Ya falta menos para San Fermín 2018, al acabar estos del 17.
Comienza la cuenta atras.
Se acabaron tambien los suculentos almuercicos y las sabrosas meriendas.
El delicioso ajoarriero y las exquisitas magras con tomate, presentes en ambos, se retiran igualmente a sus cuarteles de invierno.
Se va también la algarabía festera de sus calles antañonas. La vieja Iruña recupera la calma, el señorío del silencio. Queda el recuerdo.
Sus corridas de toros que, como cada año, han sido un ejemplo de devoción a la Fiesta, llenando día tras día el coso taurino.
Ni Madrid, ni Bilbao ni Sevilla, como ferias de gran renombre, obtienen estos logros, y mucho menos la alegría del gentío dirigiéndose a la plaza. Incomparable.






