El Faraón de Camas está visiblemente afectado por la decisión del Parlamento catalán de prohibir la Fiesta. Y no se calla: «Esto nace de ignorantes con la mente retorcida»
Habla con pesadumbre. A media voz. Pero en su propio discurso encuentra momentos para alzar el tono y quejarse sin ambages. A Francisco Romero López, leyenda de la Tauromaquia, columna hercúlea del toreo entendido como arte, le mata lo que está pasando. Pierde todo su sosiego natural intentando explicarse qué ha ocurrido en Cataluña para que se haya llegado a esta «locura». La abolición de la cultura es un síntoma de las sociedades enfermizas. Y Curro Romero, siempre tan delicado en sus acometidas, introvertido pero sentencioso, no quiere hablar ahora con las yemas de los dedos ni con las muñecas. Esta vez quiere gritar y dar un golpe en la mesa. Ha decidido firmar un compromiso eterno con el toreo que le exige una dureza hasta ahora ajena a él. Su mensaje, no exento de autocrítica, es definitivo: aún estamos a tiempo de acabar con esta «barbarie» y salvar la Fiesta Nacional.
—¿Cómo se encuentra, maestro?
—Apenado, muy apenado, porque me parece que se ha cometido una brutalidad, esto que han hecho en Cataluña nada más que lo hacen los brutos.
—¿En qué estamos fallando para que se haya llegado a abolir la Fiesta allí?
—A mí me parece que esta decisión tiene que ponernos a pensar a todos para que quienes forman parte del toreo en sí tomen nota. El toreo es una cosa muy grande y tenemos que cuidarlo, en primer lugar, los que formamos parte de él. Los jóvenes tienen que ir a los toros y en eso tienen responsabilidad las grandes empresas. No sé. Tienen que poner entradas más baratas para que los chavales vayan a las plazas. Hay que fomentar este arte entre las nuevas generaciones porque lo que me da miedo es que se vaya extendiendo esto que ha pasado en Cataluña. Estos bárbaros que no van a los toros nunca han empezado a comerle el coco a los chavales para que estén en contra de la Fiesta. Y si queremos salvar este barco en el que estamos todos metidos para que no se vaya a pique, todos tenemos que arrimar el hombro....
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