TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

AZPEíTIA, GUIPÚZCOA. Crónica de Barquerito: "Perera se templa con un gran toro"

Correo Imprimir PDF

Doce años después vuelven a compartir gloria en Azpeitia el torero extremeño y un toro de mucha mejor nota que hechuras de Fuente Ymbro

Dos orejas, vuelta en el arrastre

Sábado, 29 de julio de 2017, Azpeitia (Guipúzcoa). 1ª de San Ignacio. Caluroso. 3.400 almas. Dos horas y cuarto de función. Paseíllo sin música. Un minuto de silencio en memoria de Iñaki Olaizola, miembro de la comisión taurina fallecido el pasado año. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). El quinto, Hostelero, número 138, premiado con la vuelta en el arrastre. Curro Díaz, cogido por el primero –contusión y conmoción- y una oreja del cuarto. Miguel Ángel Perera, ovación en el primero, silencio y dos orejas. Paseado a hombros. Roca Rey, silencio tras un aviso y ovación tras un aviso. Bregó bien con el cuarto Óscar Castellanos. Brillantes pares de Javier Ambel, Curro Javier y Guillermo Barbero. Saludaron los tres.

Azpeitia, 29 jul. (COLPISA, Barquerito)

Se jugaron por delante los tres toros de más cuajo. Dos de ellos fueron, además, los dos complicados de la corrida de Fuente Ymbro. Tardo, probón, aplomado y brusco el primero, que acababa de tomar la edad. Quedado a mitad de suerte, le pegó a Curro Díaz una voltereta tremenda. Curro cayó de espaldas y a plomo. Perdido el sentido, lo sacaron a rastras de la zona de combate. No parecía herido. Después de arrastrarse el segundo toro, se supo que por voluntad propia saldría Curro a matar el cuarto, uno de los dos de nota, no el mejor de los dos, pero sí el de mejores hechuras. Del toro de la cogida dispuso Perera con autoridad y seco valor. No fue del gusto de todos el gesto de valor de Perera, que podía haber abreviado sin más, pero acabó siendo reconocido. Los péndulos fueron la prueba del valor. La mano baja, el detalle que sometió el genio del toro, que no paró de pensárselo.

 

Con Curro en la enfermería se corrieron turnos. El jugado de tercero, segundo de sorteo, otra vez Perera en acción, fue el más ofensivo de los seis. Hondo el cuajo, badanudo, bizco del derecho, acarnerado, salió muy al ataque. Impresión engañosa. Incierto, mirón, de muy irregular aire. Arreones, frenazos, demasiado apoyos en las manos, bastantes taponazos. Anduvo Perera de nuevo muy sereno. Compuesto y tragón, fría la cabeza. Los muletazos primeros de horma, notables, no bastaron. Seria porfía. Una estocada caída y trasera desdijo de la pelea. Esos dos primeros toros del sorteo escarbaron mucho. Lo hizo todavía más el toro del debut en Azpeitia de Roca Rey, que se movió más que los otros dos pero apretó y se acostó más también. Adelantó por las dos manos y por eso Roca estuvo listo para perderle pasos sin dejar de bajarle la mano. Faena de fondo técnico. Obligado, el toro perdía las manos. Dejó de perderlas. No le vio la muerte Roca Rey: cinco pinchazos, entera, dos descabellos.

El panorama cambió radicalmente cuando volvió a entrar en escena Curro Díaz. Pálido, deschaquetado y destocado, huellas de sangre del toro en la camisa y firme el ánimo, El toro empujó en varas y sangró a modo en dos puyazos severos que lo dejaron casi dulce. No lo había visto claro Curro en el recibo de capa. En la primera gavilla de muletazos, sin embargo, ya se había prodigado en su toreo de desmayo y arrebato, sencillo y no tanto, airoso, de rara habilidad y seguras improvisaciones. Quiso siempre el toro, vibró la gente. Una estocada desprendida y con vómito. Sin puntilla el toro, que rodó sobre un charco de sangre y fue muy aplaudido en el arrastre.

La cosa había cambiado de color casi de golpe. No solo porque los tres primeros fueran de pinta negra, y castaños los dos siguientes. El quinto, cinqueño, el único pobre de cara de una corrida bien armada, muy hocicudo, larga la testuz, vino a ser el toro de la corrida. Picado al relance pero en puyazo medido y certero, apretó en el caballo, se vino pronto en banderillas y rompió a embestir en la muleta con prontitud parecida, descolgado, entregado. Alguna escarbadura, mucho mejor el son por la mano derecha.

Por ella desplegó Perera sus talentos en una faena que fue como el cuerno de la abundancia. Por su firmeza, impecable, e imprescindible para dejar ver el toro y lucirlo sin tomarse ventajas. Por su ajuste y su ligazón clásicas. Por el sentido del temple. Ni un enganchón pese a la codicia casi voluptuosa del toro. Y hasta por un punto de desgarro nuevo en Perera, que dominó las distancias sin esconderse y se acabó enroscando el toro en muletazos despaciosos, bien rematados. Con el ritmo de toro y torero en conjunción la gente entró en júbilo. La banda, tan afinada como suele, puso su grano de arena. Una excelente estocada, muerte de bravo del toro junto a las tablas pero despegado de ellas. Asomaron a la vez los tres pañuelos: dos blancos –las dos orejas- y el azul, para la vuelta al ruedo del toro, que Perera subrayó aplaudiendo.

El sexto galopo de salida, pero enterró pitones, estuvo a punto de sentarse, se dolió mucho en banderillas después de haber esperado apalancado. Roca Rey hizo intención de brindar, pero desistió. Una faena de buena resolución, logradas dos tandas de ayudados con la zurda de trazo largo, más pausas de lo previsto y todo el trabajo, a la sombra inevitable del triunfo de Perera. Media estocada, un descabello.


 

Última actualización en Lunes, 31 de Julio de 2017 07:45