TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. Previo de las Corridas Generales. Por Barquerito: "Tres tristes trances"

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Las vacantes obligadas en tres de las ocho Corridas Generales del abono han dado en parte al traste con los carteles de una semana taurina montada con calculado rigor y mucha más exigencia que hace un año

A las bajas de Iván Fandiño y Manzanares ha venido a sumarse inesperadamente la de Morante

Una difícil papeleta.

Primero fue la fatalidad: la muerte de Iván Fandiño en Aire sur l’Adour, su trágico destino final. Hace dos meses y con los carteles de las Corridas Generales cerrados. Iván había entrado en un cartel propicio: la corrida de Alcurrucén, que en Bilbao han toreado todos los toreros mandones, y la compañía de dos toreros ambiciosos: Joselito Adame, para quien nunca ha sido sencillo abrirse paso en la temporada española, y Juan del Álamo, que toreó aquella fatídica corrida de Aire sur l’Adour. Joselito acaba de cuajar a modo en San Sebastián un excelente toro de El Parralejo. Del Álamo está cumpliendo su temporada más redonda de matador de alternativa.

Después, a principios de agosto, la caída de Manzanares no en combate pero sí al cabo de muchas batallas: la detección de una grave lesión cervical que ha precisado de muy delicada cirugía y parece anuncio muy probable de corte de temporada.

Y luego, solo el pasado domingo, la despedida no se sabe si en frío o en caliente de Morante de la Puebla al concluir en El Puerto de Santa María una corrida mano a mano con El Juli que se le torció de partida y sin remedio. El adiós de Morante, tal vez un viaje de ida y vuelta, con unas cuantas corridas firmadas por delante convertidas en papel mojado. Entre ellas, la de Jandilla en Bilbao. La más importante de todas las pendientes.

 

Morante no se pretendió nunca campeón de las cifras ni líder del escalafón. En esta su última etapa, la tercera o la cuarta de su larga trayectoria, marcada en el inicio por un quite inolvidable a un toro de Victorino en Sevilla –abril de 2008, corrida mano a mano con El Cid-, Morante ha preferido prodigarse solo lo justo; imponer en la sombra compañeros de cartel según su capricho y conveniencia, y, si no imponerlos, desdeñar ofertas que no le apetecieran o estimularan; elegir ganaderías por el nombre más que por el fondo y en ocasiones parecía que sin siquiera verlas o hacerlas ver de antemano; y apostar por la sensibilidad y los públicos del sur: Sevilla, sin apenas condiciones; Sanlúcar de Barrameda, Jerez de la Frontera, El Puerto, Huelva, Granada, Almería, Ronda y Málaga cuando hubo hueco para él, Olivenza a principios de año.

Cuatro tardes del abono de Sevilla firmó y cumplió solo la pasada primavera Morante, autor, además, de dos maravillosas faenas, a un toro de los hermanos Matilla y a otro de Cuvillo. Faenas de las que marcan inevitablemente diferencias por su sello singular de toreo de palo mayor, como el de algunos cantes inimitables. Ópera barroca. Ninguna de esas dos faenas tuvo remate con la espada. Pero las dos fueron obras maestras.

En Madrid, que ha sido también su plaza, no tanto como Sevilla pero de otra manera, últimamente solo a cuentagotas, escatimando gastos y gestos y mirando la cosa muy de perfil o frunciendo el ceño. O sin demasiada fortuna en los sorteos. Tres toros de Cuvillo de buena nota la tarde del 17 de junio, en las Ventas, su única comparecencia en Madrid este año. Pues ninguno de los tres vino a sus manos. En este quite o aquel otro dejó su huella y su firma. Lo hace por norma. O lo hacía.

En el circuito de las ferias de segundo nivel Morante sí ha solido sentirse a sus anchas porque, además de torero orfebre, ha sido torero largo, con más capacidad para improvisar que ninguno. Y más repertorio también. Con el toro de Bilbao o el de Pamplona el largo talento de orfebre y hasta su rico repertorio clasicista no consentían  tantas florituras ni tantas intrigas como las del pasado abril en Sevilla. Y eso a pesar de que una faena a un cuarto toro de sanfermines, de Cuvillo, cuenta en la antología de la Feria del Toro. Y a pesar de que con otro toro cinqueño de Cuvillo, de hechuras estratosféricas, también en Bilbao cuajó una tarde de agosto de hace seis años otro trabajo de prodigio.

La despedida de Morante ha venido con mensaje y subtítulos: no quiere saber nada ni de presidentes intervencionistas ni de veterinarios hiperreglamentistas, y en ello va de paso su renuncia y denuncia del toro mastodóntico. No solo el toro del Norte. Con el dedo apunta incluso al toro de Sevilla, que ha venido subiendo palmos de año en año.

En este repentino adiós inesperado y sin marcha atrás no ha contado siquiera que la corrida de destino en Bilbao fuera la de Jandilla, el hierro más veces premiado en la última década. Tanto por corridas completas como por toros sueltos. De todas las ganaderías del tronco original de Juan Pedro Domecq y Díez la de Jandilla es ahora mismo la más regular. Solo el curso pasado, jugada en la siempre desangelada fecha del domingo que cierra Aste Nagusia, fue una de las dos de mejor nota de la semana. El jurado de la Junta Administrativa de Vista Alegre premió la corrida de Puerto de San Lorenzo. El margen de puntos con la de Jandilla sería mínimo.

El último jandilla de 2016, un Mercadito castaño albardado de hechuras insuperables dentro de su tipo, fue para muchos el más completo de la feria. Para elegir la ganadería más completa de la semana no hubo más opciones que las de los dos finalistas. No contaron para nada ninguna de las otras cinco en juego. Pero para elegir el toro de la semana la competición, en cambio, fue muy reñida. Uno de Alcurrucén premiado con la vuelta al ruedo, y cuatro más sobresalientes, de Torrestrella, Garcigrande, Fuente Ymbro y el propio Puerto de San Lorenzo. Y el Mercadito.

De modo que con las caídas sobrevenidas de Manzanares y Morante de los dos carteles de tal vez mayor fuste, y con la sustitución obligada del puesto reservado para Fandiño, la recomposición de nombres alcanza a un tercio del abono y a casi la mitad –tres de ocho- de las corridas en puntas. La sustitución de Manzanares se solucionó en seguida: Cayetano, que hará su debut en las Corridas Generales como matador de alternativa.

Para el puesto de Fandiño se llamó a Curro Díaz, que ya en 2016 entró en el abono como sustituto de Manuel Escribano, en la corrida de Victorino, tan bondadosa y adormecida, y mano a mano con Paco Ureña. Curro se ha sobrepuesto este año a dos percances de cierta importancia, pero se siente en una suerte de edad de oro de su carrera, está toreando más que nunca y casi tanto como el que más y, torero en racha tras largas horas de vuelo, lo ve claro, muy claro. Solo seis días después de la corrida de Bilbao le espera en su Linares natal una cita de particular valor sentimental: mano a mano con Enrique Ponce – ¡los toreros de Jaén!- y toros de Samuel Flores, que ha entrado en la categoría de los criadores proscritos hace tiempo.

De modo que la incógnita estriba en la sustitución tan resbaladiza de Morante. El juego de reemplazos en la última edición de las Corridas Generales resultó un fiasco en toda regla. En las tertulias y mentideros primero, y en la plaza de toros también, la tarde de la corrida de Victorino y en la del mano a mano recompuesto de López Simón y José Garrido, las protestas de censura fueron manifiestas y sonoras. Ese recuerdo aconseja medir con particular tiento la jugada. No es fácil sustituir a Morante. Tampoco imposible. El Juli y Roca Rey tirarán de la taquilla pese a ser martes laborable. Un mano a mano en Bilbao ahora mismo sería de ¡lagarto, lagarto! No caben parches.

Última actualización en Viernes, 18 de Agosto de 2017 09:52