TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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PAMPLONA. DIARIO DE NAVARRA. "SOLO PARA MANSOS". Por BARQUERITO

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BORRASCA

El encierro de los toros de Cebada fue laberíntico. Dispersa y díscola la manada, que tardó seis minutos en cumplir viaje. Un viaje borrascoso porque se perdieron cuatro toros en el tramo de Estafeta, se volvieron dos de ellos y hubo barrunto de tragedia. Había tres toros armados hasta los dientes. Nada común la manera de soltarse los toros en el encierro. Como si fueran de casas distintas y ajenas.

Una teoría discutible sostiene que el comportamiento de los toros en el encierro se traduce al calco en su juego por la tarde, cuando los toros se sueltan de uno en uno. Esta vez los hechos dieron la razón a la teoría. Fue corrida laberíntica y desorientada, llamativamente falta de fijeza. Mayoría de toros inciertos o avisados.

Incierto es el toro que no atiende a reclamo. O pendiente no tanto del engaño como de todo lo demás: de la mano que mece capa o muleta, de la gente del callejón, del gentío que puebla el paisaje. Avisado, el toro que busca por debajo del engaño, o se acuesta, o se revuelve, y que  hace cualquiera de esas tres cosas porque ha aprendido a hacerlas. En el encierro, por ejemplo. Aprenden los toros que cornean el vallado al perderse o que han tenido que ser conducidos por la mano del hombre y no por los bueyes. El manejo es asunto clave en la condición de un toro, que es animal de rica memoria.

El primero de los cinco toros del hierro de Cebada Gago fue ejemplo perfecto de toro avisado: la cara alta, que es prueba de instinto defensivo; venirse encima del hombre y no obedecer a toques ni vuelos; acostarse y vencerse, o sea, tratar de escapar. La manera de esperar ese toro en banderillas fue señal de lo que iba a pasar después. Pasó que casi a traición le pegó a Eugenio de Mora un derrote en el muslo. Del derrote salió prendido Eugenio por la taleguilla y colgado del cuerno. En él se estuvo columpiando un rato interminable. La seda de las taleguillas, o sus forros donde resbalan a veces los pitones, obran milagros. De esa cogida salió ileso Eugenio. Con varios sietes en las costuras y en la cinta dorada, que fue un salvavidas.


Última actualización en Lunes, 18 de Julio de 2016 02:41