TOROS. Crónica de la corrida de Azpeitia.
Azpeitia (Guipúzcoa). 1ª de feria
Pero un sexto de inmenso porte se emplea con son y cambia el signo de una corrida solamente espectacular por su mal carácter. Aceptable Delgado, cumple bien Fandiño
Azpeitia (Guipúzcoa), 30 jul. (COLPISA, Barquerito)
Azpeitia (Guipúzcoa). 1ª de feria. Casi tres cuartos de plaza. Veraniego. Algo de viento.
Seis toros de Dolores Aguirre. Todos cinqueños, salvo el tercero. De imponente cuajo los tres últimos. Bueno el sexto. Bravucones y duros de manos los otros cinco.
Jesús Martínez “Morenito de Aranda”, de añil y oro, silencio y silencio tras un aviso. Iván Fandiño, de lila y oro, saludos y silencio. Miguel Ángel Delgado, de malva y oro, silencio tras un aviso y silencio.
NO SON comunes los toros castaños en las ganaderías de encaste Atanasio, y en Azpeitia vino a saltar uno para abrir feria: el primero de los seis de Dolores Aguirre. Chorreado en verdugo, abundantes carnes, el hondo cuajo que dan los cinco años bien cumplidos. Iban a prodigarse durante toda la tarde las escenas fuertes y la primera fue, con ese toro chorreado, un derribo de caballo. Poderoso caballo vuelto del revés y molido a palos por el toro, que se enceló con el peto en el suelo y buscó herir en el cuello y las ancas desprotegidas. A todo tiraba cornadas sin atinar. Parece mentira que la batalla se saldara con el caballo ileso.






