TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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DIARIO DE NAVARRA, SOLO PARA MANSOS. Por Barquerito: "Chisteras y zapatillas"

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ANTES DE arrancar la Feria del Toro, tomaron los toreros motu proprio la decisión de hacer el paseíllo descubiertos. Los matadores y sus cuadrillas. Y areneros, mulilleros y  monosabios. Un gesto de protesta. Respuesta a los ataques de los lobbys abolicionistas que pretenden equiparar la tauromaquia con el maltrato animal. La cita de Pamplona ha multiplicado el valor del gesto. Desmonterados o descubiertos. Y, luego, no pocas veces, descalzos los matadores, los toreros de espada, porque la corrida de rejones del día 6 impone, entre otras condiciones, que el piso de la plaza se enarene lo más posible para evitar a los caballos lesiones. Los caballos primero. ¡Quemad las naves!

Nunca se habían visto tantas zapatillas de matador sueltas y dispersas por el ruedo. Las zapatillas son piezas delicadísimas del vestuario. Cada una de las piezas del traje de torear tiene su encaje cabal y su sentido. Todas menos la montera. En realidad, una montera no sirve para nada. El hábito –la capucha, la montera- no hace al monje, podría predicarse. El traje de luces es otra cosa. Y lo que oculta el traje: guatas, medias, calzas, leotardos. Sisas, tirantes, pañoletas, fajas, encajes. Y guanteletes ortopédicos de cuero que puso José Tomás de moda para paliar las lesiones de muñeca.

Y las zapatillas negras. Solo negras. Como el color de las chisteras de los presidentes de la plaza de Pamplona. El vuelco político en el Ayuntamiento hizo temer hace poco más de un mes por la liturgia de las corridas, que consta de dos partes esenciales: la chistera del presidente, tan singular, y el atuendo sanferminero tradicional que hace ochenta y tantos años se sacó de la chistera –o sea, del magín- una peña primitiva que se llamó La Veleta y marcó para siempre el signo de este viento y evento.

A las zapatillas de torear las han empezado a llamar manoletinas. No hay derecho. En el Museo Taurino de Madrid se encuentran y muestran zapatillas de Manolete. De su última tarde, Linares, agosto de 1947. Es posible que sean apócrifas. Nadie se imagina a Manolete descalzo.