Los sanfermines arrancan con su protagonista habitual:
EL TORO DE PAMPLONA, PUNTO Y APARTE
Pamplona, 5 jul. (COLPISA, Barquerito)
CUATRO DE LAS OCHO corridas en puntas de sanfermines dormían el pasado lunes a las cinco de la tarde la siesta de los justos en la Rochapea. En los corrales blindados del Gas. El manifiesto de los toros ha ido ganando gancho con el paso del tiempo. Las colas se alargan desde la mesa taquilla –tres euros adulto, niños gratis, y los niños son cientos y protagonistas de la visita- hasta el puente mismo sobre el Arga y por delante de las añejas dependencias del Club Náutico de Pamplona.
Una alameda contigua ventila la espera. La inauguración en 2008 del funicular que en apenas un minuto enlaza el mirador de Eslava en el casco viejo de Pamplona con el puente de la Rochapea ha obrado el milagro de unir dos barrios urbanos separados por un insalvable talud de más de treinta metros. El funicular ha puesto los toros en un ojo de mira muy próximo. Los corrales del Gas son un efímero museo del toro de lidia.
Esos corrales de ribera son el primer destino de los cuarenta y ocho toros elegidos para las corridas de Pamplona. El segundo, los pedestres corralillos de Santo Domingo, donde cumplen los toros noche de vigilia y desde los cuales arranca la carrera de casi 900 metros del encierro. El tercer destino, la plaza Monumental: sus corrales umbríos, el oscuro toril, el ruidoso ruedo y el patio de arrastre. Parábola del vivir, luchar y morir.