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Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica previa de Barquerito: "El abono de Otoño en las Ventas"

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Antonio Ferrera, torero de culto en Madrid

Renovado, ambicioso y ajeno a las modas, y al cabo de veinte años de alternativa, el torero extremeño se ha convertido en figura protagonista. Tras la incierta marejada de verano, la temporada de Madrid cumple expectativas

Madrid, sábado, 23 septiembre de 2017. (COLPISA, Barquerito)

A MEDIADOS DEL pasado mayo el empresario de las Ventas, Simón Casas, anunció por sorpresa que la feria de Otoño de Madrid se compondría de diez festejos de primer nivel. Iba a doblarse, por tanto, la oferta habitual de tres o cuatro corridas y una novillada de abono. Las fechas de la feria, por lo demás, se trasladarían de la primera semana de octubre a los diez últimos días de septiembre. Se apalabró en privado que Alejandro Talavante fuera el torero base de la nueva macroferia. Tanto como sobre el papel iba a serlo y lo estaba siendo de San Isidro, de cuyo primer tercio fue gran protagonista. Firmó dos faenas soberbias, distintas y personales con otros tantos toros muy relevantes de Mayalde y Cuvillo.

El tono de San Isidro estaba apagado y se sentía como una decepción cuando Casas puso sobre la mesa la carta de la revolución de otoño. Un mes después de aquel anuncio sobrevino una inesperada contingencia. Los permisos para la programación extrataurina de las Ventas, fundamentalmente conciertos, quedaron suspendidos sine die por razones de seguridad. Problemas de resistencia y evacuación del edificio, según dictamen del Ayuntamiento de Madrid.

Estuvo durante varios días flotando la idea de cerrarse la plaza, mutilar de un tajo la temporada y replantearse de raíz la concesión de las Ventas puesto que la subasta y la solución del concurso de adjudicación tenían por base medular el negocio derivado de los conciertos, la crema de los llamados ingresos atípicos. Se encendieron todas las alarmas. Una crisis de tales proporciones en Madrid podría tener efecto dominó sobre el resto de la temporada española.

No se cerró la plaza, el calendario de verano se resolvió con un concurso internacional de novilleros a caballo entre julio y agosto, cinco novilladas más de aceptable nivel, los promedios de asistencia más altos de la última década, una notable corrida de toros el 15 de agosto y, en el cogollo de septiembre, una versión renovada de los festejos de hierros de encastes minoritarios reformulados como Desafíos Ganaderos. Tres desafíos, el tercero de los cuales, tras el prólogo de una de rejones en mano a mano de Galán y Leonardo Hernández, será esta tarde del 24 de septiembre la primera de las cinco corridas de otoño en Madrid. Habrá el 12 de octubre una sexta que clausurará temporada. Procelosa, la travesía del verano taurino en Madrid habrá arribado a buen puerto dentro de veinte días.

El abono de Otoño cuenta con un protagonista principal, Antonio Ferrera, que, a punto de cumplir veinte años de alternativa, ambición y pasión sin límites, ha pasado a ser torero de culto en Sevilla y Madrid. Sus dos tardes del pasado San Isidro se saldaron con otras tantas faenas de mayúsculo nivel. Una primera a un toro de Las Ramblas y una segunda a otro de Adolfo Martín. Memorables trabajos que lo convirtieron en triunfador de la feria. No por el número de orejas, sino por el fondo fortísimo del asunto.

Dos tardes de abono de Ferrera en este programa de otoño: la primera, el viernes 29, con toros de Cuvillo, la confirmación de alternativa del mexicano Luis David Adame y, de segundo espada, Sebastián Castella, que, al igual que Ferrera, firmó en San Isidro dos faenas antológicas, sin remate a espada ninguna de las dos. Es el cartel de la semana, sin contar con la segunda de las apariciones de Ferrera, el domingo primero de octubre, toros de Adolfo Martín, mano a mano con Paco Ureña, cuya faena al toro Pastelero, de Victorino, fue la de riesgos y emociones más intensos de San Isidro.

Todos los ganaderos anunciados en otoño, salvo los dos del tercer desafío ganadero –José Escolar y Ana Romero- ya han lidiado este año en Madrid. Fuente Ymbro y Cuvillo lo harán por tercera vez. Puerto de San Lorenzo, Adolfo Martín y El Ventorrillo, por segunda. En la novillada de El Ventorrillo se despiden del escalafón en vísperas de su alternativa programada para octubre en Zaragoza el venezolano Jesús Enrique Colombo y el mexicano Leo Valadez, y debuta un novillero de buena fama, el madrileño Carlos Ochoa.

Miguel Ángel Perera, al cabo de un verano arrollador, es el hombre fuerte de la corrida del sábado, la de lisardos de Lorenzo Fraile, encaste que conoce muy bien. La novedad más atractiva es la presencia del valenciano Román en la corrida de Fuente Ymbro del jueves 28. Román salió a hombros de las Ventas el 15 de agosto y ha toreado con singular destreza en Valencia y Bilbao este mismo verano toros de Cuadri y Miura. Una cara nueva pero no novísima.

Postdata para los íntimos.- El espacio más degradado de Madrid es la Puerta del Sol. El Sol y sus planetas, es decir, las calles aledañas. Todas sin más excepciones que el corto tramo de Correo hasta Pontejos, el callejón del Pozo, con su fantástica pastelería de 1830, el pasaje de Matheu invadido de terrazas postizas y olor a paella recalentada, la venerable calle de la Victoria -fósil todavía de las taquillas de toros- y creo que nada más. Las remodelaciones de Sol no han aportado nada a la idea idealista de peatonalizar -¿qué es eso, qué quiere decir y no dice?- el centro mismo de la ciudad.
Mirad la plaza a la hora que sea. Gobernada por el negocio de las multinacionales, junto al cual conviven la miseria, la prostitución callejera, las minimanifestaciones de todo tipo (bíblicas, republicanas, prokurdas, antisemitas...) que, por dispersas, acaban por no significar nada de nada. Las obras de la Casa de Postas-Gobernaciòin-Dirección General de Seguridad (la policía del Régimen franquista) no aportan ni suman ni restan. El reloj de Losada, oculto tras una malla translúcida pero no transparente. No se ve la hora, no las da, no suena
Lo que destruye la idea de una Puerta del Sol noble no es una sola cosa, sino unas cuantas juntas o por separado. Primero de todo, los autobuses Volvo de dos pisos de los Madrid City Tour. Segundo, un carril bici de doble sentido cuya ocupación es mínima y, sin embargo, se come una cuarta parte del espacio destinado a tráfico rodado de la plaza. Tercero, ese espanto plástico que son el ascensor y la boca de la estación de Cercanías. Cuarto, la distribución de las estatuas -la Mariblanca, el Oso y el Madroño o Carlos III a caballo- que configuran un parque temático. Etecé. La no tan lejana plaza de la Luna -los cines de Soledad Torres Acosta, en la confluencia de la Corredera Alta, Desengaño y Luna- era un lugar maldito, y ahora no lo parece. Por contraste astral.
La trasera antigua de Sol tiene cosas hermosas. Los dos grandes edificios de Pontejos, plaza y calle. Los dos almacenes de mercería, dos mundos, el de Cobián y el de Ubillos, donde se venden las cremalleras por metros. El cuartel de Zaragoza. La calle de la Paz es triste. La fuente de Pontejos mana por dos caños de boca de león de bronce, Es fuente de tres alturas con hornacina. En una de ellas, el busto del Marqués de Pontejos, muy airoso, pero castigado por las deyecciones a discreción de las palomas cagonas. Está prohibido alimentar a las palomas porque destruyen la ciudad. Se desoye la orden. El agua de la fuente no es potable. Menos mal. En el palacio mayor de Pontejos murió el gran poeta liberal Manuel José de Quintana, afrancesado. En 1857. El nudo de calles entorno está plagado de hostales. La calle de Esparteros tiene garra. El chaflán de Esparteros-Pontejos es el único del barrio. Con miradores de forja románticos. El paisaje de Galdós. Mucha chocolatería. La famosa porra de Madrid. Ya no se hacen buñuelos, que eran churros inflados, obras de arte.