El texto viejo, cortito de café, de siete años ha, es de una serie de colaboraciones para el Diario de Navarra que estuve publicando entre 2000 y 2016 durante las ocho veladas de sanfermines. El título genérico, Solo para mansos, está tomado de una sección propia para el cuadernillo taurino de los martes en el desaparecido Diario 16, que fue durante catorce años mi periódico, y mucho lo quise.
Lo de mansos debía tomarse en su sentido evangélico. Los mansos bienaventurados. Lectores taurinos, pero tranquilos. En una época de refriegas dentro del gremio de los escribidores de toros, la idea fue tratar tranquilamente el asunto. Sin acritud, se decía entonces. Lo del Solo era de doble sentido: el adverbial, solamente, y el musical, porque era la primera vez que tenía columna fija. O sole mío!
Recuperé la idea para estas colaboraciones desenfadadas del Diario de Navarra, donde tan bien me trataron. Un gesto insólito de largueza: no había llegado ni al quinto episodio y ya me habían ingresado en la cuenta el pago de los ocho.
La bitácora, sin el rumbo que tuvo el paseo, se enreda en las puertas de las murallas y acaba al pie de la estatua del menos famoso de los cinco reyes de la casa de Austria que reinaron en España y más allá. Montado a caballo en la plaza Mayor.
Salud!
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