
Brillante trabajo con un bravo novillo de López Gibaja en la tarde de su presentación en Las Ventas
El sello de la dinastía de los hermanos Adame.
Madrid, 1 octubre de 2021. (COLPISA, Barquerito). Seis novillos de Antonio López Gibaja. Alejandro Fermín, palmitas y silencio. Ignacio Olmos, silencio en los dos. Alejandro Adame, saludos tras un aviso y silencio. Adame, de Aguascalientes (México), nuevo en esta plaza. Óscar Bernal picó perfecto al tercero. Sergio Aguilar prendió al cuarto dos pares excelentes. 4ª del abono de otoño. 5.000 almas. Veranillo de San Miguel. Dos horas y cuarto de función.
LOS TRES NOVILLOS de López Gibaja de la primera mitad se emplearon fuera de las rayas con distinta fortuna. Al segundo, que atacó al caballo por los pechos y romaneó, le costó más que a los otros dos. El primero, que dejó al corretear de salida huella de pezuñas finas, besó el suelo a las primeras de cambio, pero, incluso con las ruedas pinchadas remontó, embistió con dulzura, dejó de perder las manos y con ese son sofocó el incendio.
De esos tres primeros el de mejor nota con mucha diferencia fue el tercero, cuajado, de armónico remate. Bravo en el caballo -de largo en dos varas-, pronto en banderillas y más todavía en la muleta, de temple propio y notable fijeza. Fueron de pintas varias. Castaño lombardo el que partió plaza; negro salpicado el segundo, el de más alzada de todos; negro zaino el tercero, muy ovacionado en el arrastre.