TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Pepe Moral y Miura, gran binomio"

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El torero de Los Palacios, puesto, despejado y firme, se entrega con un excelente quinto toro en una bella y rigurosa faena de alta escuela

Botín de dos orejas. La sorpresa de la feria

Sevilla, 7 may. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 7 de mayo de 2017. Sevilla. 14ª de abono. Primaveral. 8.000 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Miura. Antonio Nazaré, silencio tras un aviso y ovación. Pepe Moral, oreja y oreja con dos vueltas al ruedo. Salió a hombros por la Puerta de Cuadrillas. Esaú Fernández, ovación y palmas.

LOS TRES PRIMEROS miuras eran cuatreños. Cinqueños los otros tres. Seriamente armada, ofensiva sin excepción, diversa de hechuras y temperamento, tal vez abierta de líneas y reatas, la corrida toda cumplió con los caracteres fijados en Miura. Salidas vivas y desafiantes, sello particular al descararse o dolerse de la divisa al romper la barrera de la luz y del sonido. Del silencio oscuro de los chiqueros de la Maestranza al brillo rutilante de la arena de albero de Sevilla en la tarde más calurosa de toda la feria. Y zurcir a cornadas el burladero donde trataron de amarrarlos a los seis mientras el caballo de pica ganaba la puerta del desolladero. En ese gesto de zurcir tablas, recular y recargar se identifica la fiereza.

 

Y la clave que es prueba mayor: prontitud en el caballo incluso cuando fueron puestos en largas distancias y peleas serias, incluso enceladas en varas, donde cobraron y sangraron más de la cuenta dos de los toros que mejor se emplearon, el cuarto y el sexto. También en banderillas se avinieron los seis toros al código Miura, que es tanto como esperar más de lo normal y, en la arrancada seca de la reunión, no consentir a nadie pisarle terreno ni sacar los brazos en los cuarteos. Se atrevió a hacerlo con el tercero un banderillero tan seguro como Curro Robles y, cazador cazado, salió prendido y volteado del par que cerraba tercio. E ileso.

Los tres primeros bramaron. Los célebres, inconfundibles, roncos, desoladores bramidos de Miura. Música de cámara que a veces hiela la sangre. La tradición –con su historia no siempre bien contada- pide, además, que los miuras se descompongan en la muleta y desarrollen sentido. La listeza, la agresividad. La leyenda. El quinto de corrida, un cárdeno Amapolo de casi 650 kilos, amplio de verdad, contravino por entero esa ley no escrita. Toro de fijeza, temple y entrega muy notables.

Noble fue la corrida toda, incluso un cuarto revoltoso y picante, enigmático y atento a cuanto se sintiera o moviera, sangrado en exceso, apalancado cuando sintió a Nazaré encima o al resentirse de un primer puyazo enganchado contra las cuerdas y un segundo trasero. También un tercero que en la suerte de larga a porta gayola desarmó a Esaú Fernández, lo tuvo entre las manos como presa y se bastó con pegarle dos o tres pisotones. Uno de ellos, tan violento, que dejó al torero conmocionado en el suelo, sin sentido. El sexto, que cobró un volatín entero al salir del primer puyazo pero tomó a pesar de eso tres varas, le vino grande a Esaú Fernández. Fue uno de los tres toros buenos de la corrida, pero no pudo verse como los otros dos.

Los otros dos fueron ese quinto tan completo y un segundo que no tanto porque tardó en romper. Para verse a modo esos dos toros y disfrutar con ellos resultó decisiva la aportación de Pepe Moral. Sobrado, entregado, profundo. Ninguna banalidad, sin tiempos muertos ni barato teatro. Tan suelto como firme y decidido. Preparadísimo. La faena del quinto toro contará entre las cinco mejores de la feria. No solo por tratarse de un miura, sino porque no es normal torear con tanta sencillez, naturalidad y categoría a un toro que, con todas sus calidades, era de los de la media altura.

El comienzo de faena con seis muletazos cambiados o no, lineales, dibujados a modo, fue excelente. No bajó el listón ni el ritmo. Dos tandas en redondo reunidas y abrochadas y, enseguida, otras tres con la izquierda que iban a ser la joya de la corrida. Un compás extraordinario, toreo calmoso y ligado, caído de hombros el torero de Los Palacios. Y en la vertical, en torno a la cual parecía sentirse el toro más a gusto que nadie. El volumen del toro encareció tantos méritos. Además del temple y la composición, la distancia y la duración justas, la alegría de los recortes. Toreo de escuela, muy sevillano. Un clamor.

No tan brillante, la faena del segundo miura fue ya aviso de que Pepe Moral estaba. Estar mejor que nunca. Torero relegado, olvidado, pero muy buen torero. No hay tantos. También una última tanda en la media altura a ese segundo toro fue de tono mayor. El trasteo previo, armado con lógica, de seguridad sorprendente –ni un grito, ni un renuncio, ni un tirón-, tuvo la marca del bien torear. Y la firma de una estocada por el hoyo de las agujas.

Renco, lesionado, el primer miura embistió al paso, la cara arriba por tenerse en pie, y Nazaré, muy paciente, ayudó a sostenerlo. Pero en faena larguísima. El cuerpo a cuerpo con el cuarto, de alta tensión, dejó claro que el torero de Dos Hermanas no vino de paseo. El tercer toro, el del percance a porta gayola y la voltereta de Curro Robles, perdió una pezuña cuando, descolgado, parecía haber engrasado el motor después de mucho rebrincarse. Y no tuvo más opción Esaú que la de montar la espada.

Postdata para los íntimos.- Ha terminado la feria. Esta noche, hace cinco minutos, al terminar la crónica, he recibido la noticia de la muerte de José Luis Suárez Guanes, que fue durante muchos años segundo de Vicente Zabala padre en ABC, y no creo que haya habido nunca un segundo tan bueno. El segundo crítico era en todos los periódicos el que cubría los toros de Caranbachel en el caso de Madrid y las corridas de Madrid cuando Zabala hacía ferias no tan largas como las de ahora.

Era un hombre de gran bondad, original por todo, generoso de su persona, muy gracioso. De memoria infinita. Escribió en Aplausos críticas estupendas, sobrias cuando convenía y con su gota de rancia retórica cuando le apetecía evocar a clásicos de su preferencia (el olvidado Gonzalo Carvajal sobre todos). Su Curro Romero, sus Bienvenidas, su Rafael Ortega, su Chenel, su Aparicio,su Ordóñez, su Viti, su Camino, su José Tomás también. A todos los llevó de su pluma al Olimpo porque tuvo desde niño por dioses a los toreros.Su historia de las Ventas es un libro tan de verdad que parece la historia del toreo. No tuvo un solo enemigo ni dentro del gremio nuestro, que no es fácil, ni dentro del planeta de los toros, que es cada vez más pequeño. El él se hizo un sitio por todo particular.

Adiós, amigo, adiós. Te lloro.

 

Última actualización en Domingo, 07 de Mayo de 2017 23:00