TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Notable novillada de Montealto"

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Variada, noble y propicia

Oficio y pericia del mexicano Leo Valadez con lote pastueño

Nervioso el albaceteño Carretero con los dos más bravos

Firme el arlesiano Younés en un debut discreto

Madrid, 30 may. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 30 de mayo de 2017. Madrid. 20ª de San Isidro. 2ª novillada con picadores. Encapotado, algo de viento, veintitantos grados. 18.000 asientos de abono vendidos, 12.000 almas en la plaza. Dos horas y cuarto de función. Seis novillos de Montealto (Agustín Montes). Leo Valádez, silencio tras aviso en los dos. Diego Carretero, silencio y saludos. Andy Younés, de Arles, Francia, nuevo en esta plaza, silencio en los dos. Dos soberbios lance de brega de Rafael González con el cuarto. Dos pares notables al tercero de Morenito de Arles, que saludó.

LA SEGUNDA DE LAS tres novilladas del abono. De Montealto. Buena, noble, diversa. Diversa de pintas y hechuras. Un punto embastecidos los dos burracos, primero y tercero. Lustrosos los dos rubios, un segundo colorado y un quinto melocotón casi albahío. Muy bien rematado un cuarto negro bragado. Castaño listón un sexto ancho y gacho, algo chepudo.

 

No los hubo descarados, pero sí dos muy astifinos, los dos en el lote de Diego Carretero, albaceteño de Hellín. El segundo, prometedor galope de salida, galope de bravo, pagó el precio de dos devastadores puyazos traseros, de los de hacer sangrar por el espinazo. Y aunque hasta con tan lesivo castigo pudo, terminó rebotándose en los remates. Se llamaba Caramelo. Lo sería, pero picante. En nota de bravura, el mejor de los seis.

El de más peso y cuajo fue el primero, uno de los dos burracos. Y el de más bondad también. Dechado de nobleza. De los que vienen francos a engaño y lo toman de carril, se abren solos y solos vuelven sin apretar ni protestar ni rebelarse. Ese torito mayor entró en el lote de Leo Valadez, mexicano de Aguascalientes. El lote de la corrida, pues el cuarto, con bondad comparable a la del primero, le ganó en casta o fondo. El primero cobró más de la cuenta en una primera vara y apenas en la segunda. Al cuarto decidió Valadez dejárselo casi crudo –brillante idea- y eso agradecieron el toro, el torero y casi todos los paganos.

Como a los tres primeros se les pegó en el caballo más de la cuenta por emplearse en serio, a los tres últimos se les midió el castigo. En el lote del arlesiano Andy Younés entró un tercero que, suelto de una primera vara, metió los riñones en la segunda. Y un sexto que echó la cara arriba en el caballo y también en banderillas, pero de buen galope y mucha fijeza.

No estuvieron del todo bien repartidas las cartas pero ninguno de los tres espadas salió mal librado del sorteo. En todo caso, el novillo de la presentación de Younés –se pronuncia “yunés”- se paró antes de tiempo y fue el único de los seis con una gota de mansedumbre desganada. Y, puestos a medir, la casta briosa del lote de Carretero resultó bastante más inquietante que la de los otros dos.

El más hecho de los tres espadas, Leo Valadez, hizo valer su experiencia, su seguro oficio, su firmeza y, sobre todas las cosas, su soltura y sus recursos de torero capaz. Solo que, sin contar sus habilidades en el toreo de capa, el de repertorio, se embarcó en faenas monotemáticas, las llamadas de “los dos pases”, pero sembrándolas de pausas y paseos. Un arranque de rodillas y en distancia para abrir con el primero fue solo un espejismo. Una tanda de manoletinas antes de cuadrar, un despropósito. Con el buen cuarto se ajustó y templó más y mejor, pero sin apearse de la idea de abundar en un mismo y solo tema. Un aviso en cada toro. No solo por no verlo claro con la espada. También por pasarse de hora.

Muy nervioso toda la tarde Carretero, como si le pesara una responsabilidad exagerada o impuesta. Poco que ver con el novillero que en Valencia el pasado mes de marzo asombró a tantos con su pureza al natural y su natural sencillez. No lo desbordó el bravo segundo pero no le cogió el aire, cambió de distancias, mano y terrenos sin razón mayor. El prólogo de faena, por estatuarios, no tuvo continuidad. Descompuestas las primeras embestidas del toro Caramelo, difíciles de gobernar. Muy valerosa la apuesta con el quinto, tan entero después de varas. El cite de largo en el mismo platillo para el cartucho de pescado, que, de salir, habría encarrilado las cosas y matado los nervios. Pero el muletazo se saldó con un desarme y, luego, abundaron los muletazos de buena traza pero casi todos enganchados. Faltó hilván, también sosiego. En un remate inopinado por bernadinas salió prendido por el muslo, la taleguilla rota por la ingle derecha, se dolió. Lo cubrieron con esparadrapos y una toalla de hotel. Y el gesto: volvió a la cara del toro. Dos bernadinas más, un pinchazo y una brava estocada.

Younés fue todo firmeza, y no solo firmeza, también descaro, voluntad de emular la parte más heterodoxa de tauromaquias como las de Castella o Roca Rey, por poner dos nombres, y no tanto la otra parte, la difícil, la de tirar de un toro y obligarlo. Firmó algún muletazo bueno de verdad, pero sueltos. Abusó de las miradas al tendido. Mucho más cómodo y hasta inspirado al torear por arriba. No tanto por abajo.

Y, en fin, profusión de toreo de capa, quites y réplicas. Surtido generoso. Notable la quietud de Carretero en un lacio quite por gaoneras, graciosos los remates de Valadez por revoleras o largas, muy encajado Younés en los lances de recibo del tercero.

Postdata para los íntimos.- Lo mejor de la Puerta del Sol es a la armonía de no toda pero casi toda su arquitectura. De la arquitectura ilustrada del XVIII sobrevive el único edificio noble de la época en ese espacio: la Casa de Correos. Diseño y obra de un arquitecto francés llamado Marquet. Lo propio de Madrid, sin apenas distinción de estilos ni condición, son los pegotes, añadidos o intervenciones en los edificios. En la misma Casa de Correos. Esa célebre torre del reloj, el reloj de las uvas de Nochevieja, es en realidad un infame pegote. No el reloj de Losada, que es una obra maestra de ingenios británicos, sino la pieza que acoge el reloj, que no casa con la armonía de un edificio tan equilibrado.

Están reparando las cuatro fachadas de la Casa y las cuatro están protegidas por andamios camuflados tras grandes telones casi transparentes. Lo único que no se va a retocar en el pegote, que carece de protección. Y por eso canta como el gallo ronco. El rey de los pegotes. A sus pies el Kilómetro Cero. El conjunto de casas de viviendas de Sol fue diseñado por un ingeniero y arquitecto de inspiración afrancesada, un Lucio del Valle, que intervino directamente en las obras de traída de aguas desde el Guadarrama a la capital. El ingeniero clave del Canal de Isabel II fue a la vez el ingenio que dejó tan redonda la Puerta del Sol. Tan redonda en el sentido figurado, porque la gracia del espacio es su forma de media elipse donde confluyen hasta nueve cabeceras de calle: Carretas, Correo, Mayor, Arenal, Preciados, Carmen, Alcalá, la Carrera de San Jerónimo y Espoz y Mina. El tramo entre Carretas y Espoz y Mina es el único que romper la armonía con las fachadas de Lucio del Valle. En ese tramito hay unos cuantos pegotes.
La idea de hacer semipeatonal Sol no fue del todo afortunada. Solo que cambió la historia política española más reciente. El movimiento del 15-M fraguó en la toma de la Puerta del Sol. Como la toma de la Bastilla o la del Palacio de Invierno. No tanto. Y, luego, la curiosa sombra de Lucio del Valle: del Canal de Isabel II a la Puerta del Sol. Como este señor Ignacio González, penúltimo presidente de la Comunidad de Madrid que pena en la cárcel de Chozas de la Sierra -o Soto del Real- a la espera de ser juzgado y condenado por saqueo del patrimonio del Canal, que es la sangre de Madrid. Un politico vampiro. Como el dictador Ceaucescu..

 

Última actualización en Martes, 30 de Mayo de 2017 22:27