TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "El extremeño Fernando Flores, otro aspirante con ambición"

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El torero de Tierra de Barros convence en la última jornada de selección de noveles. Pero no accede a la final del 12 de agosto. Pablo Atienza, Jorge Isiegas y Adrien Salenc, cartel de finalistas.

Madrid, 5 ago. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 5 de agosto de 2017. Madrid. 50º festejo de temporada. Nocturna. 4ª del Certamen Internacional de Novilleros. Muy caluroso. 4.500 almas. Dos horas y diez minutos de función. Seis novillos de Arauz de Robles. Guillermo Valencia, silencio tras aviso en los dos. Luis Manuel Terrón, silencio tras aviso y división tras un aviso. Fernándo Flores, silencio y vuelta al ruedo. Buenas prestaciones de Pedro Lara y Miguel Martín.

ERA LA ÚLTIMA de las cuatro novilladas del Certamen Internacional, cuya final, con ganado de Ana Romero, está anunciada para el próximo sábado. De los tres últimos aspirantes a entrar en la terna del 12 de agosto fue Fernando Flores el que más crédito ganó. Extremeño de la Tierra de Barros, 22 años, unas cuantas temporadas de rodaje sin picadores y, sin demasiadas oportunidades, tres con ellos. Prometedora su presentación en Madrid el pasado mayo con una de Dolores Aguirre.

Meritoria y distinguida la repetición en las Ventas con dos novillos de Arauz de Robles de muy distinta condición. Un tercero apalancado y topón, que quiso revolverse pero ni eso porque se frenaba. Y un sexto, de la rama Guardiola Soto de lo de Arauz, el más cuajado de los seis de envío, alegre de salida, crudo de varas –y por eso su punto brusco-, fijo en los engaños, noble. Se templó en cuatro lances de saludo Flores, que ya había dejado firma en sendos quites a segundo y quinto, el primero a la verónica –dos y larga- y el otro por chicuelinas ajustadas y airosas rematadas con excelente media.

No cupo otra cosa que abreviar con el tercero cuando se paró el seco. Los méritos llegaron en el sexto y en una faena de notable arranque, toreo en redondo y en la distancia, sin pruebas previas, ligado, ajustado. Parecía fácil. No tanto. Dos tandas más en redondo, acortando distancia, resolviendo bien. Toreo ayudado con la zurda, de buen encaje y recursos. Un desplante entre pitones muy torero. Algún paseo de más. Faena de tensión sostenida y no poca autoridad. Un pinchazo y una buena estocada.

Amplia y desigual la novillada de Arauz de Robles. Dieron juego los tres utreros más encastados, los de huella visible de Guardiola Soto (Gamero Cívico): el segundo, el quinto y el sexto. Dos, reunidos en el lote de Luis Manuel Terrón, que volvía a Madrid un año después de un grave percance la tarde de su debut. El segundo novillo fue el de menos peso de todos, el más bajo de agujas y el más nalgudo. El quinto, el de más romana y volumen. A este quinto le pegó Terrón en el recibo una madejita de verónicas de buen compás, y media barroca, como las del repertorio de Antonio Ferrera.

Más bullicioso que propiamente firme, algo precipitado también, Terrón abusó de los medios muletazos en una y otra baza. De rumbo incierto y larguísimas las dos faenas, que encontraron eco sonoro entre el público de nocturno. Se hizo presente un grupo de paisanos de Higuera de Vargas. O serían vecinos de las colonias extremeñas de Carabanchel, Leganés o Alcorcón. Feos desarmes rompieron el ritmo inseguro de los dos trabajos. Sensación de torero hecho en el campo.

Prudente, elegante, cauteloso, compuesto y despacioso Guillermo Valencia, colombiano de la bella Popayán, que también volvía a las Ventas tras un serio percance hace un año. Lo hirió un bravo y astifino novillo de Guadaira. De rodillas y casi en los medios esperó la salida, a todo gas, del primero de la tarde, estrecho, vareado, astifino y recogido. Fue un gesto. Y una faena, luego, de administrar las fuerzas menguadas del toro, que había romaneado en la primera vara, y de perderle pasos por sistema. Una faena premiosa no sin gotas ligeras de primor. Trabajo, por lo demás, muy repetitivo, de tibio dibujo. Con el cuarto, hondo torito que barría la arena con las borlas del rabo, y toro de lanzarse las manos por delante, se vio un precioso arranque de faena, una bella tanda de tanteo clásico. Y, luego, un muleteo de perder tantos pasos como antes. Corto el aliento, muchas voces, demasiadas pausas sin razón.

Postdata para los íntimos.- El calor.