TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Desde Bilbao, "Los Timbales" de Paco Cerezo: "Comentando la Feria de Sevilla"

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Concluyó la Feria de Abril, puede que la más bonita del calendario taurino, quizá por ser la primera y su innegable importancia.

En la primera tarde, tres prometedores toreros sobre el albero maestrante. Pues como que no, que dicen ahora.

Lo atestigua la entrada, triste entrada con media plaza en los escaños. Loable la actitud empresarial, encartelando de golpe y porrazo tres prometedores espadas. …

Quizá un planteamiento mercantil para ahorrar un porrón de euros en el montante de la corrida. Si es así, se han pillado los dedos.

Un aceptable encierro de Torrestrella, con un gran 4º que aprovechó Jose Alvaro Lorenzo y Ginés Marín, evidenciando ir un curso por detrás de Garrido. Ese año más de alternativa.

Corrida estrella el jueves, con Morante, el Juli y Talavante, con el ansiado cartel de “No hay billetes”. Lo que demuestra con claridad meridiana que solamente las figuras (cuando llegan a serlo) llenan las plazas. Lleno a reventar.

Y eso que llovía a todo llover en Sevilla. Seis zambombos de Garcia-Grande y Domingo Hernandez (me da igual que me da lo mismo), al que al 5º, el más potable, a fuerza de paciencia y conocimiento arrancó el Juli una oreja, tras haber toreado brillantemente de capa.

La tercera corrida ferial, metida en agua y desagradable, trajo toros de Juan Pedro Domecq, blandos y de poca casta, excepto 3º y 5º, aunque no exentos de clase. Enrique Ponce, con un lote aburrido, estuvo allí, estuvo en torero, que es lo que le dejaron sus perezosos antagonistas.

Jose Mª Manzanares, que trae loca a la parroquia sevillana, tuvo sus momentos de lucimiento con el capotillo y con la pañosa, pero donde estuvo sobresaliente fue con la espada, matando de sendos estoconazos, uno al encuentro y otro a volapié. En este momento, el rey de espadas de la Fiesta. Cortó una oreja tras cada toro. Y es curioso que no siendo un matador ortodoxo tenga tanta precisión y todas sus espadas son modélicas de colocación, en la misma yema. Es un cañón.

López Simón, con el mejor lote, mejorando actuaciones pretéritas. Mucho más cuajado y pisando terreno comprometido, hizo dos faenas de merito con series interesantes, aunque se atropellase a veces. Con las espadita no estuvo bien, y el feo espectáculo de descalzarse dentro de su repertorio. …Y, como siempre que ponen las figuras, un casi lleno en tarde muy desapacible, aunque si el cartel lo merece…

En la 4ª, los victorinos, con alto predicamento en Sevilla, volvieron por sus fueros. Con un buen 3º, un encastado 4º y un 5º para bordar el toreo. La oreja del 3º, para Paco Ureña y la del 4º, para Antonio Ferrera. Escribano se fue de vacío.

Es un lujo ver este tipo de corridas, cuando encuentran al torero en su estado puro. Victorino echó todo tipo de toros, del gazapón al reservón, pasando por el vertiginoso, revolviéndose, tirando a coger, el complaciente y el excelente, metiendo la cabeza con estilo y arando la arena con el morro, el gran quinto toro. Como siempre, los victorinos, por su interés, inmovilizaron al personal durante tres horas. No se movió nadie.

Reaparecía Antonio Ferrera tras casi dos años, tras una lesión. Mucho tiempo para pensar, para meditar… Fue la reaparición de un torero. Formidable con el capote y en quites y sensacional con la muleta. La faena al 4ºtuvo todo el merito y la torería del mundo. ¡Como dominó la agresividad y velocidad, revolviéndose el toro peligrosamente! Ferrera lo metió en la muleta, llena de arte y variación tras poderle al toro y dulcificar su embestida. Una oreja pareció poco premio.

Muy bien Paco Ureña en su primer toro, consiguió cortar una oreja. Con el otro, no se avino a razones. Manuel Escribano, todo voluntad, no tuvo su tarde y se dejó por el camino un toro de ensueño.

El domingo dejamos la lidia ordinaria para poner la plaza a los pies de los caballos, no en vano se trata de la Real Maestranza de Caballería. Oreja para Sergio Galán, oreja para Diego Ventura y Lea Vicens que se quedó a verlas venir.

Regresamos al toreo a pie el 1º de Mayo ¡un día tiene el obrero! Se despedía Rivera Ordoñez tras 22 años en esto. Sabia decisión, pues lo que tenía que decir, ya lo ha dicho y es mucho más elegante marcharse antes de que te marchen.

Para el evento, una corrida de Daniel Ruiz, chica, sin casta ni clase. No había por donde cogerla. Excepto un 4º astado, extraordinario, bravo, repetidor. Como si hubiera acumulado toda la responsabilidad de la que carecían sus hermanitos. Con él estuvo Rivera Ordoñez todo lo discreto que se puede estar en una despedida. Terminó de una estocada que merecía oreja, y se la dieron.

El Juli dejó el protagonismo a los hermanos, lo que demuestra su buena educación. Se conformó con ser, si no un testigo de cargo, sí un testigo de lujo.

Cayetano, derrochando ganas y disposición, no exento de clasicismo, se hizo el amo del cotarro. Quite vistoso entre los pitones, desplantes. Sólo un gesto feo. Descalzarse sin más ni qué, y tirando la montera al toro. Pensé para mí: ¡Jobar! Este se queda en pelota, al verle desprenderse de tanta prenda. Menos mal que no pasó de ahí…

Ya desmelenado, se echa de hinojos para ligar una serie muy emocionante con la derecha. Ya como Dios manda, variedad, valor, vibrante y torero. Tras un espadazo, cayó la oreja y la gente se quedó pidiendo más. Pero Cayetano ya llevaba más: el fervor del público maestrante, que vale más que todo tipo de despojos.

En la sexta, nueva aparición de Morante de la Puebla y ¡quien lo diría! Tres cuartos largos de plaza, lejos del lleno que todos augurábamos. Perera y Javier Jimenez completaron el paseo. Morante, todo de negro vestido… No me extraña. Para darle alegría, la gracia alada de Morante en la verónica y media preciosa al de Garcia Jimenez, que completó, junto a sus hermanos una mansadita, blandita. Tras intentarlo, con algún detalle, buena estocada del de la Puebla. En el 4º, sacó partido. Corta y hermosa faena (todo lo breve…). La naturalidad al natural, garbo en la diestra y remates y desplantes llenos de aire, de gran sabor… pero mató mal. Se quedó con el público, que paladeó su toreo. Los que no fueron, se arrepentirán.

Miguel Perera no acabó de entenderse con su lote, pero exprimiéndolo, sin perder la cara. Javier Jimenez, todo voluntad y entrega, fue ovacionado por el respetable.

Si Morante no lleva… pues Padilla, el Fundi y Escribano, menos y no se alcanzaron los ¾ de plaza. Vestían de azul los tres, en oro bordado. Como comprados los ternos en los mismos almacenes. Pero no, seguro que fue pura coincidencia. Los tres anduvieron a palos, nada menos que dieciocho pares. Un bosque.

Bien presentados y manejables los Jandilla, algunos con genio. Los genes. La voluntad de Juan Jose Padilla, su valor y voluntad, fuera de toda duda. Fiel a sus conceptos, a su tauromaquia, Padilla se lució en diversas fases. Eficaz con los aceros, le fue negada una oreja, que si bien hubiera sido demasiado, bien es verdad que el cónclave pidió en mayoría. Vuelta en sus dos toros.

También el Fandi en su salsa, variado y vistoso con el capote y poderoso en banderillas. Mejor en el 5º, pues no hay quinto malo. Faena sobre ambas manos, alegre y bulliciosa. Y poco profunda, pero en gusto de los que pagaron, que pedían un apéndice para el diestro, que se quedó en vuelta al ruedo. Estoy con el Palco, pero no con el reglamento, quien especifica que si hay mayoría, hay que soltar la mano, por lo cual, el respetable tenía razón. No tanta como para arrojar almohadillas, con lo feo que están esas cosas…

Además, el toro cogió al Fandi, aunque no de gravedad.

Manuel Escribano estuvo voluntarioso y valiente, que se decía antes, y el público le aplaudió al marcharse. La presidencia, con humildad franciscana, parecía el Cristo atado a la columna, mientras aguantaba estoicamente la gran bronca del público sevillano.

El 8º festejo suponía el cartel mas rematado. Nada más y nada menos que Morante, Talavante y David mora, con toros de Nuñez del Cuvillo. ¡Yo también me apunto! Diría cualquier torero. Y, por supuesto, el cartel de “No hay billetes”. Queda claro como se llena una plaza. Dentro de la modestia, queda la impresión de que en ocasiones la empresa está un poco torpe. Aunque quizá es prejuzgar. Los toros parecían todo menos Cuvillos. Ni en tipo, ni en facha, ni en ná. Mansedumbre y aburrimiento. Un buen tercero. Así salió la cosa…

Morante no es Morante de la Puebla. Es la Ruta de la Seda. Más o menos detalles airosos o clásicos, según proponga su antagonista. Con el que abrió plaza lució su capote pintoresco y gracioso. Con la flámula dio una lección de torería, tras someter al animal, los naturales y los redondos tomando altura. En el cuarto, viendo que se le iba la feria si una modesta oreja que llevarse a la boca volvió a lucir a la verónica y en sus torerísimas medias. Banderilleo con figura, quebrando en tablas para cerrar el tercio y esto levantó de sus escaños al respetable. Con la pañosa, una nueva versión de Morante, entregado, peleón, porfiando, disputando cada metro de terreno al burel, para allí bordar el toreo al natural, el redondo largo inmenso y a cuadrar el toro. ¡Que torería, que valor, que clasicismo en el toreo provocativo de pitón, haciéndose con el toro, pudiéndole y colocar más d medio, que hizo lenta la muerte del toro, tanto que le sonaron dos avisos… ¡pero daba igual! El público, entusiasmado, pidió la oreja en notable mayoría, yo creo que toda la plaza, pero la presidencia se refugió en tablas, infringiendo el reglamento, que estaba y está por encima de la opinión personal.

Talavante está en un gran momento. Inspirado con el capote y firme en su planteamiento del toreo más clásico. Cortó la oreja de su primero y acabó aburriéndole el quinto. Talavante es un valor en alza.

David Mora se llevó el mejor lote. Completó el cartel sin desentonar, aunque un poco lejos del toreo clásico y del arte a que nos tiene acostumbrados. Le ovacionó el público sevillano. Esto es casi el Viernes de Dolores ferial. Sólo quedan dos corridas.

 

Se llenó la Mestranza en una corrida estrella, que llaman.

Cinco de Victoriano del Río y uno de Cortés (que me da igual), pero resultó el mejor del encierro y que se encargó de dejar en alto la divisa.

Le dieron una muy merecida vuelta al ruedo.

El resto fue manso de solemnidad, aun reconociendo que las grandes corridas están llenas de mansitos.

Y en el encerado, Sebastián Castella, Jose Mª Manzanares y Roca-Rey. Sebastián Castella sólo pudo lucirse en los lances de salida. Y se acabó. ¡Que aburrimiento!
Otra cosa fue el cuarto toro extraordinario, en el que el toreador francés estuvo en figura, mejorándo al astado, estuvo torerísimo.

Arte, reposo y firmeza en una hermosa faena, tenía la oreja en la mano, cuando inició el sainete con los aceros.

El público disfrutó con la gran faena, y premió a Sebastián con una clamorosa vuelta.
Correspondió a Manzanares lo peor de la mansada. No obstante, estuvo torero y digno, matando rápidamente.

Le ovacionó la afición sevillana.

Recibió Roca-Rey al colorado mansito con su peculiar y particular modo de manejar el capote, que llega al instante al personal.

Buen comienzo del peruano y, de pronto, el toro emprende una huida escandalosa. Ahí lo busca el torero, en una faena vibrante y con más profundidad a las que nos tenía acostumbrados.

Un sartenazo, si no en muy buen sitio, sí eficaz y a Roca-Rey le toca el Gordo. Dos orejas, que pudieron ser tres, sin fallo a espadas. Salió a hombros.

La Puerta del Príncipe se esfuma y sale por la de cuadrillas, que en Sevilla se llama Puerta Principal para disimular cumpliendo el reglamento, a hombros de dos tristes costaleros. Sólo quedan dos corridas. No más de dos tercios de plaza. A tal cartel, tal entrada.

Del Pilar y Moises Fraile los toros salmantinos corridos esta tarde. Pareja y bien presentada la corrida. Buen juego, aunque con algún brote a mansedumbre y un excelentísimo quinto, que se rompió una mano.
Padilla, voluntarioso y bullidor, como siempre, conectando con el público, que ovacionó su labor.

Antonio Ferrera, una vez más estuvo inmenso con el capote. Veronicas de alhelí, de García Lorca y deslumbrante quite por faroles. Faena musicada y mandona, a un toro áspero. Espadazo delantero y petición que no fue atendida de oreja.

Visto y comprobado que la vara de medir no es igual para todos. En el magnífico quinto de la tarde, superior toreando de capa, hasta que el astado se rompió una mano y fue sustituido.

Al 5º Bis lo toreó con gusto con el capotillo y llevó a cabo una faena torera y meritoria, con momentos de categoría. Se lo puso difícil al matar.

Le cogió al primer envite, casi repite en el segundo y sale del tercer viaje, en el que cazó con dificultad. Fue premiado con una merecida vuelta al redondel.

López Simón arrancó sin probaturas a torear en redondo. Sonó la música y se alborotó el personal. Varias series limpias y templadas. Naturales y adornos. Gran toro.

Tres pinchazos intramusculares y estocada dejan su labor en vuelta al ruedo.

En el sexto nos aburrimos todos: el toro, el torero y el público, con más de tres horas con el gluteo en el duro escaño. ¡Cuanta gente en el callejón!

Miuras para clausurar la Feria y premio a los toreros locales por su paciencia y aplicación.
Una de Miura para desengrasar para Antonio Nazaré, Pepe Moral y Esaú Fernandez.
Y fiel a la tradición: el domingo, la de Miura.

Encierro desigual pero interesante, pidiendo el carnet, que dicen.

Antonio Nazaré estuvo voluntarioso en sus dos toros, sin lograr interesar su labor. Despachó su lote con rapidez y obtiene los aplausos del público.

Pepe Moral fue el triunfador y cortó una oreja a cada res. Manejó el capotillo con arte y remató airosamente, como una declaración de intenciones.

Faena valiente, variada y con fondo.

Hubo arte y despaciosidad en sus redondos, bien administrados.

Una estocada certera puso la firma a su labor y le permitió obtener oreja.

Bordó el natural en su segundo, con majestad, con poderío.Buenas pasadas con la derecha y una estocada delantera defectuosa, por lo que únicamente cortó un apendice.
Se esfuma la salida por la Puerta del Príncipe, aunque salió a hombros, eso si.
Con la miel en los labios.

Esau Fernandez sufrió una cogida espeluznante al intentar la larga a porta gayola.
Voluntarioso y valiente en su lote. Pero, sin duda, acusó los duros golpes de su cogida, lo que unido a la falta de festejos, impidió mayor lucimiento.

Adios a la Feria de Abríl, llevándote sólo la nostalgia.

 

Última actualización en Jueves, 11 de Mayo de 2017 09:47