TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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VALENCIA. 2ª de la Feria de Fallas. Crónica de Barquerito: "La firma de Curro Díaz"

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Garbo y gobierno del torero de Linares en una faena casi redonda. Reaparición interesante de Manuel Escribano. Padilla, volteado aparatosamente y herido peor no de gravedad. Público dominical de fácil contento

Valencia, 12 mar. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 12 de marzo de 2017. Valencia. 2ª de Fallas. 4.000 almas. Soleado, fresco. Dos horas y media de función. Luz artificial en los dos últimos toros. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Juan José Padilla, vuelta tras un aviso y una oreja. Herido por el cuarto en el muslo derecho. Curro Díaz, saludos y una oreja. Manuel Escribano, ovación tras aviso en los dos.

APENAS picado pero bien sangrado, el primero de Fuente Ymbro, burraco y armado por delante, estuvo a punto de galopar. No tanto. Padilla se había hecho en plaza con una larga cambiada de rodillas en tablas. No fue la única de la tarde. Otras dos le pegó el propio Padilla al cuarto en el recibo, y ese toro sí galopó. Al toro de su reaparición, el tercero de corrida, también lo saludó Escribano con larga de rodillas en tablas, y al sexto lo esperó de salida en el tercio –ni a porta gayola ni entre rayas ni en los medios- para intentar una nueva versión en distancia de la suerte. Acto fallido. Tal vez deslumbrado, el toro no atendió a reclamo, parece que sí a la voz, y pasó de costado sin dejar a Escribano echar siquiera la capa a volar. Un raro desaire.

 

En tablas, y en un viaje de ida a escape, al fin pudo Escribano largar de rodillas al toro, el único castaño dentro de una corrida de mayoría de mulatos o retintos. Fue el toro loco de la tarde. Belicoso de partida, cazado a lazo en varas, de esperar y arrear en banderillas y, en fin, loco por irse tras mucho correr de acá para allá. Tanto Padilla como Escribano banderillearon sin hacerse de rogar. En tercer y cuarto toros compartieron tercios de invitación. Doce pares de banderillas, digamos, de autor. Padilla se prodigó en violines muy celebrados. Las dos reuniones más ajustadas fueron suyas. Escribano ensayó con el tercero la suerte que le dio fama mayor: el quiebro en tablas. Suerte que le costó en su año de revelación una muy grave cornada pero que todavía aparece en su repertorio. El toro de la reaparición, en el par de cierre de tercio, no llegó ni a entrar en suerte, tan solo a cabalgar a su aire.

Fue, por lo demás, tarde de brindis particulares. Estaba en un tendido de sombra un cuarteto del equipo médico de la plaza de Alicante que le salvó literalmente la vida hace casi nueve meses y Escribano los hizo levantar de su asiento para brindarles el toro del regreso se supone que con un emotivo parlamento. Mucha gente estaba en el secreto. Sacaron al torero de Gerena a saludar al tercio después del paseo, la ovación fue de gala. Todavía más sonora la ovación en el momento del brindis. Los médicos de Alicante la agradecieron.

Curro Díaz había brindado el segundo de corrida al propio Escribano y a Padilla, a los dos a la vez y juntos, en un gesto de reconocimiento a lo que representan por su valor de toreros supervivientes. Hubo, además, un par de brindis al público, y música, muchísima música: en los cuatro tercios de banderillas de matador, en los intermedios y sin demora en las seis faenas de muleta, que fueron de muy distinto cariz. Público dominical, receptivo, asustadizo. Y una corrida de Fuente Ymbro con dos toros de sencillo trato: el primero de Padilla, de buen son por la mano derecha y no por la otra, y el segundo de Curro Díaz, que, un punto distraído, quiso bien y fue el más elástico de los seis.

Con ese quinto, la faena de la tarde, que llevó la firma tan particular de Curro Díaz, el sello de su particular pinturería natural, la marca de la golosa pincelada en los muletazos de apertura y cierre de tandas, la gracia de la ligazón no siempre a suerte cargada pero siempre a ritmo y en muletazos templados. Gracia sin empacho. Ligera y liviana pero acompasada la muleta. El muletazo mágico de la corrida se lo había pegado Curro al segundo casi al final de faena, con la zurda firmada y enroscada, pero a este quinto le pegó unos cuantos de aquí me quedo y me encajo y me suelto. Cosas del garbo.

Escribano también cobró por abajo muletazos de profundo sentido con un tercero que desparramó la mirada demasiadas veces. Un molinete sevillano –el engaño casi por las rodillas, raudo el giro a pies juntos- contó en el capítulo de muletazos sabrosos. Padilla se peleó sin ahorrar emociones a sus devotos. Faenas como montañas rusas, ni redondas ni cuadradas, más interminable que indescriptible la del toro burraco, y bastante dramática la del cuarto, que lo cogió en un descuido y le pegó una voltereta brutal y una cornada en el muslo. A ese toro cuarto le había hecho un heterodoxo quite por faroles.


 

Última actualización en Lunes, 13 de Marzo de 2017 20:22