TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "El corazón y la espada del venezolano Colombo"

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En novillero clásico, y de grandes facultades, el torero de San Cristóbal, debutante en Madrid, se hace querer por su entrega

Cosas buenas de Pablo Aguado

Novillada sencilla de El Montecillo.

Madrid, 22 may. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 22 de mayo de 207. Madrid. 12ª de San Isidro. 1ª novillada con picadores. Primaveral. 18.000 asientos vendidos, 14.000 almas presentes. Dos horas y diez minutos de función. Seis novillos de El Montecillo (Francisco Medina). Jesús Enrique Colombo, de San Cristóbal (Venezuela), nuevo en esta plaza, saludos y vuelta tras un aviso y petición mayoritaria denegada. Pablo Aguado, silencio  tras un aviso y saludos. Rafael Serna, silencio en los dos.

LA PRIMERA DE LAS TRES novilladas del abono. De juampedros de Francisco Medina, el hierro de El Montecillo, antes El Ventorrillo. Proveedor habitual del género: el utrero bien comido, proporcionado, duradero y previsible. Eran habituales los novillos ventorrillos de mucho alborotar antes de darse. O no darse. Pero abundaban los primeros. La dosis de alboroto se ha ido reduciendo o endulzando.

No todas las ganaderías procedentes de compra de primera mano de Juan Pedro han evolucionado hacia la nobleza pastueña, ideal del criador de credo Domecq. La de Medina, sí. Han ido rebajándose volúmenes, kilos y caras. Los salpicados o burracos, habituales en la ganadería, aparentan más peso del propio. Por badanudos y largos. Los negros y, sobre todo, los colorados son más cortos y ventrudos.

La fama de alborotar de los novillos de Medina se debe, primero, a los colorados y, luego, a los negros. El hábito no hace al toro, pero ayuda a reconocerlo. El pasado 15 de mayo, San Isidro, un toro de El Montecillo completó la corrida de Parladé, que no pasó completa el reconocimiento. Fue de los salpicados. Se aburrió enseguida, manseó parado y desentendido. Cuatro burracos entraron en los lotes de la sobre el papel novillada más propicia de las tres del abono.

Salvo por el pelaje y la estampa a escala, ninguno de los cuatro recordó la conducta impropia del toro del 15 de mayo. Esa misma tarde, la del estreno como relleno de Medina en el San Isidro de Simón Casas, saltó un sobrero de su hierro sencillamente intratable. El toro más peligroso de las nueve corridas jugadas hasta el domingo. Nada que ver tampoco con el negro que abrió la fiesta esta tarde. Un toro bombón. Distraído de partida, suelto de varas, protestón en el caballo y escarbador, pero de bondad más que razonable después de sangrado. Lo banderilleó con ganas, valor y poder el venezolano Jesús Enrique Colombo, nuevo en Madrid.

Iba a ser la sorpresa de la corrida. Por parecer un novillero dispuesto a todo, sangre caliente, encaje desenfadado. Hambre de torear. Con ese novillote negro que quiso, fue, vino y volvió con motorcito, sin descolgar del todo, sin renunciar tampoco. Una faena acelerada al principio, firme siempre, de mucha entrega. Un pinchazo y un cañonazo. Condiciones claras de Colombo: gente con las banderillas y con la espada, valor y ambición.

De todo eso hizo alarde con el cuarto de la tarde, del cupo mayoritario de los salpicados. Se templó con él en el recibo, lo banderilleó según el patrón espectacular fijado por El Fandi –de correr por delante, cruzarse, clavar de poder a poder- y lo pasó de muleta con ideas frescas- doblones de apertura-, con energía –muletazos de rotundo aire hasta gobernar los viajes- y sin volver la cara cuando el toro apretó. Otra estocada de las de tirarse a morir. Con voltereta. Tomó la gente partido por el torero. Un abucheo al palco por no atender una petición mayoritaria.

Solo un negro buenecito. Y solo un coloradito, segundo de sorteo, igual de bueno o más. Solo que adelantaba por las dos manos y a Pablo Aguado le costó centrarse. Algún muletazo redondo con la zurda. Aire de torero de irregular aplomo, pero sereno. Para Aguado fue, en el segundo turno, el novillo de más temperamento de los seis. El quinto. Y aquí apareció el torero de corte sevillano. Cosas de Morante, por ejemplo. Brillante con el capote, un lindo galleo de frente por detrás, un quite por chicuelinas muy original y antiguo estilo. Una faena de muleta bien compuesta tras un susto inicial –el toro se venció por la mano izquierda no poco- pero resuelta no solo con oficio de torero puesto, también con garbo en el toreo en redondo, y calidades en el toreo con la zurda y en los de pecho. Una excelente estocada. Algo fría la gente.

El novillo complicadito fue el sexto –las manos por delante, frenazos- y Rafael Serna abrevió. Con el tercero, de más a menos, un par de intentos de irse a tablas, una faena ortodoxa, decisión en el momento en que en los medios le buscó Serna las vueltas al toro, pero la inspiración y las ganas demasiado justas para ser el adiós a Madrid. Aguado y Serna tienen anunciada la alternativa en septiembre en Sevilla, que es su tierra. Y, antes, mano a mano de despedida en la Maestranza, la tarde famosa del Corpus.

Postdata para los íntimos.- ¿Quedamos en seguir hablando de Segovia? No quedamos pero no quería abandonar el asunto sin contar dos o tres cosas.
La plaza de toros, tan viejecita que empezaba a parecer una ruina romana -por el aspecto de circo, por la piedra semejante a la del prodigioso Acueducto-, ha sido no sé si restaurada pero sí rehabilitada en parte. La rehabilitación de las ruinas, que en algunos casos alcanza grado de obra maestra. No es el caso, pero la piedra de la fachada, tan severa, se ha repulido y han aparecido vetas de colores de las que solo aparecen en el mármol. Un misterio.
Le han puesto a la plaza nombre nuevo: Colisevm. Con la uve romana que se lee en castellano como la u. El Coliseo de Segovia. A las puertas, el sábado pasado, un mercado de coches de ocasión con mucho tenderete. Tinglados de feria que han ido perdiendo encanto o imaginación. La publicidad pulveriza todo. Y, sin embargo, la personalidad tan rancia de la plaza se dejaba sentir por encima de los tinglados y el gentío buscacoches. Los corrales están medio arruinados. Esa es la impresión por fuera.
Creo que este año van a dar dos corridas de toros por San Pedro. Una de ellas, homenaje al difunto Víctor Barrio, el último torero del país. De Ayllón, creo que recriado en Sepúlveda. Torero de buen aire. Segovia es tierra taurina, lo era más ante como todas las taurinas tierras, y la muerte trágica de Víctor -en Teruel, en julio de 2016- produjo una conmoción particular. La sangre de un torero es fértil, decía un poeta taurino, que fueron legión en su día. No todos igual de inspirados. La idea de la fertilidad de la sangre derramada procede de la Biblia. No sé si se sostiene, pero este año habrá en Segovia dos corridas.
Las gradas de sol no sé si incómodas son de piedra del país, con ese color ocre claro que tan bien han pintado los amantes de los paisajes solitarios o de la piedra pobre de cantera. La tribuna de preferencia, donde la presidencia, es de dos alturas. Hay tapices en las barandas. Es muy elegante. Escaños de madera del XIX, como de palacio episcopal. La tribuna es cubierta. La visibilidad,,buena, La acústica, excelente, como es ley en tantas plazas de toros decimonónicas. Estuve en los toros de Segovia hace siete u ocho años. Una tarde deliciosa de verano. Prefiero en Segovia el otoño, luego el invierno y después de la primavera. Pero esa luz solsticial es inigualable. Toreó Talavante, Peñuca de la Serna pintó un cartel precioso: era, dfuminado, Talavante toreando a la verónica pero una verónica de Victoriano de la Serna. De esa verónica dijo Pepe Ortíz, el torero mexicano más estudioso del toreo de capa. que era la mejor por él vista. Mejor que las legendarias de los gitanos grandes. Y dijo además que Victoriano era el único torero que le hacía ponerse de pie en los toros. Tal sería la belleza. Como la de la luz de Segovia en junio. En esa plaza de Segovia hiizo su debut en España como matador de toros hace cincuenta y tantos años Robert Ryan, torero norteamericano de arte y valor, discípulo predilecto de Pepe Ortiz, que fue en todos los sentidos de la palabra un maestro.
La perspectiva de los Siete Picos y la Mujer Muerta desde la bajada de la Canaleta, delante del Teatro Cervantes, se ha degradado porque en las rampas primeras de Guadarrama se ha ido construyendo cada vez más. No se comerán el monte las inmobiliarias. Pero no será por falta de apetito. Oh, voraz ladrillo insaciable!
Y El Acueducto. Ahí sigue.
Última actualización en Martes, 23 de Mayo de 2017 08:41