Entre tantas idas y venidas tras la abolición catalana producto de una saña feroz contra los símbolos de España, me quedo anonadado con unas declaraciones de algunos toreros muy importantes para reclamar que el Rey salga a la palestra y se manifieste públicamente sobre el tema. No soy monárquico, por tanto lo que viene a continuación no está impregnado de un fervor especial por la corona.
En la familia real hay una buena aficionada: la infanta Elena. Su imagen vestida con un terno de reminiscencias taurinas hace muy poco tiempo fue un alegato apabullante a favor de la fiesta. Luego, el Rey Juan Carlos parece que es algo aficionado, aunque no mucho. El resto de la familia ni le gustan las corridas ni las entienden.






