TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un bravo parladé y un sobrero de pesadilla de Paco Medina"

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Con el bravo, en tipo y muy astifino, no se llega a acoplar David Mora

Con el fiero sobrero, de impropia y extraña conducta, se viven momentos dramáticos

Madrid, 18 may. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 8 de mayo de 2017. Madrid. 8ª de San Isidro. Primaveral, soleado y fresco. 19.600 almas. Dos horas y diez minutos de función. El Rey Juan Carlos, en delantera de Preferencia, recibió brindis de Fandiño y David Mora. Cuatro toros de Parladé (Juan Pedro Domecq) y dos de El Montecillo (Paco Medina), un cuarto que completaba corrida y un sobrero corrido en quinto lugar. Curro Díaz, silencio en los dos. Iván Fandiño, silencio y pitos. David Mora, saludos y una oreja. Muy meritorio el tercio de varas de Juan Melgar con el sobrero de Medina. Brega distinguida de Roberto Jarocho.

LOS DOS PRIMEROS toros de Parladé se jugaron en ambiente hostil con el ganadero. De feas hechuras el primero, cinqueño, chato, achichonado y gordinflón. Deslumbrado en la raya divisoria del sol y la sombra, justo antes de ir al caballo, se le vino al pecho a Curro Díaz, lo desarmó e hizo hilo con y por él. Curro tuvo que saltar la barrera, una rareza en su caso. El toro midió por encima de las esclavinas y enseguida se supo que era de los que se apoyan en las manos, prueban, topan, puntean y se defienden. Pitos en el arrastre. Curro abrevió.

 

Como se llevan vistos en la primera semana de San Isidro casi dos docenas de toros muy armados, los fijos del abono protestaron de salida al segundo. Por falta de trapío. Coro de palmas de tango. Con ellas se tropezó el toro, que salió quebrado de un primer puyazo de entregarse mucho y claudicó al salir de un segundo simulado. Arreció la protesta. Devolvieron el toro. Fandiño corrió el turno y saltó el quinto de sorteo. Astifino, acodado, atigrado, cinqueño. Buen porte, se calmaron las iras. Solo que tras cuatro embestidas deliciosas en banderillas, el toro fue la gran decepción. Rebrincado, poquísimo celo, la cara arriba al salir de suerte, y en ella entró desganado. Remolcado,   parado y plantado. Encajado, casi atornillado, Fandiño expuso. La barriga en los pitones. Ni por esas. Por tener algo el toro tuvo nobleza.

El tercero salió de bravo –el aire, el galope, el cuajo ideal del llamado toro de Sevilla- pero había dado en tablilla 487 kilos y la cifra sola reavivó protestas. Corto y bajo de agujas, más afilado que cualquiera de los otros cuatro parladés del sorteo, renegó en la primera vara pero acudió presto a la segunda y peleó. Antes de banderillas, y en un quite de David Mora capote a la espalda –tres gaoneras, revolera y brionesa-, se destapó del todo. Aunque escarbó –el nervio bravo, las ganas de pelea y no otra cosa-, fue más que notable. En cuanto rompió a embestir, enseguida, ya, la gente se olvidó del peso. Un taco de toro, dicen los taurinos para definir al que combina hechuras, bravura y nobleza en grado mayor. Se llamaba Lustroso.

Un poco de viento, alarde inicial de David Mora en la apertura con un cambiado por la espalda y, tras rara demora, su coda habitual –tres por arriba, el de la firma, el de pecho-, y, luego, una faena declinante. Pulso muy desigual, mayoría de toreo a suerte descargada, sin ligazón por la izquierda, pausas inseguras. Los mismos que habían desenterrado el hacha de guerra al ver la tablilla de pesos tomaron partido ahora por el toro, que se arrastró sin una sola palma. Como si salieran muchos así.

La segunda mitad de corrida fue casi un disparate. El cuarto, un burraco badanudo de El Montecillo que completaba corrida, salió manso borricote, trotón, suelto, de irse de engaños y de no querer ni llegarse a ellos. Curro Díaz no quiso cansar a nadie. El quinto, sobrero de El Montecillo, despampanante trapío –remangado, muy astifino, largo cuello, ensillado- fue una pesadilla. Desde el primer viaje en arreón incierto al bulto y no al capote de Fandiño en el saludo hasta la hora de doblar, ya herido de entera atravesada, aculado, escarbando, encogido, taimado, sacando las uñas en un burladero de sol y  sin dejar a Fandiño asomarse para descabellar.

La pelea del toro en el caballo fue épica por su blandura tan fiera como agresiva: descompuesto, la emprendió a trallazos contra el cielo al sentir el hierro de la puya –formidable el aguante del piquero Juan Melgar- y, al dolerse tan de blando, estuvo a punto de auparse dos o tres veces y en los dos puyazos a la grupa del caballo, que resistió como un jabato.

Los regates en el capote, la reacción en varas y la manera de esperar y cortar en banderillas dieron la impresión de toro pregonado o inyectado. No solo el sentido desarrollado, sino algo más. Fandiño tomó la decisión adecuada. Irse por la espada de acero sin demora. La fortuna de acertar al primer intento, aunque atravesando al toro. Y cuatro descabellos. La pita en el arrastre fue muy sonora. A Fandiño le cayeron de refilón parte de esos pitos.

El sexto parladé, cinqueño, culopollo, la cara justa, el otro toro de Sevilla llegado en el envío -los dos en el mismo lote-, no fue apenas protestado. Mansito en varas, alegre en banderillas, buenas embestidas vivas. Después de la batalla del sobrero, la cosa parecía plácida. No le encontró tampoco a este toro el aire David Mora. Una tanda alborotada se celebró mucho, alguna protesta por las dudas al ponerse por la mano izquierda sin demasiada fe, una estocada desprendida. Y una oreja.

Postdata para los íntimos.- El tinte de los prunos de parque en Madrid es púrpura candente en la segunda quincena de mayo. Antes de agostarse el árbol, muy frondoso, daros una vuelta por los jardines de Eva Perón, que limita con la antigua ronda, Casi ciega la púrpura con el resol de las cinco de la tarde. Francisco Silvela junto a Manuel Becerra, donde se despedían los duelos. El parque de los cedros tristes y los ciruelos púrpura.El busto de Evita con su pelo recogido. Don´t cry for me, Argentina! Una fuente romántica, una escalera empedrada, talud ligero en la salida hacia el llamado en su día el Madrid Moderno, la colonia de las casitas eslavas que ha resistido viva casi cien años sin saberse cómo.

La antigua Casa de Socorro de la calle (de) Montesa es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista en Madrid, tan poco habitual. El jardín de la clínica es un pequeño botánico. El edificio es muy equilibrado. Dos alturas,vanos distribuidos según el canon catalán de las residencias sanitarias -como el del hospital de la Malvarrosa en Valencia-, paredes encaladas y casi crema, ventanas mucho más altas que anchas para filtrar la luz. Entrantes y salientes según el canon de puzzle. La entrada en chaflán tiene onírico aroma: un porche extraordinario, marquesina de cristal opaco y nervadura de aluminio, dos bancos de cerámica de la firma de Ángel Caballero, 1928, zócalos de azulejo de Talavera. Escenas del neoclásico, angeltios del rococó.

Cuando era Casa de Socorro, se olía la sangre. Una comisaría muy cerca. Me ha parecido entender que ahora es clínica especializada en trastornos mentales o enfermedades raras.

Al final de la calle de Ramón de la Cruz hay tres viviendas gemelas que estuvieron pobladas por trabajadores de la Casa de la Moneda. Uno de ellos,ya jubilado de la Ceca, era monosabio de la cuadra de los Pimpi. Muy entrado en carnes, el pelo blanco, el más experto de la cuadrilla, el hombre de confianza de los dos hermanos Vallejo, Antonio y Eduardo. Pues una tarde de verano de 1981 o así, haciendo yo para Diario 16 la corrida de Madrid, un toro manso de creo que Frías.derribó y, tras el derribo, hizo hilo con El Chico de la Trini. Tenía sesenta y muchos años pero el apodo no envejecía. Había sido discípulo de Chenel padre, monosabio legendario en la cuadra de los Barajas, en la plaza vieja. El toro de Frías estuvo a punto de matarlo, pero le perdonó la vida. Pasó por encima de él frente al burladero del 5. Las fotos eran terribles. Pedro Jota me hizo ir a su casa a entrevistarlo. "Mejor mañana, director", sugerí. "Ahora  mismo", dijo. Y fui. Y tuve en mis mano las suyas, que aún le estaban temblando. Y escuché de su voz jadeante el relato y la promesa de que acaba de retirarse. Era asmático.
Última actualización en Jueves, 18 de Mayo de 2017 23:07