TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. Crónica de Barquerito: "Un gran toro de Alcurrucén"

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Un Cornetilla de la célebre reata de los músicos del encaste Núñez

Cuarto de una corrida de serias hechuras

Último homenaje a Fandiño en tarde de poco público

Bilbao, 21 ago. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 21 de agosto de 2017. Bilbao. 3ª de las Corridas Generales. 5.500 almas. Muy caluroso. Dos horas y cuarenta minutos de función. Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano). Curro Díaz, silencio y una oreja. Joselito Adame, silencio en los dos. Juan del Álamo, vuelta y silencio. Picó a modo Óscar Bernal al segundo. Brillantes pares de Miguel Martín y Fernando Sánchez. Saludaron los dos.

ANTES DEL PASEILLO, los alguaciles por delante, destocadas las cuadrillas y el público en pie, la banda interpretó una solemne versión orquestal del Agur Jaunak. El himno y el respeto iban por el difunto Iván Fandiño, que tendría que haber estado aquí esta misma tarde y a esa misma hora. Rompiendo la tradición, el paseíllo se hizo a los acordes del pasodoble que para Fandiño compuso el maestro Jesús Urrutia. En el cartel de las Corridas Generales pintado por Juan Humaran ha quedado para siempre grabada una grave imagen de Iván. La misma de la foto-portada del programa de mano de aquel Domingo de Ramos de 2015 en que mató en Madrid seis toros de seis divisas distintas.

El silencio, las músicas y el cuadro pusieron fin a muchas jornadas de dos meses de duelo. A la memoria de Iván brindaron Curro Díaz y Juan del Álamo sus primeros toros de lote. Miguel Martín, que prendió al quinto dos soberbios pares de banderillas, también levantó el brazo al cielo cuando recogía una ovación cerrada. Si no llena, se esperaba ver la plaza mucho más poblada de lo que estuvo. Los precios se pusieron como los de los festivales. Ni así. Hizo una tarde de calor casi bochornoso. La cita no provocó.

Toreada con más cautelas que confianzas, la corrida de Alcurrucén, muy bien hecha, dio un toro de excelente nota. El cuarto. A una vieja y perpetuada reata de toros de la casa, salidos todos de un tronco común, se la conoce como la familia de los músicos porque lleva nombres de instrumentos o de piezas o aires musicales. Este cuarto se llamaba Cornetilla. Ensillado, retinto girón, largo, alzado y flaco, muy fino de cabos. No engañaban las hechuras. Hechuras de embestir. Y, luego, lo propio del toro de sangre Núñez que va a romper en bravo: frío y huido de salida, receloso y frenado al ser reclamado, escupido de varas y a la espera distraída en banderillas. Hasta que llegó su hora.

La de la verdad. Descolgado en solo el primer muletazo de cata y tanteo, largo y pronto el viaje, muy elásticas las repeticiones. Por una mano y por otra. No llegó a verse en distancia. Ni este cuarto tan franco ni ningún otro. Pero en terreno tan acotado también se dejó ver y sentir el son del toro, que perdonó incluso lo que no suelen perdonar los músicos: una partitura no siempre bien leída. Muy espumosa una faena de Curro Díaz donde los muletazos de filigrana y desmayo fueron los justos, y ni uno más. Un exceso los cortes de fluido y los paseos. A suerte descargada y de alivio Curro dibujó no a placer pero casi. Fueron más los pases rehilados que los propiamente ligados. En un ladrillo el trabajo, pero faltó ponerse por la mano izquierda. Y faltó compás. Un pinchazo y una estocada fulminante.

Dieron juego, pero de otra manera, tres toros más. El segundo, también de los músicos, Gaitero, calzado, chorreado en morcillo, lindísimo, fue el mejor rematado de los seis. Solo que se apagó antes de tiempo y, como si le afectara el calor, jadeó sonoramente. Y tardeó y acabó poniéndose mirón. Hubo un pequeño reto en quites. Juan del Álamo, por delantales en su turno. Réplica de Joselito Adame a pies juntos también. Y media de remate muy bonita. Entre rayas, una faena de encaje y compostura desiguales del torero de Aguascalientes. No le convino a Adame salirse de rayas afuera y ese precio pagó. La estocada en los bajo al segundo ataque fue por todo impropia.

El tercero, colorado ojo de perdiz, fue toro tan frágil como bondadoso. Salió con gas y pies, pero perdió las manos varias veces y la gente protestó. Lo salvó del pañuelo verde la campana. La calidad un punto encogida del toro pedía pulso. O temple en la media altura. Y paciencia, porque el toro no se definía. Hasta que sintió de pronto el reclamo de las tablas, donde se aculó antes de doblar. Más firme que fino el trabajo de Juan del Álamo.

Fue buen toro el quinto también, pero imponía por delante. Ensillado, más ofensivo que los demás, engatillado. Toro ganoso que, muy en Núñez, volvía al revés o contrario, que es en su encaste siempre buena señal. No tan buena el recular. Y, si recula, el toro a los medios. No pasó de las rayas Adame, brillante en la apertura por estatuarios, cómodo al torear de frente y con la zurda pero de uno en uno, incómodo.

Primero y sexto desentonaron. El uno, por duro de manos. El otro, que escarbó, por violento. Ninguno de los dos estaba tan en tipo como los cuatro restantes. Curro Díaz trató de darle cuerda con muletazos cortos al primero, que se distrajo mucho. Un natural ligado con el obligado de pecho fue guinda sabrosa. El sexto, que topó, le arrancó de las manos la muleta a Del Álamo solo en el tercer jaque. Papeleta resuelta con oficio.

Postdata para los íntimos.- En la plaza de Indauchu, bien ajardinada, me encontré esta mañana con un matador de toros de dinastía y con otro torero de dinastía también pero inédito. Solo lo han visto torear los íntimos. Y cuentan que mejor imposible. En los tentaderos calma la fiebre más que el miedo. Vinieron juntos de Madrid el domingo, iban arrastrando dos maletas de ruedos como si fueran esportones por el callejón, Ser torero y parecerlo. Nada nuevo. El sábado conocí personalmente a Manuel Alonso "Herrerita", que tomó la alternativa en Bilbao y es, por tanto y por ser del país, torero de hierro legítimo. Mirada profunda, como la de casi todos los que han matado toros y han sentido de cerca la fiebre del miedo. Dice Herrerita que Paula fue mejor torero que Curro Romero. Y me puso el ejemplo con una juego de brazos al aire. Con ellos recreó la verónica de uno y otro, que no tienen casi nada que ver. Dos verónicas en la barra del Indusi, en la calle de los bares de Indauchu, la del maestro García Rivero. En la barra de fuera. Dentro no permiten torear ni de salón. Lógico.

Después del encuentro con los toreros dinásticos, fue capricho ir recorriendo las calles que en el ensanche primero de Bilbao se llamaron alamedas. Si se aprende a seguir su trazo irregular, se aprende a andar por Bilbao sin brújula. En las alamedas no hay apenas álamos. Eso confunde al visitante. Pero pasa en muchas otras ciudades. Los amplios chaflanes de alamedas y no son un lujo para los ojos que miran edificios como si los vieran por primera vez. Es muy hermosa esa armonía de la arquitectura bilbaína de viviendas de pisos sin pretensiones de estilo. La cantidad de miradores y ventanas llama la atención. Índice de los años en que el cielo de Bilbao, como el de las ciudades industriales de Inglaterra, estaba teñido de hierro. Estaban poniendo las terrazas de la parte peatonal de la calle Egaña, en cuya entrada posa para siempre el busto en bronce de Blas de Otero, poeta excelente y no olvidado pero incómodo para quien no quiera echar cuentas de un pasado reciente. En el Kalamúa ya estaban friendo patatas para tortilla.
Concurso de tortillas en el Arenal mientras en el kiosco la banda municipal daba un concierto de música incidental de películas de Walt Disney. Paso de Walt. No de los músicos. El muelle, la plaza y el paseo del Arenal están invadidos por casetas de feria de toda clase, la gente de paso duerme en los bancos o en la hierba bajo los plátanos centenarios. Bastante mugre. Delante de la fachada de San Nicolás han plantado sus reales los animalistas y su tómbola. Se hace tortuosa la entrada al Casco Viejo. También está cegada la entrada de la catedral de Santiago porque en la plaza se instala el tinglado de los bertsolaris o rapsodas. Hay mucha gente y hacia calor. Caramelos de malvavisco en la calle Ascao, que fue, en su dia, la de las fraguas.
El bar de Bertendona donde hacían aquella suculenta tortilla de patatas -perdono pero no olvido- es ahora una agencia inmobiliaria china. Todas las ofertas, en chino y en castellano. Ojo al dato. Enfrente, el remozado teatro de los Campos Elíseos con su concupiscente fachada afrancesada.La arquitectura de Hurtado de Amézaga es muy atractiva. Para hacerse una idea de Vizcaya, basta con repasar las líneas de los autobuses que salen de Abando en dirección a las Zonas Mineras, la Busturia y el Duranguesado. Y los que van a la margen izquierda: Baracaldo, Sestao, Portugalete y Santurce. Otra línea a Erandio, Lejona y la Universidad. Prefiero ir a Bermeo en tren subiendo la ria. Pero da tantas vueltas que...