TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un tragantón emotivo de Gonzalo Caballero"

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El pequeño torero de Torrejón, excelente con la espada, conmueve con su valor ante un enorme cinqueño de José Luis Pereda

Una valiente faena de Fandiño apenas valorada

Corrida encastada de desigual condición.

Madrid, 29 may. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 29 de mayo de 2017. Madrid. 19ª de San Isidro. Primaveral. 17.000 almas presentes y mil entradas más del abono. Dos horas y cinco minutos de función. Un minuto de silencio en memoria del malogrado Víctor Barrio, de cuya última tarde en las Venta se cumplía justamente un año. Es esta misma fecha habría cumplido 30 años. Morenito de Aranda, uno de sus amigos más cercanos, lo recordó con un brindis al cielo. Seis toros de José Luis Pereda. Morenito de Aranda, silencio y silencio tras un aviso. Iván Fandiño, saludos y silencio. Gonzalo Caballero, saludos y vuelta tras un aviso. Manuel José Bernal picó con acierto al sexto. A ese toro le prendió dos grandes pares Miguel Martín.

NO ERA LA MEJOR FECHA de San Isidro. La decimonona, abrebocas de la cuarta semana de feria, emparedada entre una dominical de rejones y una novillada que coincide, el día de San Fernando, con un festejo de lujo en Aranjuez. Un lunes vicario y una seria corrida astifina y desigual de José Luis Pereda. Desigual por la edad –tres cinqueños que se abrieron en lotes y se lidiaron de pares-, y por líneas, estilos y reatas porque la ganadería es de las largas.

 

Hubo un tercero muy noble, de estampa sobresaliente, imagen precisa del toro largo y esbelto de sangre Núñez. Los dos toros de menos caja y romana se juntaron en el lote de Fandiño. El segundo, del terceto de cinqueños, era puro trapío. Sin la armónica belleza del tercero, pero no sin su seriedad. Lo protestaron unos cuantos. 508 kilos de tablilla. Por eso sería. La edad se tradujo en la conducta: el toro más nervioso, pura fibra, el más pronto para repetir y, como es habitual en el encaste, de menos a más.

El quinto, más corto que el segundo, pero sin su lindo remate, fue el más astifino de una corrida tan afilada, y, encogido, el de más violencia. Buen toro el cuarto, el más elástico de todos. El primero, compañero de lote, fue y vino sin emplearse, la cara siempre arriba, ni un solo viaje por abajo y, sin embargo, llamativa nobleza. Y, en fin, cerrando fiesta y corrida, un monumento de más de 600 kilos, dos vergas tremendas y, dentro de su escala, un toro de gran distinción. Sobran dedos de una mano para contar toros de tal cuajo y tan elegante porte en lo que va de feria, que cruzó su ecuador al arrastrarse el pasado viernes el tercero toro de la notable corrida de Jandilla. Un toro, por cierto, de muy buena nota.

No tanto este sexto de Pereda, que, con su cara y su volumen –largo, estrecho, cuello elástico- cupo en el engaño sin salirse de él. Solo que lo difícil era meterlo en la muleta. Gonzalo Caballero la gasta muy pequeña. Torero de brazos cortos, y las dos cosas se juntaron, mientras, en papel de casi apacible Goliat, el toro, Agrio solo de nombre, dejó al joven David pararse envalentonado, correr la mano hasta donde daban brazo y vuelo de engaño, reunirse cuanto pudo, salir de las situaciones de compromiso y vaciarlas sin desaire y hasta rematar de pecho muy arriesgados lo que fueron cuatro o cinco tandas de entrega generosa, y de alto riesgo porque fueron pocas las bazas en que el toro vino gobernado.

La apertura de faena, de largo y sin pruebas, fue de emoción. Y el final, por inverosímiles manoletinas, también. Al tercero lo había tumbado Caballero de una estocada por el hoyo de las agujas. Ese toro, el de mejor son de los seis pese a su afán por soltarse de rayas afuera, a querencia, rodó sin puntilla como fulminado. Cobrar la estocada que iba a necesitar un golpe de verduguillo en el sexto fue una heroicidad. Pero las dos veces ejecutó con pureza la suerte el torero de Torrejón de Ardoz. Firmes las dos faenas. La primera, pecó de intermitente. Cortas las ideas. Larga la voluntad.

Pasó, además, que Morenito de Aranda tardó seis tandas en descubrir el son del cuarto de corrida, en descubrirlo y acoplarse en una lograda tanda en redondo que el toro tomó con fondo del bueno. Fue la tanda de nota de la tarde. Morenito trató de buscar el bis en dos tandas más, que restaron y no sumaron. Salpicada de paseos y tiempos muertos, la faena vivió la afrenta de un aviso tras media estocada sin muerte. Y, después del aviso, un bajonazo impropio de torero con fama de precisa espada. Con el toro de la cara alta, el primero, Morenito anduvo seguro y firme, dueño de embestidas a veces rebotadas. Una faena patrón.

La primera de las dos faenas de Fandiño fue, en conjunto, la de mejores logros. No importó que el viento molestara, ni que el toro, informal de partida, tardara en retratarse ni que vendiera caro su aire agresivo y encastado. Estuvo tragón y compuesto el torero de Orduña. Ajustado y atornillado al torear el natural. Como el toro había sido gratuitamente protestado de salida, la faena, tan decidida, tuvo que romper la barrera de censores. No fue fácil. El quinto, lesionado por un segundo puyazo trasero, se violentó en la muleta y la punteó como se doliera de ella. Acabó pegando trallazos. Y, sin embargo, Iván insistió con la idea de dominar ese genio. Pero no a la manera de Domingo Ortega. Una estocada de mérito.

Postdata para los íntimos.- Me estaba esperando desde el jueves en la estafeta de la carrera de San Francisco el opus 44 de "TIerras Taurinas", esa maravilla de la historia, la investigación, la literatura, la fotografía  y la crónica taurinas que el maestro -¡ma-es-tro!- André Viard viene editando en versión española desde el año 2011. Por catorce euros, poco más de euro cincuenta a la semana, te llevas a casa capítulos y más capítulos sobre los toros y su razón. A mí me lo envía de regalo el autor, editor e impresor.
Temiendo que una publicación de esas calidades pudiera tener problemas de financiación, le sugerí a Viard que me hiciera abonado de pago y no de gratis. No quiso. Las Tierras siguen adelante. La edición francesa, que es tres o cuarto años anterior a la española, funciona de maravilla: Prueba de cómo es de rigurosa la cultura taurina del aficionado francés. De cosas de esas Tierras habrá que seguir hablando. Otro día. Un detalle: el gramaje y la calidad del papel es tal que las páginas desprenden aroma de madera. ¿ärboles de las Landas? Es lectura mía habitual en el metro, o el tren de cercanías, o el autobús. Más de una vez un pasajero vecino, atraído por el perfume del papel, se ha animado a comentarme lo bien que olía el libro. Y siempre contesto que el sabor es incluso mejor que el olor, todavía más profundo. Y las ideas.

La historia de la ganadería del difunto Luis Algarra que ahora es de Aurora, una de sus seis hijas, es uno de los cinco capítulos del opus 44. Es una historia sorprendente. Las aventuras azarosas y casi amorosas de los sementales que Algarra dejó fijados, base de una ganadería de gran calidad y pura estirpe, son una especie de novela bizantina. No la conoce casi nadie. Y ahora se puede empezar a conocer. Yo la recomiendo a los lectores de toros. Vi en Zaragoza hace poco más de un mes una corrida de Algarra que me gusto mucho. Dos toros sobre todo Y al leer la historia bizantina del Decidor, el Soñador y el Fusilero, tres toros que son joyas de la corona, me ha venido a la cabeza una idea de perogrullo: el toro bravo es creación del hombre. Y en el caso de Aurora Algarra, de la mujer.

 

Última actualización en Lunes, 29 de Mayo de 2017 23:53