-Segundo paseíllo en España y segundo baño de sangre. ¿Cómo se encuentra?
-Pasé la primera noche muy dolorido, pero sin fiebre. Según el doctor Vila, la herida va por buen camino. Tuve suerte de que la trayectoria fuese para atrás; si la dirección cambia hacia delante, no lo cuento. Llevo catorce percances: sabía que el toro me había hecho daño en cuanto me levantó los pies.
-¿Merece la pena despreciar el peligro con un barrabás como ese palha y, para colmo, un martes y trece?
-Claro que sí, y volveré a jugarme la vida para alcanzar la gloria. Desde que vi la expresión en los ojos del toro, supe que sería más bien de cruz y que podría cogerme. Y, uf, con esa fecha y con ese refrán de que no hay quinto malo... ¡Lo que me voy a volver es supersticioso! Aquellos instantes entre los pitones se me hicieron eternos, pero son pruebas de la vida y del destino. Además, las cornadas sólo son cicatrices, y éstas sólo sirven para recordar que el pasado existe...
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