Diario La Verdad de Murcia.
Última pregunta de la entrevista:
-¿Qué no es Pepín Liria?
-¡Un asesino! Nadie quiere más al toro bravo que yo. Prohibir los toros es un disparate muy gordo, gordísimo.
Está vivo de milagro Pepín Liria (Cehegín, 1970) después de haber bailado con la muerte de todos los modos posibles. Porque lo mismo ha bailado con la muerte un delicado vals que una festiva sevillana, una extenuante danza guerrera que un apabullante rock and roll, un insinuante tango que un redondo pasodoble. Se pasó Pepín Liria, torero de raza, quince años dejándose la piel en las plazas de toros y seduciendo a la muerte, a base de pasión y valentía, para lograr que, al concluir el baile, no se lo llevara con él para siempre. Fue a por todas, se comió el mundo, se abrió en canal y no se volvió loco. Ahora, retirado de los ruedos, ¡vive! Por fin.
-1994. Plaza de las Ventas. Usted tenía 23 años, montó 'la de Dios' y Joaquín Vidal escribió: «Un corazón como una plaza de toros». ¿Cómo está hoy ese corazón?
-Feliz, sobre todo porque mi familia también lo está viéndome sin torear y viviendo tranquilo. Se acabó el darles disgustos: treinta cornadas en el cuerpo son muchos sustos.
-¿Feliz pero también herido?
-Pues sí. Es que me entrego mucho, y eso que tengo claro que las heridas del corazón tardan más en cicatrizar que las otras. En mi caso, la recuperación de las heridas era milagrosa, nadie se creía lo rápido que me recuperaba de una 'corná' que a punto había estado de matarme. El amor me hace sufrir mucho, no lo voy a negar.
-¿Está de vuelta de algo?
-No, no, no. Yo sigo aprendiendo cada día a vivir, y no dejo de sorprenderme por muchas cosas. No me creo más importante, ni especial, ni listo que nadie. Aunque sea un jubilado, sigo en edad de aprender.
-Un jubilado de oro.
-Sí, soy un jubilado de oro. Tomé una decisión muy buena en el momento adecuado. Escuche una vez una frase de la que nunca me olvidé: 'Cinco minutos antes de que te echen, vete tú'. Yo me fui mucho antes de que nadie pensara en echarme, porque estaba en plenas facultades para torear, físicas y mentales, y el público seguía teniendo ganas de verme...
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