TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Valor conmovedor de Fortes, frescura serena de Román"

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El torero malagueño pone los pelos de punta a todo el mundo

Una faena de extraordinaria exposición con un toro difícil

El joven valenciano remata San Isidro con un lindo trabajo

Desigual corrida cinqueña de María Domecq

Madrid, 16 may. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 16 de mayo de 2017. Madrid. 6ª de San Isidro. Primaveral. 13.000 almas. Dos horas y veintitrés minutos de función. Se guardó al término del paseo el tradicional minuto de silencio en memoria de Joselito el Gallo. Seis toros de Lagunajanda (María Domecq Sainz de Rozas). Juan del Álamo, silencio en los dos. Fortes, vuelta tras un aviso y silencio tras un aviso. Román, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Raúl Martí y El Sirio pusieron al sexto pares notables.

EN LA PRIMERA MITAD de corrida se vivieron grandes emociones con dos toros cinqueños de hechuras parecidas pero fondo de opuesto signo. Fortes arriesgó guapamente y lo indecible con un segundo que fue un saco de problemas. Ni una sola ventaja. La firmeza habitual, y su lánguido desmayo, más conmovedores que nunca porque los pitones hacían saltar chispas de la taleguilla azul. El toro no dejó de acostarse por las dos manos, remoloneó por sistema, estuvo a la defensiva hasta el final. Por eso, por el riesgo constante y por el ajuste tan impecable, la faena fue de una tensión muy particular.

 

En un solo terreno, entre rayas, donde el toro se lo pensó mucho y atacando cada vez que adivinaba un hueco. Se mascó la cornada. Escalofriantes reuniones. Faena de valor, pero también de poder. Ya sometido, el toro se defendió todavía más. Las balas pasaron silbando las sienes. Un trágala de verdad, no solo un alarde. La exposición, limpia y sin red. Un natural a pies juntos en medio de tanto vértigo fue la joya de la faena. Sin contar el broche, previo a la igualada, de tres bernadinas, las auténticas, del repertorio mexicano de Joaquín Bernadó. La suerte se ha ido banalizando. Fortes le devolvió su mejor sentido. Muletazos por alto, cambiados justo en la reunión, ligados los tres sin ceder y todavía mayor el ajuste que en todas las bazas anteriores.

La gente tardó un poquito en atender y subrayar tantos méritos. El frio y seco arrojo como sin pulso de Fortes hubo de romper esa distancia. Sin concesiones. Cuando se calentó, el ambiente creció de nivel porque se estaba pasando más miedo que en cualquiera de las cuatro corridas en puntas de lo que va de feria. Solo que la tensión, la manera de medir y apuntar el toro, se tradujo en demasiados tiempos muertos. Pródiga pero larga faena. Una estocada trasera o desprendida, Fortes no se animó a descabellar, un aviso de letales efectos. Casi una oreja. Un aclamada vuelta al ruedo.

El toro de mejor aire del envío de Lagunajanda fue el tercero, veleto, muy ofensivo. Bramó mucho y sin duelo, y escarbó un poquito, pero descolgó enseguida, y aunque tardo al cite primero, repitió con son del bueno. En esas embestidas se dejó sentir el estilo del toro que Salvador Domecq fijó como base de su ganadería primera, la de Toros de El Torero.

Román estuvo con ese toro firme e imaginativo, descarado, suelto, templado y paciente por las dos manos en tandas ligadas y acompasadas, de cuatro y el de pecho. Valor sereno y sin arrebatos. Desde el saludo de capa –lances asentados de mano baja, una larga de remate que tiene ensayada- hasta el momento de la igualada. El toro se había metido un par de veces justamente entonces y esperó a Román cuando montó la espada en la suerte contraria. De la reunión –un pinchazo trasero- salió Román prendido, descosido, apaleado y pálido. Siete golpes de verduguillo, tras el cuarto sonó un aviso y rodó el toro. Ya tarde.

No hay quien pueda predicar sobre la edad idónea del toro de Salvador Domecq. La prueba viva fueron esos dos toros. Cinqueña toda la corrida, que, salvo un astifino primero de mantecosas hechuras, salió armada hasta los dientes. Las lidias completas de los seis toros sin excepción se hicieron interminables no por lo fatigosas sino por el vicio de pretender domar los toros antes de varas, por abusar del capeo en banderillas sin criterio de razón y por el empeño de embarcarse los tres espadas en trabajos de los de nueve minutos y pico.

La segunda mitad de corrida fue un dolor. Un cuarto disparatado, cornalón, parado casi a las primeras de cabio, y buen y sencillo oficio de Juan del Álamo, seguro, decidido y templado, que son rasgos de madures. Un quinto imponente, el de más trapío y plaza de los seis, castaño lombardo, veleto y paso, roto por encelarse en el caballo y aplomado en la muleta, y Fortes se obstinó en torear encima. Y un sexto sangrado en varas, la cara arriba en todas las salidas de suerte, y Román pretendió torear sobre la inercia, y no pudo ser. Con el toro de mazapán que abrió el desfile Juan del Álamo abundó en un trasteo facilito. Como el toro perdió mucho las manos, ni caso.

Postdata para los íntimos.- Ayer sobraron muchas flores de las que se venden en ramos por la calle el día de San Isidro, patrón de la villa.. Hoy he descubierto en mi barrio unos cuantos tirados junto a los basureros. Claveles. Los nardos se venden aparte. Las rosas, también. La procesión del santo, dicen los expertos, es la más antigua de todas las que se celebran en Madrid. Más incluso que la del Corpus, que fue famosa. La banda municipal va tocando himnos. El paso del santo es sencillo y ligero. Era una procesión de barrio. De las imitaciones de las grandes cosas de la Semana Santa Sevilla prefiero no opinar. Ahora son moda. Esta mañana, al pasar por delante de la Colegiata, en la calle (de) Toledo detecté el aroma de incienso del día del Santo. La alcaldesa ha dicho que era un santo ecologista.
La proporción de árboles y flores en el tejido de la ciudad es brutal. Esta no es ciudad de flores. En el tramo último de Toledo, entre la Puerta fernandina y el puente barroco de Ribera, han plantado en discretos parterres y a la sombra de los cedros matas de geranios rojos. Apenas se ven. En cambio, en la plaza del Conde de Miranda, en un antiguo palacio reconvertido en vivienda,, hay siete, ocho o nueve balcones de primer piso con las macetas de geranios más sanos que nunca he visto. Ni en el País Vasco, donde son flor nacional, ni en Andalucía. Ni en sueños.

 

Última actualización en Martes, 16 de Mayo de 2017 23:46