TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. Las Corridas Generales pintan bien.

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EL CORREO. Barquerito

El cartel de las Corridas Generales recupera este año su peso específico clásico y propio de feria puntera del calendario.

DE VUELTA A LO SEGURO, el abono de Bilbao ha optado por la repesca más fiable: dos tardes El Juli y dos tardes Ponce. Para rondar en la sombra de Vista Alegre el lleno. Solo en la tarde del lunes, convertida en el homenaje popular a Iván Fandiño, es de prever que la plaza se llene del todo. Sería muy hermoso. No es que Iván no tuviera en Bilbao reconocimiento en vida. Fue tratado con exquisita largueza por el público, incondicional, y por la propia Junta Administrativa de Vista Alegre. La muerte le ha conferido aura de héroe. Espíritu de héroe latía en él desde el día en que decidió hacer del toreo su pasión y su oficio.

Hacer que El Juli y Ponce vuelvan a tirar del carro es una prueba de su capacidad. El toro de Bilbao no admite imposturas ni componendas. No hay quien se esconda. Doblan dos toreros más: Diego Urdiales, cuyos méritos en Bilbao son montaña, y el joven peruano Roca Rey, nombre clave de los carteles de 2016, cuando su volcánica irrupción en el escalafón, pero clave frustrada por una cornada en Málaga en vísperas de su debut en Vista Alegre como matador de alternativa.

En torno a los cuatro toreros de base se ha estructurado una octava que en punto a toros aporta pocas novedades. Se ha caído el hierro de Fuente Ymbro, ya en barbecho en 2015, y ha entrado una ganadería en momento excelente como la de Victoriano del Río, rara de ver en Bilbao. Después de la experiencia negativa de reducir a siete el número de las Corridas Generales, se vuelve A la fórmula ocho. El puesto recuperado es para Miura, que lleva seis años sin lidiar en Bilbao. Con la de Miura se junta el cartel de toreros renovador de la semana: Fortes, el francés Juan Leal y el valenciano Román, Los dos últimos debutantes en Bilbao, donde Fortes tomó la alternativa con un toro de Jandilla una tarde de encapotado cielo. Ni un rayo de sol, bastante viento. Agosto de 2011.

El torero del año –faenas de antología en Sevilla, Madrid y Pamplona- está siendo en opinión de muchos Antonio Ferrera. Veinte años de alternativa, y tras temporada y media en el dique seco por lesión, Ferrera es de pronto el torero epítome de una suma de valor, destreza y pureza. En Bilbao se ha encajado en un cartel de banderilleros que, gastado hace tiempo, no ha llegado a tomar altura.

La corrida de Victorino  ha ido a manos de especialistas: Urdiales, Escribano, baja forzosa en 2016, y Paco Ureña, que se ha dejado el alma y parte de la piel con el toro de sangre Albaserrada. El gran triunfador de 2016, José Garrido, viene a una sola tarde, pero una de las mejores. Y Ginés Marín, torero revelación, a otra de las buenas. El ambiente es infinitamente mejor que el del año pasado. Como los carteles. Parece que no volverán los asfixiantes calores de entonces.