TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Pedro Javier Cáceres: "Carnes y cuernos, ¡el toro de Madrid!"

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Segunda corrida de la feria Aniversario .Casi lleno en los tendidos en tarde muy calurosa. Corrida de El Vellosino, fuerte, poderosa, con una media de 600 kilos, ni una gota de casta brava.

El primero se movió en los capote dando oportunidad de lucirse a Juan Mora. Toro “amplio”, grande, huesudo, con dos “leños”, fue remiso a embestir en la muleta. Mora le provocó consiguiendo sacarle muletazos estimables pero sueltos al no repetir el toro. Abrevió el trasteo ante las pocas opciones del animal y pinchó varias veces antes de descabellar tres veces a toro “tapado”. Sonó un aviso y el público protestó el mal manejo de los aceros. Algo más reunido pero grandón y tremendamente astifino fue el cuarto. Toro engañoso, viniéndose pero quedándose debajo, buscando; sin regalar nada. Juan Mora le anduvo firme, seguro, dándole buen trato intentado extraer muletazos de cada arrancada y llevándole, con exposición. No se enteraron. Montó la espada, siempre sale con la de acero, y agarró una estocada entera que necesitó de descabello.

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MADRID. Crónica de José Antonio Del Moral: "Del pánico al pellizco"

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Un imponente y agresivo corridón de El Vellosino no pareció lo más apropiado para toreros tan artistas como inconsistentes. De ahí que, a pesar de la nobleza que tuvieron los seis toros – unos más que otros –, ninguno de los espadas consiguió triunfar. Juan Mora, que reaparecía tras un largo periodo de inactividad, acusó falta de fondo y de sitio aunque anduvo fiel a su consabido concepto del toreo compuesto. Como no podía ser de otra manera, Javier Conde fue la imagen del pánico y de la impotencia frente a dos toros francamente aprovechables. Y Curro Díaz, el menos miedoso de la terna, gustó mucho con el encastado tercero pese a la irregularidad de su bonita faena, lo mismo que con el más complicado sexto aunque con menos conviccción.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Martes 1 de junio de 2010. Calor bochornoso con tres cuartos de entrada. Seis toros de El Vellosino, mayores de edad, de enorme envergadura, muchos pitones y rondando los 600 kilos como media de lo que pesaron. Todos mansearon en el caballo y algunos con gran poder derribaron a los montados. Pero llegaron a la muleta manejables en distintos grados de fuerza, destacando por más entero y encastado el tercero. Juan Mora (celeste y oro): cinco pinchazos y cuatro descabellos, aviso y silencio tras algunos pitos; estocada trasera tendida y dos descabellos, ovación. Javier Conde (negro y plata): pinchazo hondo atravesado y cuatro descabellos, aviso y bronca; pinchazo y estocada trasera, algunos pitos.Curro Díaz (marino y oro): pinchazo y buena estocada, gran ovación; pinchazo hondo y estocada, palmas. De las cuadrillas destacó grandemente José Manuel Montoliú en sus pares al tercer toro.

Una cosa es ser artista y otra torear con arte. Generalmente, los toreros dotados de gracia en sus maneras, suelen actuar más pendientes de sí mismos que de llevar a los toros, de templarlos, de poderlos, de mandarlos... Lo que en definitiva es, y no otra cosa, la esencia del toreo. Es decir, primero poder al toro y luego que cada cual se exprese con el estilo que le salga de dentro según la inspiración y los sentimientos que distingue a cada espada. Por eso, los toreros que además de ser artistas, saben y, sobre todo, son capaces de torear, suelen ser los que precisamente más torean y más ganan: los muy pocos que ejercen de figuras y que, además, reconocemos como grandes profesionales. Claro que, ante todo, del mayor o menor valor que cada cual atesore, depende que la cabeza les funcione bien, regular o mal – pensar delante de la cara de los toros -, lo que repercute en el planteamiento y en el desarrollo de la lidia y de la faena de muleta que, actualmente, es el tercio que más cuenta.

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MADRID. "6 bóvidos, 2.000 pases y 23.000 bostezos". Por Pedro Javier Cáceres.

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Feria del Aniversario, ¿Cuál?, pues según mis cuentas el 79º de la inauguración de la plaza, más o menos, porque el día exacto fue el 17. Lo cierto es que esta feria creada para compensar un pliego de condiciones erróneo, en el sostenella y no enmendalla por parte de la C0munidad, es una feria impostora. Sin embargo, la plaza se llena, sin que sea obligatorio sacar el abono para mantener la titularidad. Misterios de Madrid, donde todo son quejas y pancartas, pero con la boca chica.

Corrida con el hierro de Valdefresno, bien presentada y con hechuras, insulsa, descastadita, sin molestar pero sin deslizarse.

El primero tuvo nobleza y medio recorrido, sin mucho ímpetu. Diego Urdiales le pegó buenos pases de inicio. Como se le corrigiera la colocación, desde el “tendido ilustrado”, en los segundos muletazos el torero, sumiso y claudicante ante un sector que le apoyó incondicional cuando su condición de pobre era solemne, rectificaba terrenos y se perdía el concepto de ligazón. Con el toro metiendo la cara, con el celo justo, y los muletazos, por buenos que fueran, de uno en uno, la sensación es que el triunfo se le fue en divagaciones. Pinchazo y estocada algo trasera y desprendida para hacerse el silencio.

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un gran bombón de Vellosino"

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TOROS. Crónica de la corrida de Madrid

Madrid: 2ª de la Feria del Aniversario

Un toro mostrenco de ganadería rara del campo charro: quinto de corrida, maravillosa estampa, la cara justa y el son perfecto. No se anima con él Javier Conde.

Madrid, 1 jun. (COLPISA, Barquerito)

Madrid. 2ª de la Feria del Aniversario. Veraniego. Tres cuartos.

Seis toros de Vellosino (Manuel Núñez Elvira). Corrida cinqueña de muy variadas hechuras. De bello remate tercero y quinto, que se emplearon con son. Noble un segundo mansito. Protestón y áspero el primero, dolido de un duro puyazo trasero. Sin fijeza ni entrega el cuarto, que iba a cumplir seis años. Mansurrón y manejable el sexto.

Juan Mora, de turquesa y oro, silencio tras un aviso. Javier Conde, de negro, platas y blanco, pitos tras un aviso en los dos. Curro Díaz, de azul marino y oro, saludos y silencio.

CINQUEÑOS los seis toros del hierro de Vellosino, que fueron, a su manera, la liebre que salta en la feria que sea. La liebre, dos toros. Un tercero retinto, frente de rubios rizos, armado por delante, armónico, zancudito. 550 kilos. Un punto mansito después de derribar, como si quisiera abrirse o lo pretendiera, pero de claro son a la hora de pelear en el tú a tú que decanta toros. Ese tercer vellosino, del campo charro, se llamaba Pesado. Y para nada…

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MADRID. Crónica de José Antonio Del Moral: "Paciencia y resignación"

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Otra tarde aburrida y van… incontables. Esta vez, fallaron cinco de los seis hermosos toros de Valdefresno por faltos de fuerza, de raza y de todo lo que depara la emoción de la bravura. Se salvó el que abrió plaza del que un prudentísimo Diego Urdiales debería haber cortado al menos una oreja, perdiendo otra oportunidad de triunfar en esta feria. Luego, con el mucho peor cuarto, el riojano terminó por aburrir al público. Rubén Pinar apenas tuvo opción con su lote aunque al menos pudo lucirse con el capote con el noble aunque muy soso segundo. Lo demás fue una larga porfía recetada desde las afueras que no convenció a nadie. Y casi lo mismo Miguel Tendero con otro deslucido lote frente al que también se pasó de metraje en dos vulgares y espesos trasteos que terminaron fatal con la espada.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Lunes 31 de mayo de 2010. Primera de la Feria del Aniversario. Tarde veraniega con rachas de viento y tres cuartos de entrada. Seis toros de Valdefresno muy bien aunque desigualmente presentados y algunos de muy buenas hechuras. Salvo el más entero y noble primero, los demás sin fuerza ni raza, y aunque algunos nobles, sosísimos cuando no apagados muy pronto. Los peores los tres últimos. Diego Urdiales (turquesa y oro): pinchazo y estocada desprendida, silencio; pinchazo, casi entera y descabello, silencio. Rubén Pinar (marfil y oro): pinchazo y casi entera caída, silencio; pinchazo, estocada caída tendida, silencio. Miguel Tendero (marino y oro): seis pinchazos, estocada baja y cuatro descabellos, aviso y silencio tras algunos pitos; tres pinchazos, media tendida y dos decabellos, silencio. Destacó en la brega y en banderillas Manuel Montoya.

Comentando lo que nos está pasando en esta feria – la llamada del Aniversario es mera continuidad de la gracias a Dios ya fenecida de San Isidro – alguien cercano a mi localidad dijo una verdad como un puño: “Si los que venimos todos los días fuéramos diez mil en vez de los no más de mil quinientos irredentos fieles, aquí ya se habría formado la de San Quintín”. Y como llevaba toda la razón, los que le escuchamos le aplaudimos.

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