TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ALICANTE. Cronica de Barquerito: "Un toro de bandera de Cuvillo"

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Corrida en conjunto de sobresaliente nota

Toros prontos y nobles, de rico motor y llamativa fijeza

No cuaja el intento de El Fandi de provocar un indulto

Todas las faenas, de una sola oreja, salvo la de Cayetano, que pinchó

A hombros Talavante y, generosamente, el  propio Fandi

 

Jueves, 22 de junio de 2017. Alicante. 2ª de Hogueras. Estival. 7.500 almas. Dos horas de función y treinta y cinco minutos de función. Seis toros de Núñez del Cuvillo. El primero, Arrojado, número 187, premiado con la vuelta al ruedo. El Fandi, oreja tras un aviso y oreja tras dos avisos. Alejandro Talavante, oreja y oreja tras un aviso. Cayetano, una oreja y ovación. A hombros El Fandi y Talavante. Buenos pares de Joselito Rus y Alberto Zayas, que saludaron

EL PRIMER TORO DE Cuvillo fue extraordinario. No un ciclón porque en sus incansables embestidas primó el buen son. Pies, muchos pies, galopes y repeticiones incansables,  entrega y prontitud infinitas. Solo un puyazo, pero antes de él se había pegado ya una docena de viajes haciendo el surco. Después del puyazo insistió El Fandi en el capeo de repertorio. Antes de la sola vara, dos largas cambiadas de rodillas en tablas, tres verónicas de desigual reunión, tres chicuelinas, la serpentina con su revolera, un galleo de costado y una larga que dejó al toro en suerte. No todo a la vez, sino cosido.

A todo quiso el toro. Después de la vara, otro surtido: los lances del Zapopán, un intermedio de chicuelinas de costado y una larga afarolada. En banderillas, sin reposo en la transición, el toro siguió galopando con el mismo estilo de salida. Tres pares de El Fandi, que tuvo que emplearse. Luego, vino una faena larguísima, de casi una decena de tandas, y todas ellas bien nutridas, fluidas, acompasadas, interrumpidas o abiertas con una sobredosis de molinetes o de alardes de rodillas que rompían la línea de la faena pero no el ritmo del toro.

No fue sencillo tener en la mano tanto toro. Pudo El Fandi, que a partir del medio centenar de muletazos empezó a acariciar la idea de provocar el indulto. La provocación consistió en dejar en reposo al toro después de tantas carreras. Y entonces pasó que el toro se abrió discretamente y apuntando a tablas. Ese  mínimo lunar bastó para que el palco se enrocara. La petición de indulto fue discreta. El toro murió de bravo por si quedaba alguna duda. Se llamaba Arrojado, de reata donde el indulto ha sido frecuente. Toro de coleccionistas.

Al aire de ese primero no llegó ninguno de los otros cinco, pero la corrida de Cuvillo, de buenas hechuras, salió tan noble como ganosa y no hubo toro que no diera juego. Problemas menores; el primero de Talavante echó  la cara arriba un par de veces; el tercero, Cayetano en turno, claudicó de partida no poco; el cuarto, un jabonero barroso algo zancudo, peleó sin desmayo pero fue el que menos humilló de todo el envío; el quinto se pegó un volatín completo y enterró los pitones un par de veces, acabó rendido en embestidas agónicas; el sexto, bizco, el más ofensivo, un cuerno derecho más que respetable. De modo que embistieron los seis. No pasa todos los días.

Talavante, sobrio y centrado con el noble segundo, abundó en los cambios de mano, se puso serio con la zurda pero no toreó con su ajuste habitual, a suerte cargada dibujó soberbios pases de pecho ligados con el natural. Se prodigó en pausas gratuitas. Entonces, y todavía más con el quinto toro, tan gacho como astifino, el que enterraba pitones y perdió la punta de uno de los dos. Bien abierta la faena con un ayudado por alto clásico, Talavante buscó torear despacito. La falta de motor del toro no justificaba el intento. Un final a lo Tancredo produjo el delirio.

Para entonces se habían repartido orejas generosamente. A El Fandi le dieron la del cuarto sin petición y después de haber sonado dos avisos al cabo de faena de bullir y bullir. Sería para compensar el gasto en banderillas, cuatro pares, o su entrega sin condiciones, un no parar de muletear, a ratos maquinalmente. Talavante tenía ya el botín de una oreja. Y otra del quinto. A Cayetano le pareció poco el premio de una oreja del tercero –lo mató por arriba de excelente pero heterodoxa estocada- y la tiró contra el estribo antes de dar una vuelta al ruedo celebrada. Ese toro tercero se movió muchísimo, como un chorro, y Cayetano supo aguantar sin perder terreno, solo que desplazando al toro más de la cuenta. Estaba por salir la foto de los tres espadas a hombros, pero a Cayetano, apurado con la casta del sexto, pero resuelto y en busca de variaciones, le falló ahora la espada. Dos pinchazos y una estocada. Y salió a pie.

Postdata para los íntimos.- La puerta de al lado del Rambla, donde duermo, es la de Eutimio, que fue el año de la fundación, 1935, una imprenta-papelería ilustrada,y todavía, pero fue derivando hacia el material de pintura y dibujo. Hay en el escaparate golosas cajas de pinturas. De lápices de colores, de estilográficas y rotuladores. En una barra acristalada se reproducen todos los premios que Eutimio ha ido cosechando como comercio ejemplar. La pena es que en una reforma de hace veinte años o así se cargaron el rótulo original y la renovación no fue feliz. El olor de la tienda es de papel de cedro. O de cartulina alemana, de acerado aroma. El orden, impecable.
Donde había hasta el año pasado, en esta misma calle de Torregrosa, un mesón alicantino muy peleón pero muy simpático, ha abierto un comedor eco que se llama El Palé. porque las tablas de las mesas son en su mayoría pales de almacén reconvertidos y pintados con gracia. He comido en una mesa circular azul celeste, no un palé sino un carrete de aquellos que parecían ruedas de molino. Una gran rueda. Hay buen vino de Alicante, porque aquí la uva es excelente, sobre todo la de vid de monte, y la ciencia vinatera data de la conquista romana. Los romanos llamaron a Alicante "Lucentum". Tal vez Almería sea todavía más luminosa que Alicante. No lo sé. Pero los romanos no llegaron a Almería. O lo harían de noche.
Además del vino, en El Palé hay verdura fresca a la parrilla: tomates que saben a tomate, y berenjenas berenjenas, y cebolla de la tierra, y espárragos verdes crustantes. El pimiento de los dos colores, el triste calabacín. La parrillada viene envuelta en un montón de pastel. En la copa, los espárragos cruzados en aspa, la cruz de San Andrés, y en la base las rebanadas de pimiento rojo. Sobre ellas, la berenjena, que es buena para todo. Mucha silla estilo Ikea. Y una decoración dedicada solo a títeres. ¿Ruido? El de Alicante. Dije "donde duermo" y tenía que haber dicho "donde los conciertos del tinglado de Alfonso El Sabio" no me deja dormir.
Mañana hablaremos del turrón. De Jijona y no de Alicante.