TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "Román concluye el año embalado y fresco"

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Una faena de singular acento y otra de valor, sin remate puntual con la espada, confirman la ascensión del joven torero de Benimaclet

Aceptable estreno de Marge como ganadero en una feria de primera

Corrida de gran cuajo, dos toros buenos

Zaragoza, 8 oct. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 8 de octubre de 2017. Zaragoza. 2ª de feria. Templado, soleado. Plegada la cubierta, tres toros con luz artificial. 3.500 almas. Dos horas y media de función. Cinco toros de Robert Margé y un sobrero -3º bis- de César Rincón. David Mora, silencio y una oreja. Román, vuelta tras un aviso y palmas tras un aviso. Luis David Adame, silencio tras un aviso y una oreja. Óscar Bernal picó a modo al sexto. Pares de mérito de Raúl Martí, El Sirio y Miguel Martín.

EL TERCERO de la corrida de Robert Margé saltó al callejón después de apenas haber lamido tablas y sorprendió sin defensa a cuantos estaban fuera de los burladeros. Con una resolución y una sangre fría extraordinarias, y corriendo inmenso riesgo, un arenero apostado junto a toriles tuvo el valor y el acierto de abrirle al toro una hoja del portón de corrales y cerrarle el paso. No se sabe cómo, apostado tras ella, aguantó un derrote de huida del toro, que atravesó las tablas de una cornada y al punto tomó el camino de vuelta a la arena. Todo pasó en cosa de quince segundos, no más.

El gesto del arenero fue mucho más que un quite providencial. El callejón de La Misericordia es estrecho, los burladeros que el toro se habría podido encontrar por el camino estaban llenos, y, fuera de ellos y a merced del destino, cuatro picadores y otras gentes. Jesús Arruga, el banderillero de Cariñena, que estaba junto al arenero cuando el salto, le pegó al resolverse el peligro un abrazo de los que no se olvidan. Tal vez porque solo un profesional del toreo, como Arruga, supo calibrar la dimensión del gesto. Al poco, David Mora, director de lidia, vino a felicitarle efusivamente y lo sacó a dar la vuelta al ruedo con él, no de su lado sino del de la cuadrilla, cuando celebraba su triunfo con el cuarto de la tarde, que fue, con el segundo, uno de los dos de buena nota de la corrida de Robert Margé, el ganadero francés, de Béziers, que, cuarenta años después de iniciar su aventura como criador de bravo, lidiaba por primera vez en una feria española de primera categoría una corrida de toros. De la línea Cuvillo-Santiago Domecq. Y un goterón de Cebada Gago.

Una señora corrida de toros, Cinqueños los seis, con la excepción del toro que saltó y que, lesionado tras un volatín completo y un puyazo que apenas pudo cobrar por estar ya roto, fue devuelto a corrales. El salto del toro, a querencia de toriles, tuvo lugar delante del burladero donde estaba Margé. El salto, el arenero, la edad, los volúmenes, el cuajo y las caras de la corrida y, desde luego, con el segundo toro de Margé una faena singular, preciosa, graciosa, atrevida y retemplada de Román. Todo eso puesto junto le dio carácter a la primera de las seis corridas en puntas de la feria del Pilar.

Solo que Román -variaciones, improvisaciones, ligazón, ajuste, firmeza, el toreo enganchado por delante y despaciosamente rimado- no remató con la espada esa faena tan luminosa. O sí la remató, de gran estocada por el hoyo de las agujas, pero precedida de tres pinchazos y un aviso. Hubo runrún de dos orejas. Y, al cabo, una aclamada vuelta al ruedo. Al pasar por un tendido de sol un paisano le echó de regalo una red de naranjas o quién sabe si melocotones de Calanda.

Un diferencia formidable entre el Román que vino a Zaragoza en abril para matar en la clásica corrida concurso un toro de Ana Romero y otro de Alcurrucén sin llegar a entenderse con ninguno de los dos y este otro de octubre y en el Pilar, que no solo se hizo sentir con el segundo margé, que se llamaba, por cierto, Luminoso, sino que se atrevió y se dejó ir con un quinto cornalón y bramador que pegó muchos taponazos y quiso soltarse de engaño sin éxito. Aunque la faena no tuvo el calado de la primera, la gente empujó la espada con el deseo. La gente, pero no Román, que, al tercer ataque, la enterró por el hoyo de las agujas. Rodó sin puntilla el toro, que murió pegando bramidos en tablas y pareció resucitar antes de volver a rodar. Dos muertes en una. La muerte de ese toro de tan disparatada cuerna se la brindó Román a su cuadrilla siguiendo el antiguo rito de las corridas del Pilar. Todos a escena, seis o siete abrazos y hasta el año que viene. En esa cuadrilla ha progresado tanto como en su papel Román el banderillero valenciano Raúl Martí, muy competente.

A la gente le gustó la corrida de Margé, porque, a pesar de su desigualdad de líneas y hechuras, los toros jugados tuvieron plaza y la llenaron. Muy alto el primero, que, noble, se acabó yendo a tablas; de buen son por las dos manos el cuarto, con el que David Mora se acabó acoplando al final de una faena morosa, a suerte descargada primero, arrebatada pero templada en dos últimas tandas; muy complicado un sexto grandullón que no llegó a ir metido en el engaño sino en contados muletazos sueltos y con el que Luis David Adame recurrió a su repertorio populista solo que encarecido por hacerlo con un toro que estuvo a punto de levantarle los pies del suelo unas cuantas bazas. El sobrero de El Torreón, cinqueño cumplido, ancho y cabezudo, acalambrado, rebrincado y claudicante, fue deslucido.

Postdata para los íntimos.- Apenas he tenido tiempo de leer la prensa del día, que era mucha y suculenta, y me he guardado para la hora de soñar la noticia más importante, la de que van a convertir en día verde los restos del camino de hierro entre Daroca y Jiloca, uno de los ferrocarriles olvidados y abandonados de esta sufrida patria que es Aragón. De Jiloca el azafrán. De Daroca la música y, bien cerca, Gallocanta, la laguna por donde pasan todos los años todas las grullas en bandada, y se quedan a repostar porque el silencio fascina a las aves, sean o no cantoras.
Del despoblamiento severo e injusto de los pueblos aragoneses .-del Alto Aragón, pero también de una mayoría de las comarcas de la provincia de Zaragoza y, desde luego, de los municipios de la cuenca minera de Teruel- ya vinieron avisando hace casi medio siglo un urbanista y un geógrafo tan lúcidos como Mario Gaviria y Enrique Grilló. Me he dado mi paseo anual por la plaza de San Francisco. He asistido al comercio o intercambio de cromos en el jardín de entrada a la Ciudad Universitaria, me he detenido en los puestos de venta de minerales -es que en Aragón los hay de todas las familias, texturas  colores- y le he echado el ojo a los puestos de monedas y sellos, impecable el orden, bueno el precio. En la librería de viejo de la calle (de) Baltasar Gracián me he hecho por el módico precio de dos euros con noventa y cinco con una edición descatalogada de un libro que Gaviria y Grilló publicaron en 1974: "Zaragoza contra Aragón". Es una colección de artículos. Varios de ellos, leídos en la grada de la plaza de toros, adonde he acudido con tiempo sobrado, Se trata de que los especuladores del suelo le pusieron precio a Zaragoza. El capitalismo vandálico. Parecen profecías las cosas de Gaviria y Grilló. El que avisa no es traidor.
Pero esta ciudad tiene tanta fuerza de raíz que ha podido con todo lo que le echen o haya echado. Aquí están los árboles de mi barrio como prueba de cargo. Y las empanadillas de bonito con tomate del Berlanga recién fritas, y los burritos caseros de ternera picada, la merluza con angulas había volado ya, una copa de Piérola, un sorbete de limón. Diez euros con cuarenta, Y a correr, Al bajar por la calle de Santander camino de mi fonda vi gente que volvía de la manifestación del Pilar envuelta en banderas de España.
Última actualización en Domingo, 08 de Octubre de 2017 21:49