TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un emocionante homenaje a Iván Fandiño"

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Paseíllo sin música, un tremendo minuto de silencio, dos más de ovaciones con toda la gente de pie

Y, luego, una novillada de muy buen juego

El venezolano Colombo, arrollador

Cumple brillantemente el ecijano Ángel Jiménez

Temple del colmenareño Ángel Sánchez.

Madrid, 18 jun. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 18 de junio de 2017. Madrid. Final de triunfadores del ciclo de novilladas. Bochorno. 10.340 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Las banderas, a media asta en señal de duelo por la muerte de Iván Fandiño. Un minuto de silencio en su memoria. Cuatro novillos de José Luis Marca y dos -5º y 6º- de El Cortijillo (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano), que completaron corrida. Ángel Jiménez, saludos tras aviso en los dos. Ángel Sánchez, palmas y saludos. Jesús Enrique Colombo, silencio y una oreja.Buena brega de Marco Galán. Pares notables de Iván García y el Tito Robledo.

EL PRÓLOGO FUE de una seca pero insuperable emoción. Por la megafonía se avisó que el minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño debía cumplirse íntegramente y que el pañuelo blanco de presidencia ordenaría su principio y su final. No habría hecho falta. Cuadrillas, areneros y mulilleros hicieron el paseo descubiertos y en silencio sepulcral. La banda de música no atacó su habitual “España cañí”. A medida que la tropa se acercaba a su destino, la gente se fue poniendo en pie, y en pie todo el mundo luego a lo largo de ese minuto tremendo. Un nudo en la garganta.

 

Al cumplirse el tiempo, estalló una ovación no de un minuto sino de dos o más, que iba por Fandiño. Todavía se estaban retirando las mulillas cuando, tras el golpe de bombo, la banda se arrancó con los compases de “La gracia de Dios” en versión tan solemne y despaciosa que parecía una oración fúnebre.

En el tendido 7 en una humilde pancarta manual se leía: “Iván Fandiño, siempre en el recuerdo”. Un lazo negro de luto era toda su firma. La pancarta, prendida de la barandilla de la grada, estuvo presente toda la tarde. Los tres espadas brindaron a la memoria de Iván los tres primeros toros. Los tres brindis se subrayaron con caras emociones crecientes. Palmas batidas cuando se adivinó la intención del brindis y ovación de gala cuando, la montera apuntada al cielo, tanto Ángel Jiménez como Ángel Sánchez y Jesús Enrique Colombo, escenificaron la dedicatoria con gestos conmovedores.

Tal fue el adiós tan sentimental de la plaza de Madrid al torero de Orduña. En fecha tan inesperada como esta, la última de una primavera que en solo siete días se ha plantado en casi los 40 grados. Este era, además, el cuadragésimo festejo taurino contando desde el primero de mayo. Una novillada de José Luis Marca para los tres aspirantes con mejores notas en su estreno de 2017 en Madrid. Un prematuro veterano Ángel Jiménez, 25 años, sevillano de Écija, que ha toreado muy poco pero no lo parece; otro Ángel Sánchez, de formación en la escuela de los Cancela en Colmenar Viejo, que aspira a torear muy despacio, y en el camino está; y el venezolano Jesús Enrique Colombo, grandes facultades, arrojo infinito, tablas, temple y bragueta.

El Ángel ecijano tiene excelente sentido del toreo, y al hilo del pitón, donde es tan difícil hacerlo, dio con la colocación perfecta para ligar tandas bien tiradas por las dos manos con un cuarto novillo de llamativa nobleza y también con un primero jabonero que quiso bien pero no tanto. Bastante despegado, pero a suerte cargada, una combinación nada común, paciente para ir construyendo faena y al tiempo llenando plaza, calmoso y expresivo, algo despatarrado a veces, Jiménez llegó y convenció. Se pasó de tiempo. Exceso de novillero ambicioso. Al hilo del pitón y a suerte cargada toreaba muy bien uno de sus dos apoderados, José Luis Moreno, que tiene en su pasado dos salidas a hombros en Madrid.

El Ángel de Colmenar se vio sorprendido por el motor incontenible de un segundo novillo jabonero de José Luis Marca que embistió sin freno ni desmayo, como un torrente. No fue por tanto sencillo. Hubo muletazos embraguetados de calibre y calado, también los hubo dibujados o acompañando la inercia del toro, faltó la tanda redonda de autoridad. Con el quinto, de El Cortijillo, la labor fue más redonda. Facilidad solo aparente, muñecas muy poderosas, alguna tanda cortada antes de tiempo, pases de pecho soberbios, el vicio de cargar la suerte a cabeza pasada. Una notable seguridad.

Y, en fin, el venezolano Colombo, casi inédito con un tercero de corrida que se paró en seco en la muleta, fue, con el sexto cortijillo, como una fuerza desatada de la naturaleza, pues, siendo torero de escuela y lo lleva en el sello, es también torero telúrico: lances  de giro y revuelo raudos pero redondos, pares de banderillas en cuarteos en corto y reuniones apretadas, los rehiletes clavados como puñales arriba, los brazos sacados muy de atrás, el salto soberbio en escorzo, y una muleta bien gobernada, de mucho poder. Y la estocada de la tarde. Una oreja.

Postdata para los íntimos.- Saludos. Un recuerdo de Fandiño.

 

Última actualización en Domingo, 18 de Junio de 2017 22:04