TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

BILBAO. Crónica de Barquerito: "El gesto de Fandiño se salda con un tropiezo"

Correo Imprimir PDF

Aparentemente desganado, sin tensión, poco motivado, el torero de Orduña cumple mecánica y oscuramente con dura prueba de matar seis toros a solas en una concurso

Bilbao, 16 jun. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 16 de junio de 2012. Bilbao. Cincuentenario de la reconstrucción de Vista Alegre. Menos de un tercio de plaza. Nublado, fresco. Sirimiri en los dos primeros toros.

Corrida concurso de ganaderías. 1º, de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi), lindo, astifino, carita alta, noble pero algo celoso. 2º, de Partido de Resina (Antonio Morales), en el tipo clásico, hermoso, pronto, de más a menos. 3º, de Victorino Martín, terciado y fino, sin definir en los dos primeros tercios, bondadoso luego. 4º, de Torrestrella (Herederos de Álvaro Domecq y Díez), sardo y capirote, con plaza, bravo en el caballo, pronto en la muleta. 5º, de Torrealta (Paloma Eulate),devuelto por renco. 5º bis, de El Cortijillo, cinqueño, de cuajo serio, rajado, con genio. 6º, de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano), acapachado, bello, galopó a cuatro varas, se soltó en la muleta. Premiado el toro de Torrestrella. Protestaron la decisión. Desierto el premio para el mejor piquero

Iván Fandiño, único espada, de azul añil y oro, saludos, silencio, saludos tras petición, palmas, saludos y silencio.

Sobresalientes: Víctor Manuel Blázquez y Salvador Ruano

LA CONMEMORACIÓN DEL cincuentenario de la plaza de Vista Alegre con una corrida concurso de ganaderías y a la vez corrida de único espada –Iván Fandiño- no se vivió como fiesta ni como fasto. Sino todo lo contrario-. Tres de los toros del concurso tuvieron vida e interés: el santacoloma de La Quinta, el saltillo de Victorino y un toro de Torrestrella con mucha plaza -capirote en negro, sardo y salpicado, de capa predominante ensabanada, botinero, gruesas mazorcas-, mucha marcha y bastante fondo. Fueron los tres toros que más se emplearon y los que más duraron también.

El de Torrestrella se vino arriba después de haberse empleado en los tres puyazos más en serio de todo el concurso –solo que escarbó antes de arrancarse al galope para cobrar el tercero- y tuvo un punto escandaloso, se rebrincó a veces –en parte, por no ir propiamente metido en engaño- y atacó sin desmayo. Tuvo la movilidad clásica del toro encastado. No el son tan preciso del toro tipo de la ganadería.

El de Victorino, degollado y formal, humilló de salida, vino columpiándose, se distrajo por estar con todo un poco –señal de viveza- escarbó algo, oliscó, esperó en banderillas y, en fin, rompió a bueno en la muleta con embestidas hasta pastueñas por la mano derecha, fijo en el engaño entonces. No tan claro ni sencillo por la mano izquierda, pero tuvo a Fandiño en el suelo tropezado e inerme a sus manos y ni hizo por él.

El toro de La Quinta, en tipo, muy bien hecho, adelantó como los toros celosos, no llegó a humillar pero tuvo fondo pronto y bravo y, con sus problemas, nobleza. Con ninguno de esos tres toros terminó de entenderse, entregarse ni darse Fandiño. Con el de La Quinta por empeñarse en traérselo para adentro en lugar de abrirlo; con el de Victorino, por falta de ambición o de propósito para pegarle dos o tres tandas de las dejarse ir y romperse más que el propio toro; con el de Torrestrella, por el error de estrategia que fue abrir de largo en los medios con ese pase cambiado por la espalda que descompone las primeras tomas y por perderle pasos cuando, en distancias más sensatas, el toro quiso con desordenada alegría y no poca potencia.

Ni al toro de La Quinta –pinchazo soltando engaño, un segundo pinchazo y media tendenciosa- ni al de Victorino –pinchazo y estocada con rueda desenfrenada de peones- ni al de Torrestrella –estocada soltando el engaño- los mató con el rigor que se exige con la espada. Muy fácil Fandiño con el toro de Victorino, pero conformista; más apurado con el de La Quinta, que picaba pero pedía otro trato del que tuvo; y con más corazón que cabeza delante del torrestrella que fue, por cierto, premiado en el concurso.

Se tuvo entonces la sensación no tanto de que Fandiño estuviera desinflado o sin gas, sino de estar poco motivado. Ni las lidias obligadas de los concursos, prácticamente ni un quite, contados detalles al recoger de capa los toros. Poco a poco se empezó a ir la corrida por el desagüe y al arrastrarse el cuarto toro ya se vivía la cosa como un chasco.

Las faenas fueron calcos unas de otras. Incluso la de más logrados momentos, la del toro de Victorino. Pero es que hasta al pablorromero de Partido de Resina –de despampanante cuajo, cromo espectacular, de mucho moverse y enseguida pero sin descolgar- quiso torearlo como si no fuera el estilo del toro tan distinto del común. El toro se encampanaba a veces y, sin ser incierto, parecía pendiente del torero tanto como del engaño. Es decir, al modo del toro clásico de la ganadería pedía la distancia que Fandiño le regateaba.

El quinto toro, un cinqueño salinero de Torrealta, se soltó cuando iban a cumplirse la hora y tres cuartos de espectáculo sin apenas tensión alguna. Y ahí se torció la cosa y entró en picado. El toro se lastimó antes de ir al caballo y, renco, descaderado, se fue al suelo después de picado y en el tercer par de banderillas. Fue devuelto con retraso. El sobrero de El Cortijillo, un pavo en toda regla, manseó de lo lindo y a veces a lo loco, pero Fandiño quemó el penúltimo cartucho y le buscó las vueltas en una porfía desairada. Sin embargo, los momentos de mayor emoción se vivieron con ese sobrero que de cuando en cuando metía la cara, y entoncesaparecieron los recursos del torero hecho por libre. A ese toro tan atípico y fuera de concurso, que recorrió la plaza entera varias veces sin hallar la salida, le pegó la que fue su mejor estocada de la tarde, la más meritoria y cerebral.

Fandiño insistió en lucir en varas al toro acapachado y ancho de Alcurrucén que cerró festejo, quiso que cobrara cuatro varas –galopó en las cuatro, pero se fue sueltecito de tres- y lo que no pudo ser fue convencerlo en la muleta. La cosa se acercaba a las dos horas y media y el toro se salía suelto de todas las suertes y terminó por apoyarse en las manos. Cansado como casi todo el mundo. La gente fiel apoyó cuanto pudo y más. Pero el espectáculo fue excesivamente plano. Con eso, con que pudiera ser tan plano, no contaba seguramente ni el propio Fandiño.

Postdata para los íntimos.- Seis toros y medio de siete hierros distintos, casi dos horas y media de función, pero no ha pasado nada. O eso parece.

Última actualización en Sábado, 16 de Junio de 2012 23:09