TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

PAMPLONA. Minuto Cero. Crónica previa de San Fermin 2017. Por Barquerito: "Roca Rey, papel estelar de San Fermín"

Correo Imprimir PDF

El joven peruano, uno de los tres triunfadores de 2016 en Pamplona, único espada que dobla en la nueva edición de la Feria del Toro

El toro será una vez más protagonista

Pamplona, 4 jul (COLPISA, Barquerito)

MIENTRAS PABLO HERMOSO de Mendoza siga en activo, el prólogo de San Fermín, en la tarde del chupinazo, seguirá siendo una corrida de rejones en terna y con toros de encaste Murube. El día en que Pablo ceda el testigo a su hijo Guillermo, que ya está emulando a su señor padre, poniendo caballos y toreando, lo más probable es que la fórmula se repita. No hay que ser adivino para predecir que antes o después Pamplona será el escenario de la alternativa de Guillermo Hermoso con padre padrino. Una pirueta.

Desde el día en que Pablo Hermoso se aupó a la cima, la novillada obligada del abono pasó a convertirse en festejo de víspera y en horario seminocturno. Solo la gente de casa, “los de aquí”, diez mil y pico gentes o más, asistencia llamativa de muchos menores, y todo eso un día antes de estallar el 6 de julio el cohete y la fiesta. Contra pronóstico, la novillada ha ido ganando protagonismo y carácter propios. El cartel de este año ha primado a los toreros del país –Javier Marín y Toñete- pero ha dejado un hueco a un novillero venezolano de arrollador estilo, Jesús Enrique Colombo. Lo hace todo sin artificios ni postureos: torear de capa con buen son, banderillear como si con los rehiletes partiera los novillos en dos mitades, atacar sin tregua con la muleta e irse detrás de la espada. “Como una vela”, decían los clásicos.

 

El cogollo, la crema, la salsa y el tomate de los sanfermines se sirven a partir del 7 de julio, una de las cinco fechas cimeras del calendario taurino español. Entre el 7 y el 14, cuando el “¡Pobre de mí!” a la luz de las velas, las ocho corridas de un programa que garantiza la presencia de casi medio centenar de toros del arma de artillería, a todos los cuales, salvo rarísimas excepciones, se les hace pasar una prueba capital: el encierro de las ocho de la mañana, que es tan parte de la fiesta y del espectáculo como la propia corrida de las seis y media de la tarde. Una corrida suele ser una incógnita más o menos previsible. Un encierro, no.

Cuarenta y ocho toros en los corrales del Gas. El viernes próximo, primer encierro, se vaciará un corral que ocupará casi de inmediato la última de las corridas de la octava, que será, como tantas otras veces, la de Miura. Pamplona es la única plaza española donde pervive la antigua costumbre del manifiesto de los toros. Se pueden visitar los corrales a diario, en horario generoso y a precios mínimos. Niños, gratis. Cada año crece el número de menores curiosos y observadores. El rito de contemplar un toro desde el otro lado de la cristalera es un factor más y no el menor entre cuantos componen la liturgia tan particular de la bien llamada Feria del Toro. Sin toro no se entendería San Fermín. Entre pesimistas, agoreros y negacionistas se ha hecho célebre la versión navarra de una frase del cine clásico: “Siempre nos quedará Pamplona…” (Bogart, Bergman, Casablanca).

En el reparto de actores, veintitrés matadores de toros, que pertenecen a tres generaciones distintas. Nueve, de alternativa tomada entre 1995 y 2001: Padilla, Rafaelillo, Antonio Ferrera, Eugenio de Mora, Curro Díaz, Juan Bautista, Sebastián Castella, El Fandi y Javier Castaño. Siete de una generación de transición, doctorados entre 2004 y 2009: Miguel Ángel Perera, Manuel Escribano, Alejandro Talavante, Paco Ureña, Rubén Pinar, Cayetano y Pepe Moral. Y otros siete de las recientes hornadas, entre 2012 y 2016: López Simón, Javier Jiménez, Román, Gonzalo Caballero, José Garrido, Roca Rey y Ginés Marín.

El peruano Roca Rey, consagrado tras deslumbrar en los sanfermines de 2016, es el único torero anunciado a dos tardes y en carteles de su elección. El Juli, cuyos registros en Pamplona son proporcionalmente insuperables, es la única baja sensible en la edición de ahora. Invitación declinada por Julián, que ha preferido descansar este año. No había faltado nunca a San Fermín. Otros toreros mayores del escalafón –Ponce, Morante, Manzanares…- no han ocultado nunca su escaso apego por el ambiente y el toro de Pamplona.

De las ocho ganaderías anunciadas en 2016 repiten este año siete: Cebada Gago, José Escolar, Fuente Ymbro, Jandilla, Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo y Miura. Su pedigrí sanferminero no es el mismo. Miura y Jandilla son los hierros clave, y reyes de la estadística. Las proporciones de encastes presentes son puro equilibrio: cuatro ganaderías de encaste Domecq y cuatro no Domecq. Una de encaste Núñez, Cebada; otra, de Saltillo-Albaserrada, José Escolar; Miura, siempre punto y aparte; y, en fin, novedad en Pamplona, el hierro de Puerto de San Lorenzo,  encaste Atanasio-Lisardo Sánchez.

Con la excepción de la corrida de Miura, puesta en manos de expertos o especialistas, y de la de Fuente Ymbro, donde se ha acomodado una versión  forzada de terna de banderilleros, los carteles han buscado acoplar caras conocidas y reconocibles con las de toreros jóvenes. No tan nuevos en el caso de Cayetano, uno de los cinco debutantes en Pamplona. Una, otra, circunstancia excepcional: los precios de billetes y abonos se mantienen inalterados desde 2007. ¿Gratis total? Solo el encierro. No es poco.

Postdata para los íntimos.- Vista desde la via férrea, la catedral de Tudela gana en prestancia sobre cualquier otro edificio. Como en tantas ciudades de arraigo medieval y coexistencia de tres sectas -cristianos, moros y judíos-, el caserío es una piña inextricable. La torre mayor de la catedral, torre mocha, no se parece a ninguna otra. La última vez que estuve en Tudela iban muy adelantadas las obras de rehabilitación del templo. En mi humilde opinión esa catedral es tan original que solo por sentirla por dentro vale la pena acercarse. El espacio interior es fantástico. Los mármoles, también. Y, luego, la plaza de los Fueros, que es, entre todas las de su género, la más equilibrada. El quiosco de música tiene acústica propia. En las noches de fiesta -Santa Ana- la banda se pierde con un vals interminable llamado "La revoltosa". Baile casi de derviches. Tudela es ciudad natal de dos músicos importantes: Gaztambide y Remacha. Y, en fin, las mesas llenas de verdura. La huerta más rica de Europa, dicen. Tal vez legado árabe. No lo sé. Pero ese tomate del país, esa alcachofa de la temporada, el pimiento de cristal, la cebolleta.  Y tal. Por el camino verde que remonta el río no parece tan rica la tierra. La modestia tudelana.

Las cigüeñas han tomado todas las torres medio caídas de los edificios de Castejón de Ebro. Cientos de ellas. No tantas como en Alfaro o en SAn Juan del Puerto. También aquí anidan en torres de luz. Es triste la imagen de las casas de labranza con techos caídos a pedazos. El castillo de Olite parece un pegote, pero no.
Hace en Burlada un calor severo. Un siroco. Los barrenderos llevan casco.

 

Última actualización en Miércoles, 05 de Julio de 2017 12:18