TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Jorge Isiegas, otro candidato con aspiraciones"

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En la segunda prueba del Certamen Internacional, el novillero aragonés, nuevo en Madrid, hace gala de una firmeza llamativa

Dos novillos de nota de Guadajira

Madrid, 22 jul. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 22 de julio de 2017. Madrid. Plaza de Las Ventas. 49ª de temporada. 2ª del Certamen Internacional. Nocturna. Templado. 5.000 almas. Dos horas y media de función. Cinco novillos de Guadajira (Ángel Muñoz) y un sobrero -5º- de Couto de Fornilhos (Pablo Hernández). Pablo Robina “Pablo Atienza”, vuelta tras aviso y silencio. Jorge Isiegas, saludos tras aviso y una oreja. Joao Silva “Juanito”, silencio tras un aviso y saludos. Atienza, de Segovia, e Isiegas, de Zaragoza, nuevos en Madrid.

LOS DOS NOVILLOS jugados por delante, de hechuras bien distintas, salieron buenos de verdad. El primero, colorado capacho, corto de manos, galopó y descolgó, más pronto y noble que poderoso; el segundo, quinto de sorteo pero jugado de segundo bis a turno corrido, de hondo cuajo, casi 550 kilos, muy abierto de cuerna, sobrevivió sin duelo a un volatín completo, embistió brioso y por abajo, repitió a modo. Fueron los novillos del debut en Madrid de un Pablo Atienza, de la dinastía de los picadores Atienza, y del zaragozano Jorge Isiegas. El segundo de sorteo, el del estreno en rigor de Isiegas, brocho, cornicorto y astifino, salió descoordinado del primer puyazo y fue devuelto.

Sorprendió el buen manejo de los trastos de Atienza. En la biografía oficial, la del programa de mano, figura su aprendizaje en la escuela taurina de El Espinar, dirigida por Antonio Sánchez Puerto. Tal vez sea la pista para entender tanta soltura. Distinguida manera de volar el capote y, sobre todo, la muleta. Una faena de más sello que asiento, liviano encaje, gracia codillera en los remates de pecho, muletazos largos por las dos manos, la ligazón relativa del toreo de perder pasos. Presencia sensible y sonora en las gradas de gente de Collado Villalba, donde se afincaron los Atienza picadores, y apoyo casi incondicional para Pablo, que cobró una defectuosa estocada atravesada. Torero con tablas. Sabe andar por la plaza.

Isiegas se hizo en plaza con un valiente quite por saltilleras en el novillo del debut de Atienza. Bien acoplado y realmente firme con el excelente novillo de Guadajira, el mejor de la noche. Tres tandas en redondo citando de largo y aguantando, las tres de cuatro de mano baja y el remate cambiado. En corto y por la izquierda no fue tan claro el novillo, y tocó perder pasos. Un final de alardes: el circular cambiado. Bajó de contenido la faena, tan ardorosa. Una estocada trasera soltando el engaño y cuatro descabellos.

Y luego cambió el signo de la novillada. Un tercero de espectacular pinta –sardo, según la ficha veterinaria, y en todo caso pinta veragüeña, salto atrás en todo lo que procede del Marqués de Domecq- pero con más escaparate que fuerza, aplomado , rebrincado, noblote. Lo abrió mucho un decidido Juanito, el novillero portugués de Monforte, la tierra de los Moura. Es hijo de uno de los auxiliadores predilectos del gran Joao. Una faena corta, en función del toro. Marró el puntillero, el toro se resistió a doblar. Las tres primeras faenas se saldaron con un aviso. Hora y media de función cuando se soltó el cuarto de sorteo, el de tipo más desproporcionado, tres puyazos severos, parado a las primeras de cambio, apagado. A toro parado, Pablo Atienza se metió entre pitones en péndulo. Un pinchazo, una estocada caída.

El sobrero, sangre Atanasio, del hierro de Couto de Fornilhos, recogido de cuerna, salió brutote, noble. Se entendió con él Isiegas en una porfía resuelta, decidida, poderosa en la primera mitad de faena, más para la galería la segunda –desplantes, circulares, algún cambio de mano inesperado- y recibida con júbilo. Una estocada letal soltando el engaño. La primera oreja del Certamen Internacional. Con un toro atanasio sobrero dentro de una corrida Domecq.

Juanito salió arreando con el sexto. De rodillas no a porta gayola sino bastante más allá de la segunda raya, valientes temeridades en el recibo, una segunda larga cambiada en el remate, un quite airoso por saltilleras y gaoneras y una faena de rotunda decisión, aguante despatarrado, cierto retorcimiento pero también temple bueno. Y el mérito de hacerle todo eso a un novillo tardo y apagado, voluminoso y bien armado.

Postdata para los íntimos.- La historia de los Atienza en varias entradas de Internet que estuve revisando esta mañana no está del todo clara. Ni siquiera el grado de parentesco de este Pablo Atienza novillero que la noche del sábado debutó en Madrid. Con el difunto Rafael Atienza, padrino de bautismo de Panlo, tuve cierta relación -simpatía mutua, coincidíamos en muchas ferias y hoteles- y por él supe cómo había dos ramas de Atienzas sobre un raíz común. Rafael hablaba muy bien. ¿Habéis oído hablar de aquellos picadores que eran auténticos señores? ¿De Martín Toro, del Rubio de Quismondo, de Epifanio Mozo,de Rafael Muñoz, Antonio Saavedra y largo etcétera? Gente de categoría.
A los tres Atienza que más veces vi picar fue a Rafael y a sus primos, Paco y Manolo. Manolo era un pedazo de pan. Paco es de los iba a decir cinco y digo tres mejores picadores que yo he visto en mi vida. Ninguno más certero, qué puntería, así de bajito -ni el 1,60- pero un brazo que rompía al toro que fuera y gobernaba al caballo que fuera. Un genio. El día que se despidió, toreaba con Barrera, tuve el gusto de saludarle y estrechar admirado aquella mano. Sentí mucho la desgraciada muerte de Rafael, y la de su hijo Julio, a quien no traté. Este Pablo del sábado me parece que tiene calidad. El picador del cuarto novillo se llamaba Álvaro Atienza y no hizo honor a la fama de la dinastía. Una mala noche la tiene cualquiera. O sería el caballo, que se deslumbraba y volvía. O las dos cosas.
Rafael fue voz autorizada y escuchada en el sindicato de picadores y banderilleros. Cubrí algunas de aquellas asambleas calientes -Salcedo ponía en pie al auditorio con sus soflamas, era un gran orador- y Rafael tuvo la gentileza de hacerme aparte confidencias e indicaciones sobre el asunto. Para que no metiera la pata. Al cabo del tiempo, un año después, de nuevo en asamblea, Rafael, recién vuelto de América, al tiempo que me estrechaba la mano me puso en ella un sobrecito. "Es para ti y para siempre, y no digas nada". Era una moneda de plata de ley comprada en Colombia. La guardo como un tesoro. Creo que lo es. Guardo, también, los recuerdos de Rafael en Garcigrande -cuando la ganadería era del Vizconde- porque los contaba muy bien. Tenía una voz preciosa. Pero picaba en silencio. Como la inmensa mayoria.
A propósito de los picadores magros, como Paquito Atienza o Ambrosio Martín, me gusta señalar que en las nuevas generaciones hay dos que llevan el mismo camino: Paco María y Oscar Bernal. Y más que habrá..
Última actualización en Lunes, 24 de Julio de 2017 08:36