TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

MADRID. Crónica de Barquerito: "Un distinguido éxito de Iván Vicente"

Correo Imprimir PDF

En la primera corrida del verano en las Ventas, el torero de Colmenar se entiende más que bien con un noble sobrero de Rocío de la Cámara

Corrida monumental pero apagada de Martín Lorca

Madrid, 25 jun. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 25 de junio de 2017. Madrid. 46º festejo de temporada. Encapotado, templado, agua de calabobos a partir del segundo toro. 4.000 almas. Dos horas y veinticinco minutos de festejo. Un minuto de silencio en memoria de Gregorio Sánchez. A su memoria brindaron Uceda Leal e Iván Vicente. Cinco toros de Martín Lorca y un sobrero -6º- bis de Cortijo de la Sierra (Rocío de la Cámara). Uceda Leal, saludos en los dos. Ricardo Torres, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos. Iván Vicente, aplausos  tras aviso y una oreja.

Brega buena de Juan Contreras con el sobrero. Pares notables de Antoñares, Venturita y el Tito Robledo.

UN PROMEDIO DE 600 kilos dio en básculas la corrida de Martín Lorca. O sea, que fue monumental. El quinto fue el toro de más alzada jugado en las Ventas en lo que va de año. Y el que hizo lote con él, el único que bajó de los 600, cinqueño cuajado, uno de los más anchos de todo ese tiempo. El cuarto, uno de los tres cinqueños del envío, fue el más serio de los seis. Más incluso que el gigante. Un primero de golosas carnes, muy rellenito, un tercero demasiado cargado de peso también y un sexto de culata absolutamente desproporcionada. No pudo con ella ni el propio toro, bajito y corto de manos, muy largo también.

Tal fue el escaparate de la primera corrida del verano en Madrid. La primera o la última, ya se verá: hay pleito pendiente y candente y habrá urgente solución. Ni un quinto del aforo cubierto, no asomó el sol en toda la tarde, se honró la memoria de Gregorio Sánchez con un minuto de silencio mal respetado. Poca gente.

Se dejaron sentir mucho los de Colmenar Viejo. Toreaba el torero del pueblo, Iván Vicente, y dio motivos para el jaleo y los subrayados porque estuvo muy firme y entero, y toreó muy bien. Muy bien, sobre todo, al toro inesperado: un sobrero de Rocío de la Cámara, cinqueño, negro rabicano y girón, que llevaba en los corrales de las Ventas desde el primer día de San Isidro. Visible el cruce de sangres Núñez y Osborne en ese raro toro chatito, diadema tupida como un bisoñé, engatilladito, estrecho de sienes, corto de cuello, cara de bueno.

El toro hizo de salida lo propio de los que han sido enchiquerados más de una vez y más de cinco y casi diez: escupirse del caballo, buscar salida entre la tropa toda, corretear y deambular, todo eso, hasta que lo fijó y dejó ver en la brega de banderillas Juan Contreras, que lidiaba. Toro de mucha nobleza, no tanto poder, embestidas caramelosas al ralentí, que no son sencillas si no se tiene temple.

Muy bonita la faena de Iván Vicente. Medida y cumplida en seis tandas. La primera, de rodilla genuflexa, horma y tanteo por las dos manos, fue anuncio de lo que  vino después. Son creciente en el toreo en redondo, acoplado, ajustado. Y calmas mayores en el toreo al natural, ligado, bien rematado. La tanda previa a la igualada de solo dos y el de pecho fue soberbia. Un punto trasera una estocada de ley. Un aviso, ¡ay!, por culpa de pausas o paseos, un descabello y una oreja bien ganada.

De todo lo visto hasta la hora del sobrero, lo de más mérito y brillo había llevado también la firma de Iván Vicente, decidido, firme y compuesto con el tercero de Martín Lorca, que, un punto áspero, tardeó, escarbó y se quedó corto, la cara arriba. No fue faena de tirar líneas ni soplar velas. El esfuerzo fue veraz, meritorio y serio. Para más no dio el toro.

Tampoco ninguno de los dos de Uceda Leal, ausente de las corridas de primavera de Madrid por primera vez en mucho años y repescado para esta no se sabe si ocasión u oportunidad. Muy fácil con el gordísimo torote que abrió desfile, y todavía más tranquilo con el inmenso cuarto, que se le puso por delante demasiado pronto. Le pegó algunos muletazos espléndidos, de firma propia: uno por alto en la apertura extraordinario, tres en redondo tomando en corto al toro muy templados. Y una media estocada perpendicular, y no una entera de las suyas. Gentil el público con el torero de Usera.

Menos toreado que Uceda o Iván Vicente, el zaragozano Ricardo Torres, que es torero de sensibilidad original, acusó la falta de corridas, y más en prueba tan espinosa como esta. El anchísimo segundo, muy distraído, se frenó y apoyó en las manos, topaba. Y se puso por delante cuando Torres montó la espada sin fe. Cinco pinchazos, dos descabellos a toro crudo. Con el altísimo quinto dio la cara. Vergüenza torera: un quite por verónicas, dos, muy añejas o antiguas, y media de remate. Y una tensa faena de mucho tragar porque, cuando se paró, el toro gigante no hizo más que desparramar la mirada y apuntar. El pitón derecho le llegaba a Torres a la altura de la hombrera. Se aguantó. Acabó la breve pelea, bien resuelta, con un desplante de rodillas frontal. Otra imagen añeja. Cuando estaba casi cuadrado el toro, salió por la bocana del 8 bajo una japonesa y se distrajo el toro. Costó volver a igualarlo. Una estocada delantera y desprendida. Se echó el toro. Marró el puntillero y lo levantó. No descubría el toro. Nueve intentos con el descabello, dos avisos y la crueldad de circo romano propia de tales ocasiones.

Postdata para los íntimos.- Gregorio Sánchez tomó al alternativa el mismo día que yo cumplí diez años. Pues todavía me acuerdo. Y del día que la confirmó, también, porque escuchaba en Radio Intercontinental las crónicas del Tío Caniyitas (alias de José María Gaona, que tenía una preciosa voz y hacía la literatura radiofónica tan de aquella época). Una cornada en Sevilla, una oreja en Madrid.
No vi ni la célerbe corrida del Montepío de los seis toros en hora y cuarto -¡qué maravilla!-, pero la recuerdo, con los dibujos de Cañero en El Ruedo. y la crónica de Cañabate en ABC, y recuerdo la amarga despedida de seis toros porque la gente lo trató con desapego notorio. Cuando fue telonero de El Cordobés, supo serlo el tiempo preciso. Los Michelines, Agustín Julita y el Tano, sentían por él una gran admiración.
¿La ultima vez que lo vi? Fue en el jardiincillo de la plaza de Lachepaillet, en Bayona, una mañana de septiembre. El Juli mano a mano con un primerizo Castella. Y la gente, con Castella más que con nadie. Al finalizar la corrida, me atreví a comentarle: "¡Qué injusto el público! ¿no?". "¿Qué quieres que te diga? Así son estas cosas".