TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Panorama Taurino de Colombia. Por Enrique Avilán.

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Enrique Avilán Acosta

Cali, Mayo 23 de 2017

**La corrida de este martes 23, con un poco más de medio aforo ocupado, adoleció de toros a la altura de Madrid. Susto grande para Juan Leal que puso el único punto alto de este 13º. Festejo de San Isidro

**La novillada tuvo un absoluto ganador: el venezolano Enrique Colombo a quien le birlaron, por lo menos, una merecida oreja

**Nota de Jorge Arturo Díaz en <cronicatoro.com>

**De par en par, otra nota de Jorge Arturo Díaz sobre dos tercios de banderillas de El Fandi en la misma corrida de esta semana

**Dos corridas y la novillada del lunes fueron motivo de apreciación objetiva de la crónica especializada sobre la Feria de San Isidro que llegó a su festejo no. 13 (uno fuera de abono), con pocos resultados positivos de taquilla en varios festejos aunque también, entradas nutridas en varios de estos trece realizados.

Los resultados ganaderos, con algunas excepciones, son bastante deficitarios y no se compaginan con el prestigio y seriedad de la Plaza de Las Ventas de la capital del mundo taurino como es Madrid.
La labor de los matadores tienen algunos hechos destacados como otra buena actuación de Antonio Ferreraque ha cortado una merecida oreja de las tres registradas por toreros de a pie, aunque hay trofeos no otorgados por el discutible Palco de Usía que, con la modalidad de Madrid, de tener varios grupos para alternar en ese importante sitio donde está el juzgamiento técnico y taurino, hay más de una oreja dejada de otorgar como el caso de El Fandi, Talavante y el novillero venezolano Colombo.

Esto, a grandes rasgos, lo acontecido en casi la mitad de los festejos programados y con a esperanza de poder ver mayor brillo ganadero y artístico de la Feria que va hasta el 8 de junio

Incluimos las notas anunciadas y seguimos a la expectativa de un buen final de esta importantísima Feria de San Isidro de Madrid

Juan Leal puso lo mejor y más dramático de la tarde del martes

No vinieron del campo sino de otra corrida. Cansados. Gastados. Sin tirar un mal derrote. Cansinos y sin fondo, le formaron un lío a la paciencia. España, en otros tiempos, forma un motín. Otros tiempos atrás no se hacían prisioneros en tardes así, y con la nota aislada de alguna voz, resulta que la revuelta se la forman al único tío que se salió del guión de la tarde, de la bochornosa disciplina del bochorno: Juan Leal. Se jugó la vida como nadie en esta feria en un arrimón impecable e implacable. Ahí se gasta mucho un hombre y un torero. Se salió de la docilidad de una plaza donde hasta las protestas adocenadas. 'Olé' él. La tarde fue suya en esos minutos.

Maduro Colombo
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

El más joven, pero a la vez el más antiguo y por tanto cabeza del cartel, llenó la tarde. No solo con su cuajo torero, también con su coraje, aplomo y sentimiento. Capaz y generoso en todo; a la verónica, en los quites, en las banderillas, a diestra y siniestra con la muleta y sobre todo en las tremendas estocadas con que rodó a sus tan distintos montecillos.

La duodécima corrida de San Isidro tuvo un nombre, Jesús Enrique Colombo. Debutaba en Las Ventas, en feria máxima y ante dieciocho mil espectadores. No le pesó tal compromiso al tachirense. Con la serenidad de un curtido veterano tomó el ruedo y se puso por encima de toda circunstancia desplegando su fresca tauromaquia en los tres tercios.

Desde hace cuatro años, cuando le conocí toreando triunfalmente sin caballos en las pre ferias de Manizales y Cali pronto me desarmó del escepticismo suspicaz reactivo a los entusiastas encomios con que paisanos suyos, amigos míos, me lo habían anticipado. Tenían razón, me obligó a pensar pronto, probando tener esas cosas que no se adquieren. Carácter, serenidad en el apremio, y el gusto del valor.

Sus proporcionadas hechuras que calzan tan bien el traje de luces contestan aquello de que además de ser, hay que parecer. Este hijo de torero, ha complementado su bagaje innato con el buen aprendizaje. Las escuelas de San Cristóbal y Madrid y una carrera novilleril sin premuras le permitieron llegar al examen de la primera plaza del mundo como se debe llegar. Así.
El acompasado vaivén de su capa, el aire sevillano de codos arriba en las chicuelinas. Sus alegres y eficaces repentismos en el segundo tercio. El parar, templar, mandar, cargar y ligar de su muleta y el tan honorable uso de la espada, le hicieron ganar alta nota hoy en Madrid. Si su señoría D. Javier Cano Seijo no le quiso conceder lo furiosamente pedido por los que pagan, tendrá sus buenas razones, las respeto y doy por hecho que las mantendrá cuando vengan las figuras.

Pero el pelo es lo de menos, lo de más es el respeto y la ilusión con que lo despidió el jurado supremo, la afición de Madrid.

De par en par
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Todos los tercios valen. El segundo por supuesto. No pocos eventos históricos han ocurrido en él. Hasta Belmonte, que no sabía oficiarlo, no se concebía una figura del toreo que no lo fuera con los palos. De allá acá el prestigio de las banderillas ha venido a la baja, hasta terminar convertidas en trámite de subalternos o de… !Ah sí, de toreros banderilleros!

Pues hoy en Las Ventas el clásico tercio volvió cobrar protagonismo, a signar el drama de la tarde involucrando toro, lidiador, autoridad y público en un circuito emocional.

Era el primero, crudo, sin picar a ley como toda la corrida. Solos en el ruedo, El Fandi sin engaños, colocando en suerte al toro. Eso también es toreo. Encuentro frontal, cuarteo en la cara, par arriba reunido, airoso salir y la ovación. Al siguiente, parar, templar el viaje corriendo hacia atrás guiando la embestida, y ya dueño entrar en jurisdicción clavar en sitio y continuar toreando a cuerpo limpio. Ovación redoblada.

Cuando se esperaba cerrar con la explosión mayor en el tercer embroque, un extraño del animal a último instante malogra la suerte. El encanto se rompe, los malquerientes toman la vocería. El matador pide permiso para un cuarto intento de perdón y el presidente puesto en pie niega con el índice la solicitud. Una desusada y muy profunda venia montera en mano a Usía, al pedir permio para matar, luce irónica.

Saltó el cuarto fuenteymbro, con muchas y buenas repeticiones. De nuevo, aplaudido sesgo, uno más por los adentros, ruidoso, y de pronto, sin permiso de nadie, un par en cada mano, el tercero al violín con giro contrario en la cuna, y el cuarto, prohibido antes, a relance para el estallido jubiloso que tenían guardado los paganinis.

Era una doble revancha. La faena trascurrió por los medios intensa y larga, jaleada o pitada según gustos y cuando la estocada desarmada liquidó pronto, la muy fuerte petición de oreja fue ignorada palmariamente por el palco, y así la tarde se fue de par en par.