TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Limpio éxito de Juan del Álamo"

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Una redonda faena del torero de Ciudad Rodrigo con un sobrero de casi seis años lucidos en sus manos. Ofensiva pero a menos la corrida de Martín Lorca.

Madrid, 10 may. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 10 de mayo de 2014. Madrid. 2ª de San Isidro. Casi tres cuartos. Bochorno.

Cinco toros de Martín Lorca, muy ofensivos, descarados, febles y a menos, y un sobrero -3º bis- de Vellosino (Manuel Núñez Elvira), de casi seis años, también descarado, muy alto, de aire corraleado en la salida y luego mucha nobleza. .

Ángel Teruel, silencio en los dos. Miguel Tendero, que sustituyó a David Galván, silencio en los dos. Juan del Álamo, una oreja y ovación tras un aviso.

Dos notables puyazos de Óscar Bernal al sexto. Brega buena de Pablo Saugar. Saludó en banderillas Fernándo Téllez

A MENOS FUERON los seis toros tan ofensivos y descarados de Martín Lorca que entraron en sorteo, La segunda vara, que todos salvo el quinto tomaron sin resistirse, fue excesivo castigo  y pagaron después: por aplomarse, apagarse y hasta defenderse. El de mejor aire, un primero de 600 kilos, gigantesco y sin embargo bien hecho, aguantó veinte viajes y casi ya nada más, y eso que pareció demasiado poco resultó el mejor registro de la corrida.

El segundo, el más bajo de los seis, echó la cara arriba y se revolvió por flojo y no por artero; el cuarto, tardo y tambaleante, remoloneó antes de pararse; el quinto, de hechuras muy distintas a los demás, tuvo genio y pésimos apoyos; el sexto, generosamente lucido en varas por Juan del Álamo y su gran piquero Óscar Bernal, esperó en banderillas, llevaba la lengua fuera a los diez viajes y enseguida empezó a quedarse debajo.

El tercero, hondo y negro, cuajado pero armónico, de buen aire antes de varas –se templó Juan del Álamo en el recibo y en lances caros-, se pegó una costalada tras el primer puyazo y se derrumbó después del segundo. Una lástima. Solo que la devolución del toro abrió la puerta a un sobrero de casi seis años que dio más juego que los otros cinco juntos y se dio sin reservas en una hermosa, templada y lograda faena de Juan del Álamo.

Se podía apostar antes de las siete por el torero de Ciudad Rodrigo, que venía de triunfar en Sevilla con fuerza –pero sin espada- con un inmenso toro de Montalvo de casi seis años también. La sorpresa fue que ese sobrero, del hierro de Vellosino y estirpe Arribas, altísimo de agujas y grupas, muy badanudo, rompiera tan en dócil como lo hizo después de varios anuncios en contrario porque hizo cosas de toro corraleado –corretón, buscaba puertas, punteó engaños, se soltó, pero se fue por su cuenta a cobrar la segunda vara, pegó topetazos antes de banderillas y rabeaba más de manso que de bravo.

Mano de santo fueron los seis o siete muletazos de tanteo con que lo dejó Juan del Álamo ahormado y fijado, bajados los humos, desengañado. A eso se llama meter un toro en la muleta. Dueño del toro fue desde entonces Juan, firme en zona de peligro, tranquilo, templado y puro, porque las cinco tandas tan en serio que le pegó al toro, las cinco que tuvo, fueron de toreo ligado, embraguetado, por abajo y bien rematado. El toro agradeció las pausas pero también que las tandas fueran de cinco y seis.

La marca de la faena fue la cadencia, toreo muy despacioso. Por una y otra mano. La elección de terrenos y la medida: eso también contó. Y una estocada por el hoyo de las agujas. Con ella dentro se fue el toro a tablas a morir. El primer triunfo de San Isidro, por tanto, y casi completo porque con el aparatoso sexto –anchísimo balcón- volvió a torear de capa con gracia, a templarse en los doblones de apertura y a superar una voltereta monumental en un regate violento del toro, que protestaba por la mano izquierda y se vendió caro –reservón- por la derecha. La entereza de Juan después de la cogida produjo gran emoción y el final de faena, algo larga, se vivió en un ay. Por las bravas la faena, de gran decisión. Pero ahora no entró la espada ni tampoco pasó el torero.

Ángel Teruel hizo cosas de mucha calidad al enorme primero: suaves lances de recibo con capichuela mínima, reposo general, muletazos de rico corte con muleta igualmente diminuta, una manera de estar, hasta en el toreo a la voz. Faltó ajuste, pero no cabía el toro, que se apagó. Una buena estocada. Al cuarto lo desplazó porque lo sentiría incierto, trató de pasarse de faena y no le dejaron y solo una tanda final muy arrebujada, contraluz de los muletazos en línea, provocó a la gente. El último muletazo antes de cambiar de espada fue de alta escuela. Muy afanoso Miguel Tendero: ganas de ser con el capote en lances encajados pero forzados, mucha firmeza de torero vertical, cierta ansiedad que le hizo ponerse demasiado encima del bondadoso segundo; y valor de profesional para no volverle la cara a un quinto que parecía de otra película. Y el malo de la película.

Postdata para los íntimos.- Qué pena que las ruinas romanas del circo de Cartagena dejara de ser plaza de toros porque, bien pensado, era el escenario perfecto para torear. André Viard acaba de dejar probado en el número 26 de Tierras Taurinas que al lado de Ciudad Rodrigo, remontando el río Águeda, ya había una tauromaquia salvaje y primaria hace muchísimos siglos, En el Magdaleniense. Los toros pintados en pizarras que han rescatado arqueólogos curiosos datan la estirpe del bos bravo en esa fecha y esos pagos. Las raíces charras, no romanas. Qué bonita es Ciudad Rodrigo. Y los nombres de los pueblos de la provincia de Salamanca sin importar qué comarca. Hay dos ríos, el Yeltes y el Huebra, que dan o daban nombre a muchas fincas ganaderas y a algunas ganaderías. Una de mis predilectas: Castillejo de Huebra. En las dehesas se cría toro de pelo fino., En la sierra no.

El Ave venia lleno de excursionistas vascos que habían estado en la feria de Abril y no les había gustado. Eso oí decir.