandi. Ambiente festivo

Sevilla, 21 abr. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 21 de abril de 2018. Sevilla. 13ª de abono y penúltima de la Feria de Abril. Tres cuartos largos de plaza. 8.000 almas. Nubes y claros, chubascos, fresco. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Padilla, vuelta y silencio. El Cid, silencio en los dos. El Fandi, silencio y una oreja.

SERIA, ARMÓNICA, BIEN ARMADA y cuajada, la corrida de Fuente Ymbro trajo dentro dos toros de temple y categoría muy particulares: un primero lombardo que, bravo en una primera vara de castigo, humilló y repitió con son algo más que pastueño, mucho más; y un sexto negro zaino de elegantísimo porte, todavía mejor hecho que los demás, que no paró de embestir con caro compás. El sexto, picado al relance, no se vio en el caballo, pero sí en banderillas. Galope inconfundible de bravo. Gran toro, completo.

Un toro para Padilla, que abrió fiesta plantado de rodillas frente a toriles y libró una larga cambiada impecable, y otro para El Fandi, que se tomó su tiempo y sus riesgos en banderillas -el tercer par, de dentro afuera, fue el mejor de cuantos prendió- y apostó en la muleta por una aparatosa apertura, de rodillas en los medios, el cite de largo y una tanda, gateando de hinojos, de toreo rehilado, y apurado porque las repeticiones del toro pesarían no poco. Como fue toreo de emoción, la gente se calentó. Y la banda de música, también. Padilla había salido a quitar por chicuelinas, dos y dos medias de remate, y El Fandi se sintió llamado a replicar con los lances del Zapopán, dos en versión muy discreta, media de rodillas y una revolera muy bien tirada. De las de 360 grados, que ya no se ven. La célebre de El Viti en un Nodo de 1968. Esa misma, o muy parecida.

Tanto la faena de Padilla al colorado como la de El Fandi al gran sexto fueron de aliento, o sea, largas, muy espaciadas. Padilla toreó mucho a la voz, perdió pasitos cuando lo invadió alguna duda pasajera, se acopló en muletazos sueltos con las dos manos, sobre todo con la izquierda, no le tembló el pulso apara abrochar tandas con el cambiado a la media vuelta, recurrió al molinillo cuando se iba sin vaciar el toro, saldó el trabajo con un molinete y, el brazo por delante, cobró una estocada trasera. Casi una oreja, pero aguantó el palco.

Entre esos dos toros sobresalientes, se jugaron otros dos de interés, los dos del lote de El Cid, y dos más, tercero y cuarto, que fueron sendos quebraderos de cabeza. El uno por cabecear, puntear, revolverse y defenderse. Pareció acusar vicios de manejo, midió por sistema, fue muy mirón. El otro, el cuarto, sangrado a modo en varas, hizo amago de rajarse a las primeras de cambio. Padilla desistió. El Fandi lo intentó sin mayor fortuna. El toro tercero, que hizo hilo, lo metió en el burladero en banderillas dos veces. No le dejó ni cobrar el molinete de apertura de series tan socorrido y, en teoría, tan seguro.

El segundo, que después de tardear se estiró de salida con estilo, y el quinto, lidiado con llamativa falta de criterio, no terminó ni de fijarse ni de irse, ni de quedarse ni de meterse. Ni un lance de sentido común, molido a capotazos, el toro emplazado y rodeado en banderillas, todavía una primera tanda en la muleta de las de amarrar. Uno y otro toro pidieron toreo de recursos. Por la falta de celo del uno, por no ver El Cid claro el aire del quinto. Si ver se quedaron en realidad los toros, sometidos a la ley de la faena patrón.

El sexto vino a ser, en fin, uno de los toros de la feria. Uno de los tres indiscutibles. A la salida del tercer par de banderillas, El Fandi lo corrió por delante- el dedo en el testuz- hasta dejarlo parado el toro al cabo de una carrera de ataque. Como todas las faenas de aliento, también esta fue desigual. Embalado David, que tiró espléndidos muletazos largos y mandones, pero no llegó a cuajar una tanda completa. Muchos fuegos artificiales, un desarme por abusar, una última tanda de circulares y, en fin, un sopapo perfecto y fulminante.