TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Desde Bilbao, "Los Timbales" de Paco Cerezo: "Comentando San Isidro"

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TIMBALES


Tras la tregua de los centauros volvió la fiel infantería, el día del santo Patrón, quien nos regaló buen tiempo para facilitar que se llenase el coso venteño.

En él, Curro Díaz, Paco Ureña y López-Simón, ante astados de Montalvo, con denominación de origen Domecq, como tantas ganaderías de la cabaña de bravo, mansas. ¡Que paradoja!

Se escapó de la quema el cuarto, con clase y repetidor. Un toro excelente.

Curro Díaz lució a la verónica y galleando por chicuelinas primorosas.

Cumplió en su primero y en su segundo, su faena de muleta no alcanzó el nivel esperado.

Sobresalieron dos naturales de frente y trincherazos firmados con gracia.

Bajonazo que el público rechaza. Pese a todo, hizo lo más torero de la tarde.

Quizá la faena realizada por Curro tuvo más continente que contenido.

Paco Ureña, que recibió un golpetazo tremendo contra la barrera, se puso hasta el aburrimiento en los dos suyos.

López-Simón parece no haber cogido la forma, sin saber qué hacer con aquello y en manos de la vulgaridad. Aquí, ni contenido, ni continente.

Encima, estaba la parroquia intransigente.

De esos días que salen de no.

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Corrida de Lagunajanda (denominación de origen Domecq ¡Que casualidad). Pistonuda, pitonuda, bien armada. Como para ir a la guerra.

Pero la casta y la bravura se quedaron en la dehesa.

El primero blandeó ostensiblemente. Los mejores, segundo y tercero. Poco que rascar.

Juan del Álamo, Fortes y Román, sus presuntos matadores.

Del alamo, con el peor lote se empeñó en una batalla perdida y la perdió.

Hizo caso omiso del “hasta aquí!” de Las Ventas, que sabe tanto de esto y de palmas a la brevedad. Peor para él.

Fortes y Román se pegaron el arrimón correspondiente, ante un cónclave encogido y con el corazón en un puño.

Encima Fortes terminó su faena con unas bernardinas o abominables de escalopina.

La espada, su asignatura pendiente. El mal uso de ella le privó de una orejita.

Lo mismo se puede decir de Román, el arrollador torero valenciano que con ambas manos logró unas pasadas, cada una un susto.

Matando hizo una escabechina.

Y más de media entrada

¡La afición de Las Ventas es mucho!

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Corrida de Fuente Ymbro y, como siempre, procedencia Domecq. Bien presentada, pareja, con un excelente cuarto toro.

Corrida áspera y mansita.

Cumplió el Fandi en su primero, en el que el presidente le negó poner un cuarto par y lo puso por narices en su segundo, entre la algarabía popular.

El Fandi no es Morante, pero a su estilo estuvo entregado, logrando algunos naturales de mérito. Valiente y bullidor. Estocada baja y petición de oreja.

Miguel Perera se estrelló ante un lote soso y aburrido, al que se quitó de encima con brevedad.

José Garrido es un torero que sale todas las tardes a sangre y fuego. Quiere ser alguien en esto.

En su primero logra naturales de mucho mérito y bernardinas de rodillas de ahogo y en el otro tiró de mucho valor para lograr series interesantes ante un toro gazapón, reservón, escarbador.

Faena de mérito. Espadazo y ovación grande.

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Toros de Parladé (más Domecq) y cuarto y quinto del Ventorrillo, procedencia Juan Pedro.

En estas ocho corridas hemos visto sin interrupción la diversidad y gran expansión del encaste Domecq.

Y más de media, casi ¾ de entrada, repetido jornada tras jornada, con ausencia de primeras figuras. ¡Todo un éxito!

Mansita y blandeando a veces.

Los del Ventorrillo, el cuarto un soseras y el quinto, un caníbal. Un animal realmente peligroso, arrancando dos oleadas al bulto y lanzando “bocaos”.

Curro Díaz estuvo discreto en su incómodo primero y en el cuarto dejó destellos de su arte y buen gusto. No cabía más.

Iván Fandiño sacó buenos muletazos, sin demasiada emoción por la blandura de su oponente.

El quinto del Ventorrillo, un toraco con muchísimo peligro se lo quitó de encima con una entera y un porrón de descabellos.

Con el mejor lote, David Mora estuvo lucido en su primero y en su segundo, tras un trasteo sobre ambas manos, con pasajes vistosos al natural, cortó la faena y mató de una casi entera.

Obtuvo una extraña oreja, pero oreja al fin, y eso puntua.

¡Que paciencia la de este bendito público!

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Clamabamos por una corrida que no fuera monoencaste con la misma denominación de origen y comportamiento calcado y desintoxicar, aunque sea por un día, el clima ganadero.

Pues ahí va. Toros charros, encaste Atanasio-Lisardo.

Pero de aquello apenas queda nada.

Los titulares del Puerto de San Lorenzo y Ventana de Puerto defraudaron. Por la Ventana no pudimos ver nada. La trilogía Esencia, Presencia y Potencia se perdió en el trayecto del campo al ruedo.

Se desplomó el primero sobre la arena y con él, la corrida, una corrida de expectación, de “No hay billetes”, para ver a Castella, Talavante y Javier Jimenez.

Salieron pancartas. Eso es ventajismo, ir ya preparado, con las del Beri.

En el tercero se marchó la gente a racimos, antes de conciliar el sueño.

Tres toros devueltos, incluido un sobrero encaste Domecq.

Todo hay que decirlo.

Cumplió Castella en los tres toros que mató, por cogida de Javier Jimenez.

Muy bien en la primera parte de la faena del que abrió plaza, para irse diluyendo. Le piden la oreja tras matar convincentemente.

El quinto ¡al fín!, un sobrero del Conde de la Maza, origen Domecq ¡Que casualidad!

Y surgió Talavante.

Espléndido, vigoroso y clásico, con el toreo más puro y elegante.

Faena corta con redondos de cartel, naturales de escultura y trincherazos barrocos, con la gente hirviendo, y tras un estoconazo, oreja clamorosamente solicitada. Con media docena de pases más, seguro que caen las dos…

Talavante = Importante.

Javier Jimenez, muy valiente en su primero, fue ovacionado.

En el toro que cerró plaza luchó contra el viento y el huracán del astado, que se comía al valeroso Javier por momentos.

Le cogió de mala manera y sufrió dos cornadas graves.

¡Que tarde, compañeros!

Sea bienvenido en próximo festejo de rejones.

¡Que descanso!

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Toros de Las Ramblas de procedencia Domecq. Toros del torero.

Volvemos a recuperar la procedencia de los astados lidiados. Son para Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Manuel Escribano.

Matadores banderilleros ambos tres.

El retraso sobre el horario previsto, garantizado y casi lleno.

Los toros, de pelaje diverso y común mansedumbre.

Juan José Padilla, valiente y dispuesto, en su línea. Se pone por los dos lados. Nada. Espadazo.

En su segundo, tres largas de rodillas y un posterior galleo, voluntarioso con la flámula. Lo que había y un estoconazo. Saludos.

Escribano con el peor lote, en su segundo dejó faena meritoria pero larga y se  pasó de toreo.

Ferrera, excelentes verónicas y medias de cartel con la muleta, redondos suaves y de pecho, más naturales y espadazo.

El cuarto, el mejor, pero había que torearlo y Ferrera se lo saca con suavidad, con torería, acariciando al animal, para pasarlo por naturales profundos, mandones. Nuevo curso de toreo al natural, trincherazos torerísimos.

Tras espadazo, oreja. Se pidieron las dos.

Ferrera me ha tenido años equivocado.

¡Cómo torea y qué excelente momento del torero isleño. Verle es un autentico placer, con un arte al nivel de los mejores.

Su toreo rápido y pueblerino lo ha variado a un toreo a ralentí, despacioso, suave, cercano a la quintaesencia del arte.

¡Que torerazo!

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Novillada con reses del Montecillo para los novilleros Colombo, Aguado y Serna y ¾ de plaza. Toda una corrida de toros. No es eso lo prometido. Para los novilleros, novillos. Corrida exigente y un sexto morlaco peligrosísimo.

Jesús Colombo es un novillero maduro, que estuvo bien en su primero, y mejor en el segundo, calentando al graderío con unas bernardinas de escalofrío.

Espadazo tirándose a muerte. Petición grande, que el palco considera insuficiente. Vuelta clamorosa.

Pablo Aguado sacó a sus oponentes series meritorias, alcanzando altura en el quinto. Espadazo.

Rafael Serna bailó con la más fea. El sexto.

Despachó su lote con aseo, que se dice, como aquello de “mucha carne para un novillero”.

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Cambio de encaste en los toros que llevamos de Feria. Un alivio, independientemente de lo que llevan dentro los Valdefresno y Fraile Mazas. Da igual.

La procedencia no puede ser mejor, Atanasio-Lisandro.

Sobre el papel, una garantía. Luego, ya veremos…

Encargados de pasaportarlos, Daniel Luque, Fortes y Juan Leal, quienes se toparon con una mansada de tomo y lomo.

Los toros de Valdefresno y Fraile defraudaron.

Dos toros atrás, al corral del que no debieron salir, uno de ellos, el sobrero de Adelaida Rodríguez (procedencia Lisardo).

Pues casi merece la pena regresar al uniencaste, visto el resultado de los que no son de esa cuerda.

A Luque le retiran el primero por inválido. Buen principio.

El toro no se cae, pero se agarra.

Se pone con él Luque, pero ni toro ni público lo permiten.

El cuarto bis, de Carriquiri, producto de procedencia Núñez, de Carriquiri no tenía nada…

Un manso que tomó bien los avíos, pero que se cansó pitando.

Luque logró unas pasadas aceptables y se acabó el animal, y el torero finalizó visiblemente cabreado.

Fortes, de rodillas en el platillo, logra unos buenos derechazos. Naturales de uno en uno. No hay emoción. Una estocada.

Manso, flojo y soso su segundo toro, que en vez de embestir, simplemente pasaba. Aburre hasta al torero. Estocada y descabello. ¡Hala!

Juan Leal, torero francés sin curriculum, verdecito por tanto, a falta de otras cosas echó mano de valor espartano. Usó ambas manos y por las dos asustó al personal ante un manso agresivo.

Le ovacionaron con fuerza.

Con el descastado último vuelve al arrimón y le coge dramáticamente. Acaba de pinchazo y estocada. Fin.

Solo queda decir como antiguamente en el teatro: Aquí termina el sainete, perdonad sus muchas faltas.

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Quizá sea la corrida estrella del serial y “No hay billetes”.

Juan Bautista, Alejandro Talavante y Roca Rey, con toros de Núñez del Cuvillo. Una garantía, y visto lo que hay…

A ver si hoy estalla la euforia del empresario francés Simon Casas, locuaz y entusiasta hasta el paroxismo.

De momento, sus pronósticos van de cráneo y cuesta abajo, estando casi en el ecuador de la feria isidríl.

A ver, a ver…

Extrañamente y con toros que se movieron, que embistieron, el públicorechazaba todo lo que iba saliendo, y más cuando había sido un desastre ganadero hasta esta corrida, resultaba increíble lo que estaba ocurriendo.

El publico aguantó corridas intolerables, con toros mansos, que ni siquiera “amochaban”.

Es hacer bueno que pagaran justos por pecadores. Por lo menos en este caso.

Así, una corrida encastada y que se movió, quizá algún toro un poco blando, fue protestada continuamente.

El peor lote para Juan Bautista, el francés, que en su línea fácil y anodina, excepto en un brillante quite de capote a la espalda. Con la muleta, tira la espada.

Talavante está en máxima figura, firme y notable, toreando en profundidad. Bonita faena que estropea con los aceros.

Previamente ya había echado un borrón al arrojar con desden el estoque, para torear sin sable con ambas manos.Es un golpe bajo a la seriedad ritual del toreo, lo haga Talavante, Luque (su “inventor”) o María Santísima.

Sencillamente obsceno el detallito. Que no cunda este horrible numerito.

Sin probaturas al natural en el quinto, sencillamente sensacional.

Redondos y trincherazos torerísimos, sufriendo una fea cogida con cornada en el uslo, y sigue más cercano y más templado con el público puesto en pie.

Estocada arrancándose y oreja de ley.

Con calidad, pero poco aguante, el tercero dejó a Roca Rey lucir con el capotillo y el toreo en redondo al comienzo. No había para más.

El sexto, encastado y con temperamento, se comía a Roca Rey con su toreo encimista, que levanta al publico del graderío.

El toro se entrega tanto que se rompe. Espadazo y desilusión del matador americano, quien siempre sale a darlo todo.

Y al que cada vez se le exige más.

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Toros de Alcurrucén, procedencia Núñez, y en el cartel, el Juli, para confirmar la alternativa a Alvaro Lorenzo y Ginés Marín de una tacada.

El interés del cartel se refleja en la taquilla. Para completar el “No hay billetes” faltaron media docena… Bueno, más o menos.

Si al entusiasta Simón Casas, flamante empresario venteño, artísticamente no le están saliendo demasiado bien las cosas, mercantilmente, monetariamente no le pueden ir mejor.

Y ya saben: los duelos, con pan son menos.

Alvaro Lorenzo, con el peor lote, cumplió el expediente.

Su primero embestía a saltos, sacando la cabeza por encima del engaño. Cuando se avino a razones, ya no tenía gas.

De mejor condición su segundo, con calidad, pero fue y vino a paso de burra, lo que aprovechó Lorenzo para soplarle dos series de redondos muy compuestos. Y se acabó.

Los toros duran lo que duran. Unos más y otros menos.

Veronicas y media buena de Juli al segundo de la tarde.

El toro, un tanto difícil y exigente.

Con media docena de muletazos, otros tantos latigazos, se impone la hegemonía de primera figura del torero de Velilla, quien no se anda con coplas.

Faena poderosa sobre ambas manos y desplantes.

Termina de un cañonazo y el palco suelta la oreja a la primera.

En su segundo, estuvo en torero, con algunos naturales excelentes. Pinchó.

Por ello se quedó sin la oreja que casi tenía en el bolsillo.

Por eso, Julián (“que tiés madre”, que decían en “La verbena de la Paloma”), estuvo poderoso, consiguiendo que todos los toros le embistan.

Eso no es casualidad.

Ginés Marin confirmaba, como Alvaro, la alternativa, cumpliendo en su primero, que a falta de fuerza, tuvo calidad.

Peo salió el sexto, un muy buen ejemplar de Alcurrucén, con presencia, recorrido y clase.

¡Esta es la mía! Debió de pensar el neófito. Matador de muy buen corte, bordó el toreo.

Naturales hondos, profundos, interminables, y de pecho, de cartel. Redondos infinitos, rompiéndose, rasgándose…

Cambios airosos y un colosal espadazo.

Dos orejas de ley y salida en volandas del joven torero jerezano.

Estos trofeos le vienen al chaval como pedrada en ojo de boticario.

Ya lo creo!!!

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Con toros de Jandilla Vegahermosa (denominación de origen Domecq, para variar), se despide por primera vez Rivera Ordoñes, así llamado en sus principios y haciéndose llamar Paquirri en su declive. Cosas veredes…

En tan triste acontencimiento ejercen de testigos Sebastian Castella y López Simón.

Estuvo Rivera Ordoñez, como intuíamos, a verlas venir.

Se amoldó con sus toros (banderilleó a su segundo) en un tratado de no agresión y los despachó decorosamente.

Me vienen a la cabeza los versos del poeta:

Dicen que no son tristes las despedidas…

Díle al que te lo ha dicho que se despida.

Ésta fue tristísima.

Y con él llegó el escándalo.

A Sebastian Castella le correspondió el mejor toro de la corrida.

Peleon en varas, alegre en banderillas (Sebastián, cuida esa cuadrilla, que es un espectáculo…).

Faena de altos vuelos, con naqturales clásicos, redondos muy largos y ceñidos. Torerísimo cambio de mano, para media espada.

El palco reparte premios. Vuelta al ruedo para el morlaco y oreja para su matador.

Este toro pedía más.

En el quinto (no hay quinto malo), me gustó más el torero galo. Ante un toro de Jandilla (el único picante de Domecq, bravo, agresivo, pegajoso y repetidor), Castella le palntó cara guapamente y consintiendo hasta donde no se puede consentir.

El torero francés le presentó las dos manos, a elegir, y logró hacer faena sobre ellas en pleno sobresalto, metiéndole muy bien la mano para tumbarlo. Sebastian se jugó el tipo de tal manera que en su honor habría que hacer una nueva versión de “Carmen”.

Para ser figura hay que estar en figura.

Castella lo está.

Alberto López Simón, el torero de Barajas, con un sector hostil (¡vaya Ud. a saber por que!) se dejó ir un excelente tercer toro.

Lo toreó de acá para allá, por exceso y por defecto en un trasteo de andar por casa, poco si se quiere conservar un buen puesto.

Ni bien, ni mal, sino todo lo contrario.

Más de lo mismo en el que cerró plaza, pero en tono menor todavía.

Tendrá que apretarse los machos el joven torero madrileño, aunque cada uno es como es. Y no le falta razón.

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Toros del torero de Salvador Domecq para Joselito Adame, que confirmará la alternativa de Francisco José Espada, en presencia de Ginés Marín, el autor del zambombazo hace apenas 48 horas. Cartel muy “apañao”.

Que se quebró enseguida cuando, entrando a matar Espada sufrió una cogida espeluznante.

No hay cornada, pero el golpe es brutal.

Lo despacha Adame, quien recobra sus avíos para lidiar el segundo. Es un decir, por que el animal no se tenía en pie.

Menos mal que aprovechó el sexto, un buen toro, para realizar una bonita faena por ambos lados, sobresaliendo unos naturales de frente, unas “inas” para calentar y sin muleta logra un estoconazo y el toro muerto le cae encima.

Oreja clamorosamente ovacionada al pasar a manos del azteca.

En el cuarto destacó en los lances de salida, bregando, lidiando y con precioso remate, pleno de emoción a un toro agresivo, exigente que ahí casi se acabó.

El triufador de hace dos días era la viva imagen del desencanto.

Su primero fue rechazado constantemente desde su aparición y estaba más en el suelo que de pie. Lo mató malamente.

Su segundo, haciendo cosas de reparado de la vista, imposible ponerse siquiera. Lo liquida de más de media.

La corrida fue un despropósito e impresentable para la primera plaza del mundo. Desigual, descastada, mansurrona… Mala de solemnidad.

Mañana, descanso.

¡A los caballos!