A falta de poco más de cinco meses no se sabe nada de na’

La plaza de toros de Mérida en vista panorámica. FOTO: Aníbal García Soteldo
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Ha concluido el pasado domingo la parte central de la feria taurina de Tovar, la que se lleva a cabo en homenaje en honor a la patrona de los tovareños como es la Virgen morena de Regla, cuyo origen se remonta a Chipiona, tierra de artistas y genios. Como otro genio es el que se requiere para enderezar la difícil situación que nos lleva por la calle en medio, hablamos económicamente al país, visto de manifiesta en la Sultana del Mocotíes, donde muchas fueron las ganas por estar en toros y conciertos nocturnos feriales, pero el bolsillo nada que daba para tales menesteres. Si acaso alcanza para “medio comer”, menos lo es para esos lujos, que antes eran posibles. Cuando éramos felices y no lo sabíamos.
Lo cierto del caso es que de estos cuatro días de epicentro taurino tovareño, se han suscitado varios hechos. El primero, que a nivel de la cabaña brava nacional estamos muy complicados, “jodidos” en términos castizos, a tenor de lo presentado por las divisas de Campolargo, Rancho Grande / El Prado / La Consolación y San Antonio, donde han quedado en él debe el elemento trapío y en especial raza y bravura. En pocas palabras, que desde hace años no sabemos por nuestras ganaderías lo que es refresco de sangre, a poco de uno u otro toro indultado importante de las ganaderías colombianas que se lidiaba años atrás, o los españoles que se lidiaron en la pasada Feria de San Sebastián de los años anteriores, de los cuales se les ha perdido el “rastro”.








