TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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VALENCIA. 1ª de la Feria de Fallas. Crónica de Barquerito: "Éxito distinguido de Álvaro Lorenzo"

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El torero toledano sorprende con su autoridad, su sentido del temple y su claridad de ideas. Con el son pastueño del toro mejor de Alcurrucén, empaque con el capote y poder con la muleta.

Valencia, 11 mar. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 11 de marzo de 2017. Valencia. 1ª de Fallas. Soleado, fresco. 4.000 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano). Juan Bautista, saludos tras un aviso y silencio. Saúl Fortes, saludos y silencio tras un aviso. Álvaro Lorenzo, silencio y una oreja. Alberto Sandoval y Francisco Javier Sánchez picaron bien a cuarto y sexto

ABRIÓ CORRIDA, plaza y feria un cinqueño colorado y calcetero de Alcurrucén. Corto de manos y bajo de agujas, rechonchito y relleno. La pinta y el aire de los toros de peluche, se diría que bondadosa expresión, pero acodado, astifino y bien armado. Fue, por delante, el más ofensivo de la corrida. Se llamaba Codicioso. No lo fue. Abanto y hasta huido de salida –supo recogerlo Juan Bautista con oficio-, corrido y suelto en varas, no salió sencillo. Un punto corretón, más tardo que propiamente probón, algo encogido, como si hubiera sangrado poco. Algo pegajoso también. Y, en fin, agarrado al piso más de lo esperado. Más de una embestida al taponazo. Poca voluntad para repetir, como pasa con el toro pegajoso sin golpe de riñón. Toro con sus puntos suspensivos, por tanto.

 

Y una faena de Juan Bautista de más oficio que asiento, de trazo y tirada casi exclusivamente por la mano diestra. Por la izquierda cazaba el toro, o pareció enterarse y adelantar. El oficio fue resolución, habilidad. Muletazos sin vuelo. Un desarme. Uno excelente de pecho obligado. Se arrancó la música, que, sin contar paseo e intermedios, solo lo hizo entonces y en el último toro. Fiel a su costumbre, Juan Bautista recibió con la espada al toro pese a haberlo visto tardear tantas veces. La reunión fue modélica. Delantera, la estocada produjo vómito. Tardó en doblar el toro, que no fue de atragantarse pero casi.

Bondad de la dulce, que aflora sin tacha de cuando en cuando en Alcurrucén, solo llegó a sacarla el sexto de la tarde. Bondad, prontitud, franqueza, recorrido y fijeza. Fue el único de los seis que se empleó en el caballo –picó muy bien Francisco Javier Sánchez- y el de mejor nota en banderillas. De salida, lo templó en verónicas de rico compás Álvaro Lorenzo. Ninguna sorpresa, porque ya de novillero –solo el año pasado- ya se había hecho sentir Álvaro como capotero relevante. En Sevilla y en Madrid. Solo que fue uno de los toreros emergentes que, tras la alternativa de mayo en Nimes, se encontraron prohibido el paso sin mayor razón.

Esta baza de Valencia era, por eso mismo, importante. Se percibió en la actitud: la disposición, la manera de estar en la plaza, la ambición. En un quite a la verónica al segundo de la tarde –toro sin fijar todavía- Álvaro dibujó dos lances soberbios y remató con media notable. El tercer alcurrucén fue con diferencia el de peor nota de todos –de volver grupas, irse a tablas y mansear sin remedio- y no hubo entonces otra que abreviar, y hacerlo, por cierto, con aire de torero capaz y de ideas claras.

La ocasión tardó en llegar –casi dos horas de festejo, luz brumosa, un fresquito que anuncia Fallas gélidas y lluviosas- pero llegó. Al sexto toro le hizo Juan Bautista un quite por delantales muy gracioso. No de los de enseñar el toro a nadie, porque Álvaro ya lo había visto. La prueba: el brindis al público, el único, por cierto, de una tarde tan poco propicia en toros de brindis.

Una faena larga y pausada, sin puntos de desmayo. Excelente la apertura de toreo cambiado por las dos manos y casi andado, doctrina Domingo Ortega. Muy asentado y en campo abierto Lorenzo, en los medios la faena entera, ligada, tramada, reunida, seca pero solemne, inteligente y, sobre todas las cosas, templada. Fue cosa bonita de ver. Y la sorpresa de percibir una deriva de la tauromaquia de mano baja de El Juli, y hasta su sello en un desplante, que fue el único de toda la tarde, y el toreo del medio pecho por delante.

Lote ingrato –el más incierto de los tres- para Saúl Fortes, que fue de nuevo la imagen misma del toreo estoico de brazos dejados. Firmeza insuperable. El gesto de irse a la distancia con un segundo distraidísimo y a su aire, de los de recorrer terreno sin encontrar dónde. El tesón admirable de arriesgar con el celoso quinto. El gracioso remate de faena con una bonita tanda de costadillo muy vertical, de las que ya no se gastan. Muchos problemas con la espada a la hora de pasar, o no pasar sino quedarse. La embestida encabritada y culebrera del cuarto, que se apalancaba al volver y no descolgó ni en una sola baza, no le convino a Juan Bautista, que mató ahora a paso de banderillas, suerte rancia pero segura.


 

Última actualización en Lunes, 13 de Marzo de 2017 19:59