TIMBALES
Velar por la Fiesta. Que bonito y que bien suena.
Lo que ocurre es que cada uno lo hace a su manera.
Pero, sobre todo, debe conservar su pureza.
Pureza que se ve amenazada por la proliferación de corridas goyescas que, salvo en un par de citas, resultan esperpénticas.
Sin olvidarnos de la horrible puñalada sufrida en la corrida pinzoniana.
No he presenciado jamás tamaña desmesura en una plaza. Si los hermanos Pinzones levantaran la cabeza, volvían a morir del susto.
Ahora, otro estacazo alevoso en un festival taurino en Quito (Ecuador).
Triunfaron Ponce y Javier Conde, con el cante de Los del Río.
Río como fondo.
Eso no es un festival.
Eso es toda una opereta.
El toro, el cante y la copla se llevan bien, pero cada cual en su escenario.
No es la primera y, supongo que lamentablemente, no será la última que en las corridas de toros en Málaga e islas adyacentes se dé este momento.
Al aficionado tiene que sentarle como un tiro, aparte de ser una ostensible falta de respeto.
La plaza no es un tablao. Para ello hay que sacar urgentemente de ellas este tipo de intromisiones, que no hacen sino dañar la imagen de la incomparable Fiesta de los toros.
Otra cosa que no se comprende bien es que los toreros admitan o dejen pasar estas cosas, cuando siempre han defendido la integridad del espectáculo.
Cosas veredes.
Ni pongo, ni quito.
Festival en Quito, y de fondo, Los del Río.
¡Ay, Macarena!.
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