Fueron el cuarto y el sexto de un envío que manseó y resultó muy deslucido. Dos granos de oro junto a dos de latón y a otros dos de hojalata. Dos torazos muy en el tipo de la casa que, además de bravos en el caballo, resultaron muy nobles en la muleta con un pitón izquierdo para cantarlos en latín. Se los llevaron Juan José Padilla e Iván García. El jerezano anduvo con el suyo muy dispuesto pero tardío en darle fiesta por naturales a la jerezana que supieron a poco. Lo mató de fatal bajonazo, le pidieron una oreja, al toro no le hicieron ni caso en su arrastre y el presidente escuchó de todo. Así está el público de Madrid. Casi igual sucedió con el sexto al que García entendió mucho más tarde que su colega. Lo demás, otro tostón. Nulo lucimiento de Encabo con los dos peores toros, y muchas ganas sin más de Padilla y de Iván García con el muy manso primero y el manejable tercero.
Madrid. Plaza de Las Ventas. Miércoles 26 de mayo de 2010. Vigesimoprimera de feria. Tarde agradable con casi lleno. Seis de Samuel Flores, muy bien aunque desigualmente presentados. Los tres primeros, muy armados aunque sin rematar por detrás. Los tres de la segunda parte, cuajadísimos en todos los aspectos. Muy mansos los dos primeros y además sin fuerza y deslucidos. También manso el tercero, pero manejable. Bravo y muy noble el cuarto, uno de los mejores toros de la feria. El quinto cumplió en varas pero embistió muy descompuesto. Y bravucón el sexto que también resultó muy noble por el lado izquierdo. Juan José Padilla (verde botella y oro): estocada casi entera caída silencio; bajonazo, petición de oreja denegada y gran ovación pedida de protestas injustificables a la presidencia. Fue un toro de vuelta al ruedo y no se escuchó ni una palma en su arrastre. Luis Miguel Encabo (blanco y oro): dos pinchazos metisaca en el brazuelo y pinchazo hondo tendido silencio; pinchazo hondo bajo y tres pinchazos más, silencio. Iván García (lila y oro): bajonazo silencio; estocada desprendida y descabello, aviso y palmas. En banderillas destacó Fernando Galindo en un gran par al quinto de la tarde.
Cada día que pasa y llevamos veintiuno desde que empezó la feria, comprobamos fehacientemente hasta donde ha llegado el público de Madrid en su inevitable decadencia. Si en los días grandes hay más aficionados que en las tardes infumables, abundan los que vienen para que les vean sin mayores pretensiones. Pero en tardes como las de ayer, sin ninguna figura en el cartel, los buenos aficionados brillan por su ausencia. ¿Cuántos quedarán, ¿mil? Creo que ni quinientos entre los más de veinte mil restantes.





