TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Cuaderno de Bitácora de Barquerito: "Los árboles de San Pablo y el museo de calendarios de Las Piletas"

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CdBitácora 12 de abril, 2018

No conozco ciudad donde más antipática se haga la lluvia que Sevilla. Llueve duro y en espiral, de costado y parece que de abajo arriba y no al revés. Te calas. Vi el miércoles i dos paraguas desvencijados en dos alcorques de Reyes Católicos, por donde se meten en el centro de Sevilla las nubes negras de Huelva y un frío serrano que te hiela las yemas de los dedos de la mano y las puntas de los de los pies. La imagen de la derrota es un paraguas desguazado en una ciudad. Pájaros muertos. Al volver de los toros hace un rato, ya de noche, reparé en las tres palmeras que abren en el primer tramo de San Pablo el paso a la Sevilla de la Encarnación, la Alfalfa y otros barrios de interés. Son los tres árboles mejor puestos de la ciudad. El jueves en la Palmera tengo entendido que un árbol se desplomó sobre el techo de un autobús y lo dejó como dejan los huracanes las cosas. Sería un plátano de sombra, como los de Reyes Católicos, y no una palmera. Aquí se dan muy bien las palmeras. Como si fueran plantas autóctonas. Entre las tres palmeras, y desde el semáforo de Santas Patronas, aparece iluminada de noche la espadaña de la iglesia de Montserrat. Barroco menú. Pero por ahí se pasa deprisa. Todo el mundo. Menos uno que iba en bici.

 

En el centro peatonal de Sevilla las calles están bien enlosadas. Una suerte de vaguaditas salpicadas de desagües alivian. La calle Galera es un ejemplo perfecto. Sin embargo, en las calles de calzada y acera, el agua de lluvia se estanca y no drena. Por ejemplo, en Adriano, vía capital del Arenal, la que lleva de la catedral al río, y emboca el Puente (de) Triana. Al fondo, la calle Betis, que se inunda un poco. La gente con los paraguas abiertos no suele respetar a nadie ni nada. ¡Yo no me mojo! Pero se mojan En Sevilla se venden paraguas ingleses. Y corbatas italianas. Todavía no ha llegado la comida japonesa del take-away. Está a punto de llegar.

Las Piletas, en Marqués de Paradas, es un inmenso mesón manchego, una fonda del Quijote, cervantina. Garito de preferencia de la gente del toro. La comida será sencilla y buena, precio razonable. La carta de siempre, pero el pescado se renueva. Las fuentes son amplias, raciones muy generosas. Una mayoría de clientela francesa. Carnívoros, herbívoros también. Y gambívoros. Hay coquinas, hay jamón, cabecera de lomo, el pescaíto frito. Una monumental cabeza de toro, que no se come. Altísimo el techo de vigas de madera vista, que son la clave del ambiente. Tanto como las cancelas de hierro que separan los comedores de la barra, y los comedores entre sí. En un altillo, el reservado. En la cancela que divide en dos partes el salón se cuelgan calendarios del año en curso, carteles de corridas y ferias y alguna publicidad ajena. Por ejemplo, la de la Bodega La Perdiz, de Villanueva del Ariscal, donde parece que se come a modo. Como en toda la Sevilla campera. Me ha llamado la atención un calendario dedicado a Juan Ortega por su peña. Juan es medio cordobés y medio sevillano. No ha llegado a tener suerte. Sabe torear. La foto del calendario, en blanco y negro, es de un desplante de Juan de un toro creo que con el hierro de Pereda. Un toro tremendo que solo se ve de lado y casi por la culata, pero con dos bielas disparatadas. Es una plaza portátil. Una de tantas. Las portátiles con una especie en peligro de extinción. Se lo oí decir hace quince o veinte años a Pleite, el empresario que más rendimiento les sacaba y el que más seguras las hacía En una plaza de Pleite vi debutar de becerrista a Francisco Rivera Ordóñez. Y torear con la mano izquierda a Tomás Campuzano en Illescas una tarde remota de aquel verano. Campuzano, Morenito de Maracay y Cayetano de Andújar. Casi lleno. Tomás Campuzano es muy querido en Las Piletas. Si tiene torero, Tomás se encarga siempre de hacerle un calendario. Ahora es Alberto Lamelas. El novillero García Navarrete también es de Tomás. De Vilches, Jaén. Tienen fe en él. Se hará calendario el año 19.

Unos cuantos carteles de toros. ¡Dónde si no! La feria de Jaén de 1999: siete corridas de toros. Antoñete y Curro Romero mano a mano. La vi. Antoñete estuvo extraordinario. Llovía. En octubre suele hacer fresco en Jaén. A partir de las 6 de la tarde. La vista desde el mirador de la alameda es muy hermosa. La catedral de Jaén, oh… Una joya del Renacimiento carolino. Hay dos ciudades: una que está en cuesta, cuesta arriba, y otra llana al pie de la vieja muralla. Pero ya casi no dan toros.

Los pueblos andaluces son tesoros escondidos. No hay capital de provincia sin encanto. Bueno… Huelva, no sabría qué decir. Al ladito, Moguer. He visto descargar el camión de Confitería la Victoria, que tiene sucursal en la calle San Pablo. Cajas y cajas de dulces. En un mural de la sucursal una cita de Juan Ramón Jiménez, hijo predilecto del país. Se dice Juan Ramón a secas. Sus lecciones de literatura española en la Universidad de Río Piedras, en San Juan d Puerto Rico, donde vivió en exilio irrenunciable sus últimos quince años de vida, son una obra maestra. Pero no hay quien la encuentre. Jorge Urrutia las recogió en una edición precaria y artesanal. Un día desapareció de la Biblioteca Salinas, que es la de mi barrio. Pregunté por si la habían robado, La habían descatalogado porque el libro les parecía muy poca cosa. Ni lo habrían leído. De Moguer pasteles. Triángulos de tres chocolates, piononos, mousses de turrón, limón y fresa, los empalagosos pestiños. Hay de todo. Todo lo que engorda un poco. Y no mata.

 

Última actualización en Sábado, 14 de Abril de 2018 12:05