TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Delicias de Morante, firmeza de Perera"

Correo Imprimir PDF

Una faena del torero de la Puebla sembrada de torería e ideas y otra del torero extremeño de irreprochable encaje.

Cumplidor Javier Jiménez

Función interminable

Sevilla, 2 may. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 2 de mayo de 2017. Sevilla. 9ª de abono. Primaveral. 8.600 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de la familia Matilla. Todos, con el hierro de García Jiménez, salvo el segundo, del de Peña de Francia.

Morante, saludos y saludos tras un aviso. Miguel Ángel Perera, saludos y saludos tras un aviso. Javier Jiménez, saludos tras un aviso y ovación.

Picó muy bien al quinto Ignacio Rodríguez. Pares espectaculares de Javier Ambel, Curro Javier y Abraham Neiro.

CUATRO TOROS CON la edad recién tomada, un cinqueño pasado, que hizo segundo, y uno más, el sexto en salir, que había cumplido en noviembre. Una corrida juvenil, con el peso preciso y en tipo. Y su cara. Bastante más ofensivo que ninguno el cinqueño, del hierro de Peña de Francia, remangado o vuelto de cuerna, ligeramente bizco. En cuestión de artillería le siguió el sexto, que fue, sin embargo, menos toro que los otros, más sacudido, cuello agaitado. Después de picado, ese toro dejó charcos de sangre en la arena, en banderillas se emplazó en la boca de riesgo y, antes de pararse –por sangrado o por lo que fuera-  descolgó pero al tiempo que pedía la cuenta.

Tendría las mismas ganas de acabar que la inmensa mayoría. Otra función de dos horas y media, sembrada de tiempos muertos a capricho y sin razón. Tres avisos, uno por cabeza, pero con cierta diferencia fundamental. La faena avisada de Morante, la del cuarto toro, pasó sin sentir, de sutil manera. La de Perera, quinto toro, fue de larga distancia, como las carreras de fondo, y aunque la más lograda fue una última tanda en redondo y lo más atrevido el broche de ochos y tirabuzones previos a la igualada, se acabó pagando el largo prólogo y sus varios capítulos. La embestida rebrincadita, revoltosa e irregular del toro propició el metraje. A Javier Jiménez le tocaron un aviso en el tercero antes de haber cambiado de espada.

La más breve y sencilla de todas, armoniosa y resuelta en un ladrillo con fina autoridad,  fue la primera de las dos faenas de Morante. No tan primorosa como la segunda, porque el toro que partió plaza, muy escarbador, se apagó demasiado `pronto. La segunda, de mucho apurar lo que el toro llevara dentro, fue rica en improvisaciones, variaciones, inspiración e ideas. Toreo de repertorio muy bien dicho: la trincherilla cosida con el de castigo, y recojo, pliego muleta y me desplanto; los muletazos de costadillo posada la figura, templado el viaje por alto como a pulso; los cambios de mano por la espalda en el toreo al paso, uno de ellos ligado con el de pecho obligado; la cadencia del toreo enroscado al natural; la gracia singular y rancia del toreo a pies juntos también. Y el hilván del todo y las partes.

En todos esos palos es singular Morante. No importó que, abanto de salida, la mirada perdida de miope en principio y no después, sus últimos viajes casi al paso, el toro no pusiera de su parte ni la mitad que Morante. El muletazo previo a la igualada, dibujado por la cresta con un caracoleo en reolina y un último cambio de mano fue magistral. Solo que  el toro, que no había hecho más que pegar cabezazos al peto de pica, renegó, se acostó y protestó más de la cuenta.

Noble fue toda la corrida sin excepción. Hasta ese cuarto tuvo nobleza. No tanta el sexto, que, tardo y suelto en varas antes de emplazarse, sacó agrio estilo. El toro que molesta, dicen los toreros. Noble el cinqueño que se rajó de buenas a primeras y solo en la querencia tomó engaño pero soltándose en casi todos los viajes. El tercero fue el de más claro son. Cuentan que la corrida de los Matilla del pasado San Miguel en Sevilla fue de muy buena nota. Mejor, sin duda, que esta otra.

Hubo toreo de capa de caro vuelo y, aunque Morante se asentó y dibujó con aplomo a la verónica o en tafalleras a suerte cargada, los lances de más quilates llevaron la firma de Perera en el saludo del segundo: verónicas de manos bajas, bien mecidas, impecable ajuste,  y media excelente. Y un quite por gaoneras en el quinto más que comprometido y resuelto muy por abajo, los pitones rozando las medias rosas de estreno.

El pasarse de tiempo lastró la mejor labrada de las dos faenas de Javier Jiménez, la del tercer toro, con el que se prodigó en exceso pero en tandas de distinta calidad. Ni faena de menos a más, tampoco de más a menos. Buen dibujo a media altura, ganas de torear despacio. Y, en fin, resolución suficiente para no perderle la cara al sexto. Y matarlo a la primera.

Postdata para los íntimos.- El jacarandá es la mimosa de flores malvas. Una de tantas variedades de acacia. Las de Sevilla son únicas porque abundan en las dos márgenes del Guadalquivir y aparecen por Santa Cruz y las distintas periferias. El árbol florece por esta tierra a principios de mayo o finales de abril. La flor, de tulipa pequeña, es bastante efímera. La fronda, muy gaseosa y sutil. Parece un árbol frágil, pero no. De las palmeras y los plátanos de paseo no toca hablar ahora. El polen de los plátanos es alérgeno. La idea de plantar plátanos en Sevilla fue seguramente idea de los Montpensier, porque el árbol no tiene raíz en la jardinería árabe, tampoco en la inglesa. Raíz quiere decir arraigo o tradición. Va de suyo que no hay árbol sin raíces. Las de los cuatro ficus de la plaza del Cristo de Burgos son fantásticas.Los jardineros franceses fueron los amos de Sevilla en el XIX y la llenaron de plátanos como los de París y tantas ciudades francesas del sur y el sudeste. Pero no se metieron en los patios de las casas ni de los palacios, donde se respetó la fusión de lo romano y lo árabe.La buganvilla, el geranio, el mirto, el jazmín, el ciprés. O eso creo. En primavera los prunos adquieren una coloración muy intensa. En la calle de San Bernardo vi el día primero de mayo uno que cegaba.

¡Cuánto ha cambiado la Enramadilla desde que se reurbanizó San Bernardo!.Los amantes de los arrabales desarraigados echaremos de menos el pasado. En la plaza de la Alfalfa hay un placa que recuerda a un costalero muerto en plena procesión. Y en San Bernardo otra placa en el lugar donde nació ese mismo costalero.

No recomiendo en días de feria comer en restaurantes de Sevilla. El porqué se explicará en su día.Ni pisto ni pesca.

A Varona le he visto pegar en un balconcillo del 6 el mejor muletazo de la feria. Con el programa de mano. Esta tarde.

 

Última actualización en Miércoles, 03 de Mayo de 2017 09:09