Apoderado de Joselito y José Tomás, desvela los secretos del toreo y los despachos y habla de la crisis actual: «Aquí somos culpables todos». Ahora se encuentra inmerso en un proyecto «para reformar el toreo por abajo»
Rosario Pérez...
Conoce los entresijos del toreo como pocos. No hay milímetro de los despachos que se le escape. En su época dorada, como apoderado de Joselito y José Tomás, Enrique Martín Arranz echó un pulso al sistema por el camino de la independencia. Ya no quedan Arranzs en el toreo dentro de un sistema en el que, como en las orquestas de pueblo, lo mismo uno canta que toca el saxo, que representa a un artista y monta el espectáculo. Apenas quedan hombres con tal libertad. «Me llamaban el reventador». Acertada o equivocadamente, hizo siempre lo que quiso, echó un pulso a los más fuertes y puso en jaque más de una feria. Aunque no descarta del todo volver al apoderamiento -muchas son las figuras que han llamado a su puerta y alguna también se la jugó-, su impulso y su ilusión se mueven ahora en el terreno de los novilleros, el peldaño más devastado de una Fiesta en la que, en lugar de mirar tanto por las goteras del tejado de los grandes, habría que mirar por el suelo, por sus raíces. Sin ellas, nada habrá mañana.
Al fondo del taurinismo, el eco de la voz de Curro Jiménez en una entrevista con José María Íñigo: «Hacer el bien sin hacer el mal... Quedándonos con la mitad». «Aquí nos gusta llevárnoslo rápido», dice Martín Arranz. No es el único que lo piensa, pero Martín Arranz no se calla y lo dice en voz alta. Esa es una de las riquezas de un rico del toreo, que no se «casa con nadie».