TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Vergüenza torera de El Fandi, entrega de Garrido"

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Para uno y otro los dos toros notable de una corrida muy desigual en conducta y hechuras de Fuente Ymbro

Casi lleno, ambiente revuelto

Perera, malparado en el sorteo

Madrid, 17 may. (COLPISA, Barquerito)

Miércoles, 17 de mayo de 2017. Madrid, 7ª de San Isidro. Primaveral, nubes y claros. 20.000 almas. Dos horas y diez minutos de función. El Rey Juan Carlos, en delantera de Preferencia, recibió brindis de los tres espadas. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). El Fandi, silencio y saludos. Miguel Ángel Perera, silencio en los dos. José Garrido, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Buenos pares de Javier Ambel, Curro Javier y Guillermo Barbero. Notable brega con el tercero de Antonio Chacón hijo.

TUVIERON BUEN SON dos de los seis toros de Fuente Ymbro: un tercero negro que galopó de salida con viveza, y un cuarto castaño y lavado que, frío de partida y asustado a la vista del caballo, no rompió hasta después de picado. El tercero fue toro de más a menos. El cuarto, de menos a más.

 

Ricardo Gallardo, el ganadero de Fuente Ymbro, tiene en Madrid amigos y partidarios. Con novilladas bravas se hizo su fama primera en las Ventas. Y de las Ventas a todas las ferias. Hace de eso quince años. Antes de los dos toros notables de mitad de corrida, le estuvieron lanzando al ganaderos alguna pullas. “¡Gallaaardo…!”. Por el primero, seria estampa, pero muy escarbador, blando en varas y claudicante. Y por el segundo, de rubias sienes, el culopollo antiguo de Jandilla, abierto de palas pero justo de trapío, y de juego y conducta pobres. El toro pareció acusar vicios de manejo: se acostaba, se volvía por una mano y adelantaba por las dos. Había romaneado en un primer puyazo medido y enterrado un pitón al salir de un segundo testimonial. No fueron excusa una cosa ni otra.

El buen cuarto no aparentaba los 551 kilos de tablilla. El quinto sacó endemoniado genio, cabezazos y más cabezazos, una agresiva manera de escarbar. El sexto, mucho más toro que los demás, hondo cuajo, de mercurial e incierto temperamento, tardeó, punteó, también adelanto por las dos manos, se soltó sin aviso, se quedó debajo alguna vez y le puso a José Garrido los nervios a prueba. El toro más difícil de una corrida muy desigual marcada por un carácter común a todos salvo el sexto: la encornadura tan astifina desde la cepa al pitón, tenida por consecuencia de la cría con fundas. Dos toros no son pocos ni muchos. Pero se esperaba de dos de los otros cuatro mucho más. El difícil se camufló en su seriedad y en su bronco estilo. El primero se vino abajo.

Beneficiarios del reparto fueron, con tercero y cuarto, Garrido y El Fandi. Muy deslucido el lote de Perera, que anduvo seguro, decidido y sereno, pasado de faena con uno y tragando con otro sin vender un solo gesto. El quinto le arrancó literalmente la muleta de la mano en la reunión de la estocada. Los gestos de Garrido y El Fandi fueron diferentes.

Garrido cumplía feria –segunda y última tarde- y salió embalado, pisando fuerte. Soberbia la apertura de faena: dos estatuarios en los medios dejándose llegar desde tablas al toro. Cosidos con esos dos, tres con la zurda y el de pecho. Se volcó la plaza. En ese terreno, dos tandas en redondos más: una primera, refrescando distancia, embraguetada y ligada; y una segunda más forzada que no se celebró tanto, sino que fue el inicio de esa deriva que distingue, y no para bien, las faenas de más a menos. El nivel primero era insostenible. Más corta, y entera en los medios, la faena pudo haber sido una gran traca, porque la entrega de Garrido fue sin reservas. El acople por la izquierda, desigual; la distancia, el torero encima, no fue remedio. Pausas. Una tanda de bernadinas sin mayor peso, un aviso antes de la igualada, media cobrada con fe, dos descabellos. No cundió la petición de oreja.

El Fandi fue polo de la mayor atención; de un lado, sus detractores y censores severísimos, que no pararon de freírlo y castigarlo, y solo reconocieron rendidos su manera de correr al corte por delante del sexto cuando se iba corrido al caballo; y de otro, la mayoría común de cualquier tarde de toros. Esa mayoría celebró, sobre todo, sus logros, recursos  y hallazgos en banderillas. El segundo par al primero de corrida, sacando al toro de querencia en carrera hacia atrás, y cuarteando por fuera y clavando desde el balcón, fue extraordinario. Se subrayó, además, su manera de templarse con el cuarto cuando lo pasó por la mano diestra en hasta cuatro tandas, en los medios las cuatro, muletazos bien rematados. Se vino el toro encima por la mano izquierda y lo desarmó. Fue faena poderosa. Un último alarde: manoletinas de rodillas antes de cobrar una estocada que tumbó sin puntilla al toro. En la reunión con la espada perdió El Fandi el engaño.

Era su única tarde en el abono de Madrid. De ella se llevará un recuerdo amargo: la manera humillante en que el palco le negó su derecho a prender al primero de la tarde un cuarto par para compensar el haberse quedado en la mano con uno de los palos del tercero. En el brindis preceptivo al presidente, El Fandi hizo una reverencia bufa. La vergüenza torera. De ella hizo alarde la tarde entera.

Postdata para los íntimos.- Los parecidos entre el edificio monumental de la plaza de toros de Madrid y la gran media luna de la Plaza de España de Sevilla no son casuales, sino que remiten a la última época del neomudéjar en la arquitectura española del último tercio del siglo XIX y los primeros años veinte del XX. Si se pasea por los corredores de gradas y andanadas, se van descubriendo muchos detalles de la influencia sevillana en el edificio de las Ventas. Ni la Plaza de España ni la plaza de Madrid son edificios racionalistas, sino todo lo contrario. El racionalismo estuvo a punto de arrumbar el regionalismo tan cargante de la arquitectura española tardía dentro de su género. Aníbal González, el arquitecto que ideó la Plaza de España, fue muy influyente en José Espelius, el arquitecto elegido por Joselito para diseñar las Ventas. Se podría hacer un estudio. No sé si habrá tiempo.
Creo que la llamada Plaza Vieja de Madrid estaba más lograda que la Nueva, que es como se llamó en su día a la de ahora. Y creo, además, que el Palacio de San Telmo y el Parque de María Luisa tienen bastante más rigor que la Plaza de España. Hay pabellones que sobrevivieron a la Exposición Hispano Americana de Sevilla, 1929, el año en que cubrió aguas las Ventas. Son muy bellos algunos de esos pabellones, periferia de una ciudad que no ha sabido crecer fuera de las murallas, caso de Sevilla, Las Ventas no deja de ser una plaza periférica. El metro a la puerta. Yo recuerdo los tranvías: el 49, desde Rosales, y el 5, hasta Pueblo Nuevo, donde mi padre tenía un amigo marmolista.
Las imágenes añejas del viejo puente de Ventas, sobre el arroyo del Abroñigal, son espeluznantes: cortejos fúnebres camino del Cementerio del Este y, al lado, gente que tomaba en carros y carretas la rampa de la Carretera de Aragón.
Y pensar que había quien se colaba en los toros escalando por las paredes de ladrillo neomudéjar...

 

Última actualización en Jueves, 18 de Mayo de 2017 09:21