TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "Una tarde soberbia de Talavante"

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Resuelto e inspirado con un buen lote de Cuvillo, cuaja con el quinto de corrida una preciosa faena de gran imaginación y excelente dominio con la firma de torero diferente

Zaragoza, 13 oct. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 13 de octubre 2017. Zaragoza. 7ª de feria. Estival, 28 grados. Plegada la capota de cubierta. 10.100 almas. No hay billetes. Dos horas y treinta y cinco minutos de función. Seis toros de Núñez del Cuvillo. Sebastián Castella, oreja tras un aviso y saludos. Alejandro Talavante, una oreja y dos orejas tras un aviso. Roca Rey, oreja y oreja tras aviso.

Bien en la brega y con las banderillas Valentín Luján, que ha echado una gran temporada. Se retiró del toreo el piquero Manuel Molina. Roca Rey le brindó el sexto toro.

EL SEGUNDO TORO de la corrida de Cuvillo, colorado y rabón, así de bajito, tuvo la nobleza pajuna de los toros bombón. Los de peluche de sangre Juan Pedro que Cuvillo cultiva en su jardín de Vejer como plantas de invernadero. Talavante le pegó muchos capotazos de brega antes de dejarlo ir al caballo. Tal dosis de toreo de doma dejó al toro tan suave, tan suave, y suavidad resaltada por su lustrosa capa encendida, que la faena que vino fue no tanto un ejercicio de geometría como un mero juego de manos.

 

Las dos manos: compasito en el toreo en redondo, cuando todavía el toro jugaba como gato con madeja, y amplio dibujo en el toreo al natural, alzado Talavante de muy juncal manera. Las dos veces que, sin fuelle, se quedó el toro debajo, Talavante tiró de él como si fuera un animal de compañía. Con dos cuernos muy afilados. En las pausas y en los desplantes apareció el Talavante impostado que tan bien sabe camelarse a quien sea. En la firma de dos o tres muletazos del desdén asomó el Talavante mexicano, que domina la suerte y se ajusta en ella. En la suerte contraria una estocada soltando el engaño. Sin puntilla el toro. Se pidió con ganas la segunda oreja.

Para eso, para que el botín fuera de dos orejas muy de razón, hubo que esperar al quinto toro de Cuvillo, chorreado en verdugo, bien armado. No solo de traza y pinta diferentes, sino de línea distinta a los cuatro que se habían jugado por delante. La línea y la forma de ser. Asustadizo, se huyó de un capote nada más verlo, escarbó y pareció lanzarse y no embestir, pero se quedó debajo en un primer puyazo. Tomó el segundo corrido por dentro. Un relativo enigma. Roca Rey quitó por chicuelinas -entre la primera y las dos que completaron quite antes de la media de remate- volvió a escarbar el toro. No todos los toros escarban de manso. Este quinto cuvillo fue el ejemplo perfecto. Le dio al gran Juan José Trujillo guerra en la lidia, se dolió en banderillas, Valentín Luján se libró por milímetros en un primer par por la derecha. Estaba por saberse qué iba a pasar.

Solo que Talavante ya lo sabía. Solo él, que, brindis sorpresa al público, abrió en tablas con una temeridad inesperada: de rodillas y por alto, cuatro muletazos bien tirados. En los dos primeros se venció el toro; en los otros vino ya metido. El remate de tanda, a pies juntos y saliéndose a las rayas, fue el anuncio de lo que iba a ser una mayúscula faena. La embestida del toro, un puntito picante, encareció la cosa. Tras el prólogo, Talavante se fue de largo a los medios y con la zurda cobró una tanda de seis ligados, abriendo al toro o no. Hocico al suelo, parecía el toro pensárselo. No le dio tiempo Talavante. Sí la ventaja de dejarlo atacar franco. Tras un farol pinturero, Talavante cuajó en redondo una tanda muy despaciosa. Toreo enroscado, ligado de verdad según el canon clásico, ajustado, todo lo solemnes que pueden ser las cosas de un torero tan desenfadado como Talavante. Se calentó la gente toda: el público de domingos y el otro también.

Se arrancó la banda con una marcha fallera - ¡santo cielo, y a quién se le ocurre…! -, los de los domingos la palmearon a la valenciana, pero nadie pudo apartar la mirada de Talavante, de frente o de perfil, el pecho por delante, la muleta también y en vuelo muy rimado, y paseos rutilantes no para tomar aire Talavante sino para dárselo al toro, que no paró. Fue notorio que en los remates de tanda Talavante simplemente se fuera al paso de la cara en desplantes andados. Los de pecho y las trincherillas debidos llegaron en su momento. Y los cambios de mano. El dominio, final de faena en una baldosa, fue impecable. Una estocada mortal, un aviso cuando el toro se tambaleaba, dos orejas. La faena de la feria. Sin punto de comparación posible.

A todo hizo sombra no solo la faena del quinto toro, que obligó a Roca Rey a repetir hasta el agotamiento los pases cambiados por la espalda intercalados, sino la del segundo cuvillo también, pues el primero de los dos trabajos de Castella, de muy buen sentido, pareció plano en cuanto Talavante asomó la cresta. Roca Rey, que debutaba en Zaragoza y asustó a todo el mundo con un quite por gaoneras ligadas sin perder ni un paso, ya sintió en su primera baza el peso de la sombra de Talavante y, cuando hubo que declararse con el tercer toro, no tuvo más solución que la de recurrir al alarde en tablas, en terreno imposible y en muletazos de va y ven. El cuarto de Cuvillo, de monumental culata, tuvo las fuerzas justas y el fondo también, llegó a desparramarse y a volver grupas. No se aburrió Castella. Muy descarado, el sexto, el más ofensivo de la corrida, puso a prueba los nervios de Roca Rey. Sus banderilleros -llegaron a estar los tres en la arena mientras se desenvolvía el torero limeño- acentuaron la sensación nerviosa.

Postdata para los íntimos.- Al sedimento de grava que asoma en el río frente al Pilar y equidistante de las dos orillas se le llama la Isla del Ebro. Pongamos mayúsculas. Eso tienen en común Ebro y Danubio. La isla de aquí desparece cuando crece el río y, si vuelve a asomar, que pasa muchas veces, no lo hace en el mismo sitio nunca. La isla del Danubio, cantada por Garcilaso de la Vega hace cinco siglos, era un edén. La del Ebro es una lengua pedregosa como de tierra lunar. Me fascina.
Un Ayuntamiento tuvo la feliz idea de instalar en las dos orillas del Ebro otros tantos trampolines desde donde poder contemplar la isla, que, por mucho que se mueva al emerger, nunca se va de la vista del mirador. En el mirador de Echegaray y Caballero, en la trasera del Palacio Arzobispal, que es un notable edificio, se explica en un panel con cierto detalle por qué la isla y su misterio. No se busca explicar el capricho de la tierra sino de hablar de pájaros, de las aves que pueblan la isla, territorio vedado a los humanos, virgen de pisadas. Garzas, cormoranes y gaviotas de pico amarillo conviven en paz.
No todas las aves son de paz. Las que menos, las famosas palomas. Otro Ayuntamiento tuvo que prohibir en su día que se alimentara a las palomas en el llamado Salón del Pilar, la gran explanada adonde vierte la fachada del templo. Si hubieran podido, las habrían exterminado. Las cagadas de las palomas se estaban comiendo lo techos de las cúpulas y los tejadillos de azulejo del Pilar. No he podido divisar bien cuáles eran esta mañana los habitantes de la isla. Me pareció reconocer una amplia colonia de palomas. Como el río está todavía muy agostado, los cormoranes han debido emigrar río arriba. Ni idea.
Si eran palomas, estaba alineadas como una tropa en un cuartel. Todas, de cara al sol y al muro trasero del Pilar. La zona estaba a tope. Puestos de comida en casetas del paseo. La Virgen expuesta con el manto blanco y la cruz encarnada de Lorena. El tapiz de flores, muy desordenado, emanaba aromas cruzados de nardo y rosa. Oh, sí. No sé dónde habrían metido los frutos de la ofrenda del día 13. Tengo en el hotel tres grupitos de oferentes que solo alquilan la habitación para cambiarse de ropa y ponerse de baturros. El traje de baturro es elegante y sencillo. Con o sin cachirulo. La faja, imprescindible. He visto a dos mujeres vestidas de ansotanas, el traje de fiesta del valle de Ansó, que es como el de las roncalesas pero menos rebuscado. Un fósil maravilloso de atuendo medieval.
La albóndiga de lubina en salda de pimienta verde es una de las delicias particulares de Casa Lac. He repetido cebolleta confitada en salsa Chardonnay. He picado en el Mar de Cádiz un par de pecados. He leido tres periódicos del país: el Diario del Alto Aragón que se edita en Huesca, el Diario de Teruel, que como su mismo nombre indica, y La Comarca, edición de Alcañiz, con una crónica de la corrida del jueves en Calanda. Para saber lo que pasa. Y a ver si arreglan de una vez las cosas del tren. Sesenta años en la pelea del Canfranero, y en la del tramo de Teruel a Sagunto. La que me vende los periódicos es natural de Calamocha, camino de Teruel. "Ya no quiero llorar más...", me dice del tren, que descarrila dos veces por semana y tarda un siglo en bajar del Pirineo al Mediterráneo. Un desastre.

 

Última actualización en Viernes, 13 de Octubre de 2017 21:12