Las vacantes obligadas en tres de las ocho Corridas Generales del abono han dado en parte al traste con los carteles de una semana taurina montada con calculado rigor y mucha más exigencia que hace un año
A las bajas de Iván Fandiño y Manzanares ha venido a sumarse inesperadamente la de Morante
Una difícil papeleta.
Primero fue la fatalidad: la muerte de Iván Fandiño en Aire sur l’Adour, su trágico destino final. Hace dos meses y con los carteles de las Corridas Generales cerrados. Iván había entrado en un cartel propicio: la corrida de Alcurrucén, que en Bilbao han toreado todos los toreros mandones, y la compañía de dos toreros ambiciosos: Joselito Adame, para quien nunca ha sido sencillo abrirse paso en la temporada española, y Juan del Álamo, que toreó aquella fatídica corrida de Aire sur l’Adour. Joselito acaba de cuajar a modo en San Sebastián un excelente toro de El Parralejo. Del Álamo está cumpliendo su temporada más redonda de matador de alternativa.
Después, a principios de agosto, la caída de Manzanares no en combate pero sí al cabo de muchas batallas: la detección de una grave lesión cervical que ha precisado de muy delicada cirugía y parece anuncio muy probable de corte de temporada.
Y luego, solo el pasado domingo, la despedida no se sabe si en frío o en caliente de Morante de la Puebla al concluir en El Puerto de Santa María una corrida mano a mano con El Juli que se le torció de partida y sin remedio. El adiós de Morante, tal vez un viaje de ida y vuelta, con unas cuantas corridas firmadas por delante convertidas en papel mojado. Entre ellas, la de Jandilla en Bilbao. La más importante de todas las pendientes.