Terna de matadores extremeños
La corrida de más peso de la feria, de pobre juego en general
Con el lote más propicio, apuntes menores de Talavante
Carácter de Perera
Madrid, viernes, 26 de mayo de 2023. (COLPISA, Barquerito)
Madrid. 15ª de abono de San Isidro. Fresco, nubosidad variable, un aguacero en el primer toro, algún chubasco más, piso encharcado. No hay billetes. 23.900 almas. Dos horas y veinte minutos de función.
Dos toros -1º y 2º- de Núñez del Cuvillo, tres -4º, 5º y 6º- de Victoriano del Río y uno -3º- de Toros de Cortés.
Miguel Ángel Perera, silencio y silencio tras dos avisos. Talavante, silencio tras aviso y silencio. Ginés Marín, silencio en los dos.
Curro Javier prendió al cuarto dos pares de caro mérito y saludó.
PERERA HIZO fácil lo difícil con un primero cinqueño y gigantesco de Cuvillo que se desinfló después de sangrado y se jugó bajo un aguacero devenido en tromba de agua. Ni el volumen del toro, ni su manera de emplearse rebrincado y perezosamente, ni el inclemente chaparrón, ni los charcos, ni las palmas de tango ni los gritos impertinentes, ni un pequeño coro de reventadores: nada pareció importar a Perera, que se puso a torear como si tal cosa. El trato del toro fue de tanta autoridad como suavidad, y esa fue la clave de la aparente facilidad. Se había recibido con miaus de rechifla al toro. Un gato de 600 kilos. Sacarle pases templados fue un pequeño milagro. No se tuvo apenas en cuenta.






