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Se le negó una oreja de ley con la sombra de José Tomás presente
Crónica de un fracaso anunciado. No de El Juli, por cierto, sino de “Madrid”, definitivamente un “gache” por culpa de la sinrazón, la intransigencia, el “gallinero” del 7 más los altos de sol y, sobre todo, de la autoridad “incompetente”.
La tarde era para José Tomás. Por lo tanto ya venía torcida más que gafada. Descolgada del conjunto de “ferias de primavera en Las Ventas”, con la ausencia del de Galapagar y una climatología indecente que se puso de parte de los reventadores habituales. Todo eso lo sabía El Juli y, con asunción de responsabilidad de máxima figura, no volvió la cara al reto aun a sabiendas de consignas para partírsela.
La maldición de Buenache
Miguel Buenache es un tipo, como indica su apellido, “bonachón” y afable, tremendamente servicial y muy eficaz que se mueve discretamente en los ambientes festivos madrileños con “mando en plaza”. La tarde era de José Tomás, al que Buenache idolatra, con toda la razón, como profesa amistad, de la “guay”, con el Sr. Gómez, don César, a la sazón Presidente de la corrida. Es de suponer que por empatía, “los amigos de mis amigos son mis amigos”, ambos quedaron “compuestos y sin novia” ante el anuncio de la ausencia de José Tomás. A partir de ahí, es de suponer, que otro torero, a ellos no les valía, menos el sustituto, menos si el “osado” era Julián López “El Juli”. Y pasó lo que pasó.
El madrileño gozó de uno de los tres toros encastados y nobles de un encierro de El Ventorrillo irreprochablemente presentado y que dio juego fifty-fifty.





